¡El gran secreto de la felicidad!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-11-08T21:35:32Z
dc.date.available2024-11-08T21:35:32Z
dc.date.issued2024-11-01
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Con el carácter más alto de solemnidad litúrgica, la Iglesia en un solo día celebra hoy, el 1 de noviembre, a Todos los Santos que encontramos en el calendario litúrgico. La felicidad siempre ha sido una utopía que el hombre de todas las épocas ha querido alcanzar, sin embargo, todas las dimensiones de la vida humana que ofrecen caminos de plenitud, de felicidad, de placer, de alegría; se descubren limitadas, imperfectas, incompletas a la hora de lograr una plenitud de vida, una felicidad total en el hombre. Por eso hoy en el día de Todos los Santos, el evangelio escogido por la autoridad de la Iglesia, es el evangelio de Mateo capítulo 5 de las Bienaventuranzas. Nos muestra que son felices, dichosos, bienaventurados de Dios, entiéndase plenos en su vida, sin fracaso en su corazón, sin amargura en su alma, aquellos que han seguido con fidelidad y radicalidad el mensaje, el Espíritu de Jesús, lo han encarnado en sus vidas. De manera moderna en este siglo XXI, podríamos dar algunas calificaciones de lo que es un santo para nuestro tiempo, recordando que tal vez la crisis mayor del siglo XXI y del hombre de la posmodernidad, es la crisis de sentido de vida, porque ha olvidado a Dios, y tal vez “los santos modelos o paradigmas para la vida”, como lo decía Juan Pablo II, “son faros de luz en la noche de oscuridad existencial que hoy vive la humanidad, más allá del desarrollo de la inteligencia artificial, de la tecnología, más allá del mundo del desarrollo científico que vivimos”. Pero enunciemos cinco grandes condiciones de los santos y las santas de todos los tiempos. La primera en una sencilla frase: “Santo no es el que nunca cayó, es el que siempre se levantó”. El Papa Francisco, a propósito de la pregunta de un periodista sobre ¿qué es para él la santidad?, afirmaba: “Que para él un santo es un pecador amado por Dios”. Y es que el santo no dejó su condición humana, su condición frágil, su condición de barro personal, pero su confianza en Dios fue más grande, mucho más grande que sus límites personales. Pero en una segunda instancia encontramos, que el santo es el hombre libre por excelencia, libre frente a apegos afectivos, libre frente a dependencias materiales, económicas o de dinero, libre frente a su ego, su vanidad y su orgullo personal, ese es camino de plenitud existencial. Cuando hoy hablamos tanto de libertad y la malinterpretamos, entendiendo que la libertad es frente a los demás y que la libertad es un poco un desbordamiento de la autonomía personal, haciendo lo que se me venga en gana, la Palabra de Dios y el evangelio nos habla: “De que la gran libertad en clave de fe, es la libertad frente a nosotros mismos, frente a la realidad del pecado personal”. Pero también en ese sentido podemos decir que un santo, una santa son libres, porque fueron profundamente confiados en Dios, más allá de mil pruebas, peligros, desafíos, ingratitudes, incomprensiones, dificultades, su confianza en Dios fue más grande que los temores humanos que manejamos el común de los mortales. Ellos sabían que probados en su vida muchas veces, abandonados de Dios nunca jamás, ellos entendieron que todo lo deberían de hacer con tal empeño como si el resultado final dependiera de ellos mismos, pero con tal confianza como si el resultado bueno de sus vidas dependiera de Dios. En una tercera frase que define en el siglo XXI la santidad, decimos que santo es aquel que esperó contra toda desesperanza, en momentos de oscuridad, de caos, de violencia, de guerra, de mal, de cambio climático, el santo ve una luz, el santo ve oportunidades, el santo ve la acción de Dios más allá del mal del mundo, entendiendo la famosa frase evangélica: “Que sólo Dios y nadie más que Dios, sabe escribir derecho en renglones torcidos”, torcidos por la malicia de los hombres, el cálculo del corazón personal. Hoy te invito para que en un ambiente de desesperanza, cuando se habla del cambio climático acelerado, cuando se habla de esta acción disruptiva de la inteligencia artificial que no sabemos hasta dónde puede cambiar la historia de la humanidad, cuando vemos un armamentismo creciente sobre todo nuclear en Estados Unidos, China y Rusia, cuando vemos todo el fenómeno creciente de las nanotecnologías y las biotecnologías que pueden ser utilizadas para el bien o para la destrucción humana, el santo iluminado por Dios entiende que el mundo y la historia de la humanidad ha avanzado no solamente con el hombre, sino a pesar del hombre, a pesar de los desastres, desaciertos, locuras que el ser humano ha iniciado más allá de guerras, de pestes, de ataques con armas biológicas, de dañar el clima mundial por el egoísmo de producir industrialmente, Dios sabe escribir derecho y construir una mejor humanidad en medio de los renglones torcidos de malicia y corrupción del corazón humano. Pero en una cuarta acepción, encontramos que el santo, el de todos los siglos y el del siglo XXI, es aquel que no se cansó de amar, quiso cerrar su corazón por decepciones, por sufrimientos, por traiciones, por ingratitudes, pero no dejó de amar, porque siempre por la oración, la vida sacramental y especialmente la Eucaristía, por su acción caritativa, por su vida fraterna, siempre bebió de la fuente del eterno amor que es Dios. No nos cansemos de amar, iniciar en el camino del amor es de todos, perseverar en el paso de los años en el camino del amor matrimonial, del amor familiar, del amor humano es de pocos, y terminar la vida amando es de hombres únicos, de verdaderos santos. Finalmente, en una quinta acepción diremos que el santo del siglo XXI, es aquel que abrazó la cruz, que superó las pruebas, los miedos, las dificultades, que no se dejó derrumbar por las adversidades como suele ocurrir con el común de los hombres, que superó todo porque su confianza en Dios fue más grande que los problemas personales que afrontó. Pero avanzamos en un segundo momento de esta reflexión y decimos de manera puntual y de manera práctica ¿cómo alcanzar, esa talla, esa madera de santos, en una sociedad materialista, de un burdo hedonismo, una sociedad de una obscena superficialidad que no mira más allá de la punta de sus narices y sólo está preocupada de hacer dinero fácil y del disfrute de ese fin de semana?, ¿cómo construir hombres y mujeres con talla de gigantes en una cultura de enanos?, y te diré cinco palabras por la letra C. La primera, hoy se necesitan hombres y mujeres de coraje. Un santo afirmaba: “Dios y audacia”, hay que tener valentía para ir contracorriente, contra el pensamiento políticamente dominante. La cultura f del fútbol, f del Facebook, f de lo fashion, f de la farándula, f del facilismo, f de la frivolidad, f de la sola fiesta sin pensar en el compromiso. Hoy se necesita coraje para superar matoneos, desprecios, bullying digital, indiferencias, incomprensiones y aun persecuciones. Pero una segunda palabra de los santos que necesita nuestro mundo por la letra C, es convicción, convencimiento de lo que creemos, no dudar, una convicción profunda de que Cristo es la vida nueva, es la vida que Él nos ofrece y que puede cambiar, transformar el mundo, es la certeza de que, por su Pascua entendida como su Pasión, Muerte y Resurrección, somos hombres y mujeres sanados, liberados de esclavitudes interiores y salvados de la muerte eterna. Si no hay esta convicción profunda del poder de Cristo en nuestra vida, tal vez nos dejaremos arrastrar por el mundo de hoy y su corriente de pensamiento, de facilismo, de hedonismo, placer por placer y de simplemente una mirada cortoplacista, vaciada de trascendencia de Dios en la vida. Una tercera palabra en esta segunda parte de la reflexión también por la letra C, además del coraje y de la convicción en Cristo, se necesita una confianza total en que Dios guía nuestra vida, esto es, vencer el miedo, entender que Cristo venció el dolor sanándolo, venció el mal crucificándolo allá en el madero del Gólgota y venció el mayor poder de esta tierra destructor, el de la muerte, siendo Resucitado por el Padre Dios. Esa confianza total en Cristo es creer que más allá de la duda y la tormenta, hay una esperanza en Dios y sabemos que nunca estamos abandonados de Dios, sino que pasamos a abandonarnos en Dios, en sus manos providentes y amorosas. Pero una cuarta condición de cómo se hace un santo y cómo tener madera de santos, además, uno, del coraje, dos, la convicción en Cristo, tres, la confianza absoluta en Dios Padre, está por la letra C, la caridad. Sólo también por C cuando hay conversión en el corazón, la caridad, esto es, el amor, es el motor de la vida. Es que la caridad lo cree todo, lo espera todo, lo soporta todo, lo perdona todo, la caridad no pasará jamás, donde otros dejaron de amar porque se fatigaron y se cansaron, el santo no dejó de hacerlo. Finalmente, en una quinta y última palabra, además del coraje, la convicción en Cristo, la confianza total en Dios Padre, la conversión en el corazón por la fuerza de la caridad de Dios en nosotros, el santo supo hacer comunidad en familia, comunidad cristiana, crearon fraternidad, replicaron la comunión intra trinitaria del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, replicaron la comunión de la Sagrada Familia de Nazaret y soñaron la fraternidad universal y la civilización del amor. Cómo los santos nos muestran que Dios sigue actuando a lo largo de la historia y a través de los siglos, y no dejan de enseñarnos. Gracias a todos los santos por ser faros de luz, cuánto los necesita hoy la oscuridad en la que vive el hombre de la llamada sociedad tecnológica. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 5, 1-12a Lecturas del día de hoy: Primera Lectura: Del libro del Apocalipsis 7, 2-4.9-14 Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: «No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios.» Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel. Después, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: ¡La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero! Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes, cayeron rostro a tierra ante el trono, y adoraron a Dios, diciendo: Amén, La bendición, y la gloria, y la sabiduría, y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén. Y uno de los ancianos me dijo: Esos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido? Yo le respondí: Señor mío, tú lo sabrás. Él me respondió: Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo (24) Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor. Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: Él la fundó sobre los mares, Él la afianzó sobre los ríos. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor. ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor. Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor. Segunda lectura del día de hoy: De la primera carta del apóstol san Juan 1Jn 3, 1-3: Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues, ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a Él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es. Todo el que tiene esta esperanza en él, se hace puro como puro es Él. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Del santo Evangelio según san Mateo Mt 5, 1-12a En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y Él se puso a hablar, enseñándoles: -Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. -Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. -Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. -Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. -Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. -Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. -Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. -Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. -Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectCaer
dc.subjectCansarse de amar
dc.subjectDía de todos los santos
dc.subjectEsperar contra toda esperanza
dc.subjectFe
dc.subjectGracia de ser santo
dc.subjectLevantarse
dc.subjectSan Mateo
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡El gran secreto de la felicidad!
dc.title.alternativeSantidad

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