¡Cree y serás sanado!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 8, 1-4 Lectura del día de hoy 2 Reyes 25, 1-12 El día diez del mes décimo del año noveno del reinado de Sedecías, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén con todo su ejército, la sitió y construyó torres de asalto alrededor de ella. La ciudad estuvo sitiada hasta el año undécimo del reinado de Sedecías. El día nueve del cuarto mes, cuando el hambre había arreciado en la ciudad y la población no tenía ya nada que comer, abrieron una brecha en la muralla de la ciudad. El rey Sedecías y sus hombres huyeron de noche por el camino de la puerta que está entre los dos muros del jardín del rey, y ocultándose de los caldeos, que tenían cercada la ciudad, escaparon en dirección al desierto. El ejército caldeo persiguió al rey y le dio alcance en los llanos de Jericó, donde su ejército se dispersó y lo abandonó. Los caldeos capturaron al rey y lo llevaron a Riblá, donde estaba Nabucodonosor, rey de Babilonia, quien lo sometió a juicio. Nabucodonosor hizo degollar a los hijos de Sedecías en su presencia, mandó que le sacaran los ojos y lo condujo encadenado a Babilonia. El día séptimo del quinto mes del año décimo noveno del reinado de Nabucodonosor en Babilonia, Nebuzaradán, jefe del ejército caldeo y súbdito del rey de Babilonia, entró en Jerusalén, quemó el templo del Señor, el palacio real y todas las casas de Jerusalén. Los soldados caldeos, que estaban con el jefe del ejército, destruyeron las murallas que rodeaban la ciudad. Nebuzaradán deportó al resto de la población y también a los que se habían rendido al rey de Babilonia, y sólo dejó a algunos campesinos pobres para trabajar las viñas y los campos. Salmo del día de hoy Salmo 137, 1-2. 3. 4-5. 6 R. (6a) Tu recuerdo, Señor, es mi alegría. Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos a llorar de nostalgia; de los sauces que estaban en la orilla colgamos nuestras arpas. R. R. Tu recuerdo, Señor, es mi alegría. Aquellos que cautivos nos tenían pidieron que cantáramos. Decían los opresores: “Algún cantar de Sión, alegres, cántennos”. R. R. Tu recuerdo, Señor, es mi alegría. Pero, ¿cómo podíamos cantar un himno del Señor en tierra extraña? ¡Que la mano derecha se me seque, si de ti, Jerusalén, yo me olvidara! R. R. Tu recuerdo, Señor, es mi alegría. ¡Que se me pegue al paladar la lengua, Jerusalén, si no te recordara, o si fuera de ti, alguna otra alegría yo buscara! R. R. Tu recuerdo, Señor, es mi alegría. Evangelio del día de hoy Mt 8, 1-4 En aquel tiempo, cuando Jesús bajó de la montaña, lo iba siguiendo una gran multitud. De pronto se le acercó un leproso, se postró ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciéndole: “Sí quiero, queda curado”. Inmediatamente quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: “No le vayas a contar esto a nadie. Pero ve ahora a presentarte al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés para probar tu curación”. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El evangelio de Mateo nos presenta hoy la curación de un leproso. Terminamos el discurso donde se presenta a Jesús, como el Mesías de las palabras, significado en el capítulo 5, 6 y 7 de san Mateo, y ahora se nos presenta como el Mesías de los hechos. En efecto, es el Jesús capaz de sanar sobre todo a los excluidos, y así nos lo presenta este capítulo 8 de san Mateo: sana al leproso, por excelencia un excluido de la sociedad, sana a un extranjero hijo del centurión romano y sana a una mujer también mirada a cierta distancia en su época, (la suegra del apóstol Pedro). A partir de este evangelio reconozcamos tres enseñanzas para nuestra vida. Jesús de alguna manera es un marginado, que opta por los marginados de su tiempo; ciertamente no perteneció al establecimiento religioso judío, no fue un escriba, no fue un fariseo, no fue un miembro del sanedrín judío; de alguna manera, reconocemos que no manejó bienes, propiedades, ni dinero. Fue un itinerante, un predicador, un sanador, y no solo para el pueblo judío, sino también para los paganos. Jesús opta por los excluidos, los leprosos, los extranjeros, la mujer, el pecador público, los pobres; de alguna manera nos enseña a no ser arribistas, a no realizar matrimonio con el poder político, el poder económico, el poder del mundo, a no asimilarnos con la ideología o lo que hoy se llama la dictadura del pensamiento único. Pero hay una segunda enseñanza en el mensaje de Jesús, son los pequeños de Dios como el leproso, los que más fácilmente acceden a la fe por su actitud de humildad; recordemos que el leproso, era por excelencia un excluido que debía de abandonar su familia, su comunidad, no podía ir al templo y por la ley de pureza religiosa, no podía tocar a nadie, llevar campanas en sus tobillos y gritar cuando se acercaba a un poblado que era un leproso, que nadie se acercara porque les podía contagiar. Es este pequeño de Dios, el que en un gesto de humildad nos dice el evangelio, se acerca y se arrodilla ante Jesús, y en un gesto de adoración le dice a Jesús: “Señor (que quiere decir Dios el que tiene poder y señorío sobre mi vida), si quieres, puedes limpiarme”. Es la actitud que se nos invita a tener, cuando tenemos lepras, enfermedades, heridas en el alma, cuando sentimos que somos esclavos de resentimientos, de envidias, de orgullos que no valen la pena de cultivarlos como verdaderas lepras espirituales, digámosle, Señor, si quieres puedes curarme. La última enseñanza nos señala, que solo la fe sana, el leproso creyó en Jesús y sanó. Es que la fe restaura la salud, muchas curaciones del evangelio así lo atestiguan, y la expresión de Jesús: “Por tu fe, has sido curado”, es la pedagogía de Dios para nosotros. Hoy, más allá de que te sientas herido o con lepras en tu corazón, vence de alguna manera las leyes del mundo que te dicen, aléjate de los demás y, por el contrario, acércate como el leproso a Jesús, cree, cree de verdad y serás sanado en tu vida. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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