¡Hueso de mis huesos, carne de mi carne!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-02-16T22:17:09Z
dc.date.available2025-02-16T22:17:09Z
dc.date.issued2025-02-13
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Continuamos con la lectura del libro del Génesis, que como hemos afirmado en otras oportunidades, trae las narraciones o relatos fundacionales de la historia humana en un lenguaje simbólico, figurado, metafórico o como lo queramos llamar, hay una verdad teológica profunda que se esconde, que se va desvelando a partir de estos relatos. Hoy nos presenta la creación de la mujer compañera del hombre y al nivel de dignidad, de derechos, de igualdad con el hombre. En efecto, empieza la lectura del libro del Génesis con una afirmación que nos pone a pensar: “No es bueno que el hombre esté solo”. Es una primera escena donde Yahvé reflexiona y delibera, pone en relieve la importancia que tiene para Dios la obra que se presta a hacer. Reconoce que, aunque el adamah, el Adán, el hombre hecho de la tierra, es motivo de sano orgullo para Dios, no es correcto, no está bien, no es una obra completa si está solo. Es que fuimos creados para la comunión, la complementariedad, la vida de familia, la vida de pareja. Y a renglón seguido, en esta primera escena, Dios afirmará: “Voy a hacerle a alguien como él, con su misma dignidad que le pueda complementar, que le pueda ayudar”. Pero entra una segunda escena en el texto del Génesis, donde Yahvé, Dios, hace desfilar a todos los animales por delante de Adán, de alguna manera está subrayando la diferencia de naturaleza entre el hombre y la futura mujer y los animales. Y aunque a todos ellos se les nomina, se les coloca nombre, ninguno puede llenar la soledad del hombre que ve, que detecta mujer de la costilla del hombre, un puro lenguaje figurado, porque la costilla es lo más cercano al corazón humano e indica que la mujer es lo más cercano al corazón del hombre y complemento de él. Descubrimos entonces en esta tercera escena, que hay una verdad central, Adán y Eva en este relato del Génesis, son de la misma naturaleza. La mujer no es simplemente un apéndice del hombre ordenado a su servicio, sino un complemento perteneciente a su misma naturaleza como el hombre es complemento de la mujer. Podríamos detallar más esta afirmación y decir, que la naturaleza humana no está completa y total, ni en el hombre, ni en la mujer, sino que la naturaleza humana está completa y total en los dos a la vez, en los dos al mismo tiempo, que esposo y esposa forman un todo, el hombre completo, una persona moral. Es que hombre y mujer fueron creados el uno para el otro, entre ambos existe por voluntad de Dios la atracción de sexos en orden sobre todo a formar la vida de comunión, la vida matrimonial y la vida de los descendientes, la procreación, los hijos. No hay otra unión que pueda generar de manera natural un amor complementario, anatómico, físico, psicoafectivo, emocional, complementarios en sus diferencias. Y no hay ninguna unión que pueda ser abierta de manera natural a la vida, sino la unión del hombre y la mujer en el diseño perfecto de Dios. Más allá de modas culturales, de pensamientos que hoy fungen como progresistas, avanzados, igualitarios, realmente sólo un hombre y una mujer de manera natural y espontánea pueden abrirse a la vida y solo ellos tienen esa complementariedad siendo diferentes anatómica para el hombre poseer, la mujer ser poseída, para el hombre ser dador, la mujer ser receptora, y esto sólo se da en esta condición natural, lo demás es violentar la naturaleza, buscar otro tipo de complementariedades que pueden llevar a simplemente una ofuscación de la conciencia humana. Qué hermoso relato y qué bella expresión de Adán cuando dice de la mujer: “Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne”, la reconoce como otro yo, otra igual. Y luego concluirá el libro del Génesis afirmando: “Que el hombre por eso dejará su familia nuclear de padre y madre y se unirá (es la palabra que utiliza) a una mujer y los dos serán una sola carne, una sola realidad, una sola misión, un solo proyecto de vida”. Pero pasemos ahora al evangelio precioso por demás, que nos muestra el combate de la oración de fe, según nos presenta el capítulo 7 de san Marcos cuando una mujer extranjera y Jesús pasaba por la ciudad de Tiro, y esta mujer una sirofenicia, sabiendo que Jesús el Maestro, el rabino, el sanador del que se decía que era el Mesías esperado, pasaba por su ciudad. Esta mujer pagana, una fenicia de Siria, viendo la enfermedad de su hija que no entendía y que llamaban demonio (está endemoniada porque tenía una enfermedad que no entendían en su hija), le ruega a Jesús que expulse el demonio que hay en ella, en la chica. Nos dice una expresión cargada de humildad y confianza, la mujer sirofenicia o pagana o no judía, se echa a los pies de Jesús, se postra corporalmente. Tú y yo nos postramos corporalmente solo ante Dios para adorarlo, lo hacemos los sacerdotes el día de nuestra ordenación sacerdotal y es un gesto de profunda humildad, abandono, confianza en Dios. Y eso hace esta mujer, tirarse por el suelo a los pies de Jesús, le ruega con la fe de la que es capaz que expulse el mal de esa enfermedad desconocida que ella llama demonio de su hija muy amada, de su hija muy querida. Nadie esperaba la respuesta destemplada de Jesús cuando Él en principio ha venido al