¡Gratitud!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-11-13T22:24:51Z
dc.date.available2025-11-13T22:24:51Z
dc.date.issued2025-11-12
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura del Libro de la Sabiduría en el capítulo 6 es una clara advertencia a los poderosos y gobernantes de esta tierra. De manera tajante les dirá: “El poder que ahora ostentan les viene de Dios y la soberanía solo es del Altísimo”. Y lanzará una advertencia en una época de polarizaciones políticas, de gobernantes con aires dictatoriales en distintas latitudes del mundo. Lanzará el buen Dios esta advertencia: “Si no gobiernan rectamente, si no actúan según la voluntad de Dios, si hay abusos de poder e injusticia, les espera un juicio implacable”. Y precisará “al hombre pequeño que no se le ha dado gran poder ni responsabilidad humana, social o política se le perdona por piedad. Pero el poderoso ratifica, será examinado por Dios con gran rigor”. Y concluirá diciendo este texto bíblico que tiene una plena vigencia para nuestro tiempo en el siglo XXI: “Dios no teme de nadie, de ningún gobernante, ni lo intimida la grandeza, pues Él los ha creado a todos”. Pero ratificará a los poderosos de esta tierra “si cometen injusticias y abusan del poder les espera un juicio riguroso”. Con razón podemos decir que hay que orar por los gobernantes para que aprendan sabiduría, para que no se equivoquen, para que vivan en justicia de cara a Dios. Y también encontramos nosotros en el precioso salmo que como asamblea litúrgica decimos: “Levántate, oh, Dios, y juzga la tierra”. En el fondo, es una invitación a pedirle al Señor que, en medio de los atropellos de líderes, de gobernantes, de poderosos de esta tierra, no solamente en el mundo político, sino en el mundo de las grandes transnacionales tecnológicas, que el Señor proteja al desvalido y al huérfano, que haga justicia al humilde y al necesitado, que defienda al pobre y al indigente sacándolo de las manos del culpable. “Y aunque se sientan dioses todos morirán como cualquier hombre. Caerán príncipes como uno de tantos”, afirmará de manera profética el salmo de hoy. Pero pasemos al evangelio de Lucas en el capítulo 17, cuando, a propósito de la sanación de diez leprosos, nueve connacionales con Jesús o judíos, y un extranjero, un samaritano, sólo este último, el extranjero samaritano, se acerca a agradecer a Jesús y Él, extrañado, pregunta ¿dónde están los otros nueve leprosos judíos a los que Él también sanó? Aprendamos tres grandes enseñanzas para nuestra vida. La primera, los leprosos en la Biblia son imagen de la exclusión, de la humillación, de la marginación y del oprobio. Tenían que ser retirados de su familia, ser excluidos de las reuniones en la sinagoga, salir de sus villorrios y pueblos y vivir en cuevas, en los montes. Porque la lepra, una enfermedad contagiosa y la mentalidad de la época, considerada como maldita, un castigo de Dios, los llevaba a esa triple exclusión: familiar, religiosa, de la sinagoga y social, porque eran hombres contaminados, mujeres contaminadas. Hoy nos preguntamos en el siglo XXI, ¿cuáles son los excluidos de nuestro tiempo?, ¿cuáles son los marginados de nuestra sociedad?, ¿cuáles son los mirados con indiferencia en la farándula, en los medios de comunicación, los que no cuentan para nadie? Y pensaría que, aunque los leprosos hoy en día son pocos, hay nuevas formas de leprosos o de exclusión, o de excluidos. Los viejos que son improductivos, los pobres que no pueden acceder a clubes sociales o a ciertos lugares. Los feos y las feas en los estándares de belleza tan alto que han colocado los influenciadores en redes sociales. Los enfermos también improductivos. Los migrantes que los miramos como estorbos en sociedades opulentas y aun los mismos creyentes católicos o cristianos que son tildados a veces como fanáticos, radicales, retrógrados, y porque su único pecado es creer en Dios y no endiosar el mundo y las vanidades del mundo, como por ejemplo el dinero, la belleza, la fama. Hoy en nuestra sociedad pagana cuentan los que tienen riqueza, fama, las lindas y los lindos, los que tienen reconocimiento digital, los sanos, los vigorosos, los jóvenes. Pero otro tipo de personas no cuentan. Cómo Jesús violando cualquier tipo de prohibición cultual, se acercó a los leprosos y los sanó, pidiéndoles, según manda la ley de Moisés, que fueran al sacerdote, la autoridad religiosa para certificar su curación, su sanación y permitir su reinserción en la familia, en la sinagoga y en la sociedad. Pero hay una segunda enseñanza para nuestra vida, y es que la ingratitud le dolió a Jesús. Tan sellado en su corazón, tan prudente en sus palabras, y, sin embargo, se preguntó, imaginamos con algún dolor ¿dónde están los otros nueve leprosos que había sanado?, ¿por qué no ha regresado más que este leproso, extranjero, samaritano a agradecer? Hoy te pregunto ¿eres una persona grata o ingrata?, ¿una persona agradecida o desagradecida? Y pregunto de manera general ¿por qué somos ingratos? Y me doy algunas respuestas que te pido que analices. Somos ingratos por soberbia, porque creemos merecerlo todo, porque nos falta humildad, porque pensamos que sólo tenemos derechos, no deberes. A veces, cuando estamos muy jóvenes en la adolescencia, reclamamos airadamente y con indignación a nuestros padres ¿para qué me trajo al mundo?, ¿para qué me dio la vida? Usted tiene que darme este dinero, usted tiene que darme este gusto, usted tiene que darme este viaje. Un papá sabio le dice a un hijo altanero: “Uno lo único que tiene en la vida es que morirse”. No le digas a tu papá usted tiene que darme este viaje, ¿para qué me trajo al mundo? La soberbia nos hace desagradecidos. La falta de humildad nos hace ignorantes sobre nuestra verdadera condición personal. En una segunda verdad, ¿por qué somos ingratos?, reconozco que por dureza del corazón. Cuando el sufrimiento no se llevó desde Dios, cuando las adversidades de la vida nos amargaron el alma, cuando se endureció el corazón, decimos “a mí nadie me ha regalado nada, ¿yo por qué tengo que regalarle a otro? Yo he luchado todo en la vida, que los demás se la luchen. A mí no me dieron nada, yo todo me lo conseguí con trabajo y esfuerzo. No tengo que agradecerle a nadie, sino a mi capacidad, a mi talento”. Hablas como una persona amargada, endurecida, ensoberbecida. No dejes que la dureza de corazón te haga impermeable a la gratitud. Empieza por agradecer a tus padres que te dieron la vida, a tus maestros que te enseñaron, a los tíos y abuelos que terminaron de criarte. Agradece al sacerdote que te dio la vida divina en el bautismo, la paz del corazón en el sacramento de la Confesión, el Pan de vida eterna en la Eucaristía. Aquel que te dio un mercado cuando estaban en tu casa mal económicamente. Agradezcamos a tantas personas que se nos olvida muy fácilmente que hemos llegado adonde hemos llegado por la bondad de familiares, amigos y buenos seres humanos que nos han aportado y ayudado continuamente en la vida. Pero también somos ingratos por ignorancia. Las abuelas decían: “El bien no es conocido hasta que no es perdido”. He visto tantas veces en mi vida que un hijo ingrato llora ante el ataúd de su madre muerta y valora todo lo que ella hizo. Oró y lloró por ese hijo. Sólo después de muerta, pero en vida poco la visitaba, poco la llamaba por teléfono, poco acudía o con tiempo reducido a su cumpleaños, o un día de madres. ¿Por qué tiene que morirse una persona para que aprendamos a valorar su ser y agradecer tanto bien que nos hizo a nuestra vida? Finalmente, somos ingratos, no sólo por soberbia, por amargura del corazón o dureza, por ignorancia, sino porque tenemos una memoria selectiva. Una persona que ha tenido 100 comportamientos con nosotros, 98 buenos y 2 malos, y siempre estamos recordando los 2 comportamientos negativos; pero no recordamos los 98 comportamientos buenos, sanos y constructivos que ha tenido con nosotros. ¿Por qué somos así?; ¿por qué memoria de elefante muy buena para las ofensas? ¿Por qué memoria de pescado, muy mala para las bendiciones y los favores que otros nos han prodigado? En una tercera enseñanza y final. Descubrimos que los nueve leprosos judíos fueron sanados, pero sólo el leproso extranjero samaritano, que volvió agradecido a grandes gritos y se postra rostro en tierra a los pies de Jesús. Además de haber alcanzado la sanación física de la piel de su lepra, ha sido salvado. De hecho, el evangelio termina así y le dice: “Tu fe te ha salvado, levántate y vete”. Humilde, postrado, agradecido, del grito de súplica, pasa al grito de ¡Gloria a Dios! Tú decides si por tu ingratitud te quedas a mitad del camino y solo buscas a Dios cuando lo necesitas y apenas atiende tu necesidad no vuelves a la Eucaristía, no vuelves a rezar el Rosario, no vuelves a la visita a Jesús Sacramentado, no vuelves a leer la Biblia. ¿Cuánta gente hay que sólo busca a Dios en necesidad y cuando su necesidad o su problema es resuelto se olvida de Dios? Te puedes quedar como ese leproso judío a mitad del camino, o como el leproso samaritano, volver a Cristo y agradecido y humilde alcanzar no solamente la sanación de la piel de la lepra, sino alcanzar lo más importante la salvación eterna del alma. Porque por la gratitud, por la fe agradecida ha alcanzado el leproso samaritano lo más grande que un ser humano puede alcanzar para su vida, la salvación de su alma. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 17, 11-19 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Sabiduría 6, 1-11 Oíd, reyes, y entended. Aprended, soberanos de los confines de la tierra. Estad atentos los que gobernáis multitudes y estáis orgullosos de la muchedumbre de vuestros pueblos. Porque del Señor habéis recibido el poder, del Altísimo la soberanía; Él examinará vuestras obras y sondeará vuestras intenciones. Si, como ministros que sois de su reino, no habéis gobernado rectamente, ni guardado la ley, ni caminado siguiendo la voluntad de Dios, terrible y repentino caerá sobre vosotros. Porque un juicio implacable espera a los que mandan; al pequeño, por piedad, se le perdona, pero los poderosos serán poderosamente castigados. Que el Señor de todos ante nadie retrocede, no hay grandeza que se le imponga; al pequeño como al grande él mismo los hizo y de todos tiene igual cuidado, pero un examen severo espera a los que están en el poder. A vosotros, pues, soberanos, se dirigen mis palabras para que aprendáis sabiduría y no caigáis; porque los que guarden santamente las cosas santas, serán reconocidos santos, y los que se dejaren instruir de ellas, encontrarán defensa. Desead, pues, mis palabras; ansiadlas, que ellas os instruirán. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 82(81), 3-4.6-7 (R. 8a) Levántate, oh, Dios, y juzga la tierra. Proteged al desvalido y al huérfano, haced justicia al humilde y al necesitado, defended al pobre y al indigente, sacándolos de las manos del culpable. Levántate, oh, Dios, y juzga la tierra. Yo declaro: «Aunque seáis dioses e hijos del Altísimo todos, moriréis como cualquier hombre, caeréis, príncipes, como uno de tantos». Levántate, oh, Dios, y juzga la tierra. Evangelio de Hoy: Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17, 11-19: En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Al verlos, les dijo: - Id a presentaros a los sacerdotes. Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: - ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve ¿dónde están?, ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Y le dijo: - Levántate, vete: tu fe te ha salvado. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
dc.identifier.urihttps://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1131
dc.identifier.urihttps://drive.google.com/file/d/1rK_TCHYca0pm9c75I-VHOT35qF903aH_/view?usp=drive_link
dc.subjectActitudes de ingratitud
dc.subjectActitudes negativas
dc.subjectActitudes positivas
dc.subjectDureza de corazón
dc.subjectMemoria selectiva
dc.subjectPuntualizar lo negativo
dc.subjectSan Lucas
dc.subjectSer agradecido
dc.subjectSoberbia
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Gratitud!
dc.title.alternativeIngratitud

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