pueblo de Israel, al pueblo elegido, y le dirá a la mujer: “Deja que primero se sacien los hijos, los predilectos de Dios, y no está bien dar pan de los hijos y echarlo a los perros”. Una expresión que nos parece fuerte, pero que para la época no era tan rara, porque el pueblo judío a los extranjeros, a los paganos, los llamaba pueblos de perros paganos. Tal vez nos suena a la sensibilidad moderna un poco despectiva, pero era la manera en que el pueblo de Dios, el pueblo judío, hablaba de pueblos no creyentes. Jesús, siguiendo esa misma línea sapiencial, dirá: “No está bien echar el pan de los amos a los perros” (como quien dice a los pueblos paganos). Pero la mujer lejos de molestarse, ofenderse, sentirse humillada, despreciada, le dice con una humildad mayor: “Señor (reconociéndolo como el Kyrios, el que tiene poder en su vida), también los perritos pueden comer las migajas de pan que caen de la mesa de los amos”. Esta respuesta humilde, perseverante en este combate de la fe, en este combate de la oración de la mujer extranjera sirofenicia, derrumba a Jesús, quebranta su corazón, y la respuesta no se deja esperar y le dice a ella el Maestro de Galilea: “Anda, ve a tu casa, que por eso que has dicho con humildad y total confianza, el demonio, la enfermedad ha salido del cuerpo de tu hija”. Concluirá el evangelista Marcos: “Que la mujer regresa a su casa donde su niña y la encuentra acostada en la cama, pero el demonio o la enfermedad se ha marchado de su cuerpo”. Es el combate de la oración, es la perseverancia en la súplica, es el no desanimarnos ante una negativa aparente de Dios o ante el silencio del cielo y que no es fácil de sostener. Porque he visto muchas personas que en las pruebas de la vida claman a Dios, pero ante los primeros obstáculos, dificultades o al ver que su situación no queda resuelta de manera inmediata, se airean, se ofenden, se desaniman, se resienten contra Dios y dicen, no vuelvo a la misa, no vuelvo a orar bajo el altarcito que tenía en mi habitación, Dios no me ha ayudado a la enfermedad de mi madre, de mi hija, mi desempleo ha continuado, por el contrario, las cosas están peor y no entendemos que hay una diferencia esencial entre el tiempo de Dios y el tiempo de los hombres, entre la hora de Dios y la hora de los hombres, y entre la obra de Dios y la obra de los hombres, y esa diferencia esencial se llama fe. La fe es ese espacio entre mi deseo humano y el deseo de Dios, la hora humana y la hora de Dios, y esa fe necesita ser probada en el tiempo pacientemente, necesita ser aquilatada con perseverancia, necesita ser purificada con gran humildad y constancia. Esta mujer pagana sirofenicia tuvo esa capacidad y por eso alcanzó el milagro de Dios. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Marcos 7, 24-30 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro del Génesis 2, 18-25: El Señor Dios se dijo: «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude.» Entonces el Señor Dios modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó al hombre, para ver que nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que lo ayudase. Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letargo, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne. Y el Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre, haciendo una mujer, y se la presentó al hombre. El hombre dijo: «¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Mujer, porque ha salido del hombre. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.» Los dos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza uno de otro. Palabra del Señor. Te alabamos Señor Salmo del día de Hoy: Salmo 128(127), 1-2.3.4-5 Dichosos los que temen al Señor Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien. Dichosos los que temen al Señor Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa. Dichosos los que temen al Señor Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida. Dichosos los que temen al Señor Evangelio del día de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 7, 24-30: En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: «Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos.» Pero ella replicó: «Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.» Él le contestó: «Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija.» Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
dc.identifier.urihttp://72.167.44.240:4000/handle/123456789/842
dc.identifier.urihttps://drive.google.com/file/d/1mw0FdlHyuyJDLBlkjwL4ajMzGGAGyKCc/view?usp=drive_link
dc.subjectCreación de Dios
dc.subjectHombre
dc.subjectImagen de Dios
dc.subjectLa complementariedad
dc.subjectLa comunión
dc.subjectMujer
dc.subjectSan Marcos
dc.subjectSemejanza de Dios
dc.subjectVida de familia
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Hueso de mis huesos, carne de mi carne!
dc.title.alternativeCreados por Dios

Files

Original bundle

Now showing 1 - 2 of 2
Loading...
Thumbnail Image
Name:
Miniatura feb-13-2025.jpg
Size:
225.52 KB
Format:
Joint Photographic Experts Group/JPEG File Interchange Format (JFIF)
Loading...
Thumbnail Image
Name:
Síntesis feb.13.jpg
Size:
356.26 KB
Format:
Joint Photographic Experts Group/JPEG File Interchange Format (JFIF)

License bundle

Now showing 1 - 1 of 1
Loading...
Thumbnail Image
Name:
license.txt
Size:
1.71 KB
Format:
Item-specific license agreed to upon submission
Description: