¿Cómo has administrado tu vida?

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 19, 11-28 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del segundo libro de los Macabeos 7, 1.20-31 En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la ley. Ninguno más admirable y digno de recuerdo que la madre. Viendo morir a sus siete hijos en el espacio de un día, lo soportó con entereza, esperando en el Señor. Con noble actitud, uniendo un temple viril a la ternura femenina, fue animando a cada uno, y les decía en su lengua: -Yo no sé cómo aparecisteis en mi seno: yo no os di el aliento ni la vida, ni formé con los elementos vuestro organismo. Fue el Creador del universo, el que modela la raza humana y determina el origen de todo. Él, con su misericordia, os devolverá el aliento y la vida, si ahora os sacrificáis por su ley. Antíoco creyó que la mujer lo despreciaba, y sospechó que lo estaba insultando. Todavía quedaba el más pequeño, y el rey intentaba persuadirlo; más aún, le juraba que si renegaba de sus tradiciones lo haría rico y feliz, lo tendría por amigo y le daría algún cargo. Pero como el muchacho no hacía el menor caso, el rey llamó a la madre y le rogaba que aconsejase al chiquillo para su bien. Tanto le insistió, que la madre accedió a persuadir al hijo: se inclinó hacia él y, riéndose del cruel tirano, habló así en su idioma: -Hijo mío, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en el seno, te amamanté y crie tres años y te he alimentado hasta que te has hecho un joven. Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra, fíjate en todo lo que contienen y ten presente que Dios lo creó todo de la nada, y lo mismo da el ser al hombre. No temas a ese verdugo; ponte a la altura de tus hermanos y acepta la muerte. Así, por la misericordia de Dios, te recobraré junto con ellos. Estaba todavía hablando, cuando el muchacho dijo: – ¿Qué esperáis? No me someto al decreto real. Yo obedezco los preceptos de la ley dada a nuestros antepasados por medio de Moisés. Pero tú, que has tramado toda clase de crímenes contra los hebreos, no te escaparás de las manos de Dios. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 17(16), 1.5-6.8+15 (R. 15b) Al despertar, Señor, me saciaré de tu semblante. Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño. Al despertar, Señor, me saciaré de tu semblante. Mis pies, estuvieron firmes en tus caminos, y no vacilaron mis pasos. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío, inclina el oído y escucha mis palabras. Al despertar, Señor, me saciaré de tu semblante. Guárdama como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme. Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante. Al despertar, Señor, me saciaré de tu semblante. Evangelio de Hoy: Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 11-28 En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro: Dijo, pues: -Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: -Negociad mientras vuelvo. Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras de él una embajada para informar: «No queremos que él sea nuestro rey». Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: -Señor, tu onza ha producido diez. Él le contestó: -Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades. El segundo llegó y dijo: -Tu onza, señor, ha producido cinco. A ése le dijo también: -Pues toma tú el mando de cinco ciudades. El otro llegó y dijo: -Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras. Él le contestó: -Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Con que sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y siego lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses. Entonces dijo a los presentes: -Quitadle a éste la onza y dádsela al que tiene diez. Le replicaron: -Señor, si ya tiene diez onzas. -Os digo: Al que tiene se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, traedlos acá y degolladlos en mi presencia. Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¿Cómo has administrado tu Vida? La impresionante primera lectura del Libro segundo de los Macabeos en el capítulo 7 nos muestra la inmolación de una madre con sus siete hijos. Hay razones fundamentales para esta inmolación que a la sensibilidad del hombre moderno le cuesta entender porque nos hacemos matar por la camiseta de un equipo de fútbol profesional. Nos hacemos matar por una ideología política. Nos hacemos matar por evitar que nos roben un dinero a la salida del banco. Nos hacemos matar por exceso de velocidad cuando vamos en el carro. Pero difícilmente estaríamos dispuestos a morir y hacernos matar por fidelidad y obediencia a la ley de Dios. Y es lo que nos muestra precisamente este texto donde el malvado rey quiere que una madre y sus hijos apostaten de la ley de Dios, comiendo carne de cerdo, prohibida por la ley sagrada. Y aunque para nosotros parece una tontería, para un judío observante el cerdo es un animal impuro y ellos prefirieron la muerte antes que violar la ley de Dios. Hoy descubrimos de esta primera lectura de Macabeos en el Antiguo Testamento, capítulo 7, que por fidelidad a Dios hay que estar dispuestos a dar la vida si es preciso. Cristo llevará este principio hasta las últimas consecuencias. Y, de hecho, exigirá a los discípulos de su tiempo y a todos nosotros a lo largo de la historia: “Recorrer el camino de la cruz y hasta ofrendar la vida por obediencia a la ley de Dios”. Esta madre de Macabeos, capítulo 7, tiene un valor extraordinario al entregar a sus hijos, y ella reconoce que ellos son de Dios antes que suyos y que si los formó en su vientre fue por la gracia de Dios que da vida al que no tiene vida, y ella solamente fue un instrumento para gestar y para formar la vida. Y no se detiene el texto de Macabeos 7 en el menor y último de los hijos, quien, motivado por las palabras y el testimonio de su madre, también marcha hacia la muerte con paso firme, seguro que Dios le devolverá la vida que ahora entrega. Por más que el rey quiso tentar al chico y a la madre ¿cómo vas a dejarlo morir? Ella le dirá: “No puede ser inferior al testimonio de tus otros seis hermanos que ya han sido inmolados por fidelidad a Dios”. Más allá del valor edificante y quizás con algunas exageraciones de este texto, nos muestra una enseñanza fundamental ¡Dios y sus mandatos por encima de las cosas del mundo y las leyes de los hombres! Y en esa misma línea teológica y sapiencial encontramos el salmo litúrgico 16 cuando esperando la vida nueva, más allá de la muerte, en la esperanza en la que murieron estos siete hijos con su madre, en las llamadas Guerras Macabeas, decimos con el salmo responsorial: “Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor”. De alguna manera está refiriéndose al despertar del sueño de la muerte: “Veremos la vida nueva en Dios”. Y dirán las estrofas de este salmo: “Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño. Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, no vacilaron mis pasos. Yo te invoco, yo te llamo porque tú me respondes. Dios mío, inclina el oído y escucha mis palabras. Guárdame, protégeme como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme. Yo, con mi apelación, vengo a tu presencia y al despertar del sueño de la muerte, me saciaré de tu semblante, buen Dios”. Pero pasemos al evangelio de Lucas, capítulo 19, a propósito de la conocida parábola de los talentos y del hombre noble que marcha a un país lejano para conseguirse el título de rey, y al regresar pide a sus siervos cuenta de los talentos o minas de oro que ha dado a cada uno cómo han negociado y cómo los han hecho multiplicar y producir en intereses estos talentos. Reconozcamos cinco grandes enseñanzas para nuestra vida. La primera, el Señor nos encomienda la administración de sus tesoros mientras estamos en el mundo y mientras esperamos la llegada del buen Dios. Tu vida y la mía es el tiempo en la historia, es el espacio en la historia para producir, multiplicar con los dones, carismas, talentos que Dios te ha dado de manera particular a ti y a mí, y ponerlos al servicio de la comunidad matrimonial, tu pareja, de la comunidad familiar, tu hogar y de la comunidad cristiana, los creyentes. Los dones, las minas de oro, los talentos no son nunca para guardarlos, sino para ponerlos al servicio de los demás. En una segunda enseñanza, el tiempo de la vida humana, que parece una aparente ausencia del Señor, de Dios que se ha ido a un país lejano para hacerse rey, es el tiempo del trabajo, de la productividad. No podemos dejar que la pereza y sobre todo los miedos, como acontecerá en uno de los personajes de la parábola evangélica, que sintió miedo de perder el talento recibido. No puedes dejar que los miedos bloqueen tu vida para dar a los demás. Recuerda que este aparente tiempo de ausencia del Señor en tu vida cuando aparezca de nuevo con poder y gloria en la segunda y definitiva venida, nos pedirá cuentas del amor. El amor en obras, el amor en servicio, el amor en donación de vida que prodigamos a los demás. En una tercera enseñanza reconoce que no podemos dormirnos, que el Señor volverá, que se presentará para cada uno al final de nuestra vida, que nos pedirá cuentas a cada uno de cómo hemos administrado nuestra existencia. Y te reitero no podemos dormir, no podemos andar dispersos, distraídos, desconectados del proyecto, el propósito, el plan providente de Dios sobre tu vida y sobre mi vida. En una cuarta enseñanza reconocemos que los primeros trabajadores a quienes les han encomendado algunas minas de oro, talentos, han sido encontrados fieles y por ello recibirán su premio. Su fidelidad consiste en que han hecho multiplicar los bienes recibidos, los bienes entregados, y por eso, como han sido fieles en lo poco, se les va a encomendar lo más grande, que ya no es la administración de las cosas terrenales; sino que se les encomienda el Reinado de Cristo, donde tendrán un lugar y un puesto preeminente, destacado. Hoy te pregunto, si el Señor en este día te llamará a su presencia. Si murieras esta tarde o esta noche, ¿te sientes preparado, preparada para presentarte ante el tribunal de Dios? ¿Sientes que has puesto a producir los talentos, los dones que el Señor te ha dado? ¿Sientes que puedes decirle confíame más responsabilidades porque he aprendido a ser fiel en lo poco y te he demostrado que puedo ser fiel en lo mucho? En una quinta enseñanza y final se nos muestra la imagen de un siervo inactivo, acobardado, infiel, que ha guardado su tesoro, su talento por temor a perderlo, y es condenado, es condenado por el juicio de Dios. Qué impresionante el premio de los siervos fieles y qué doloroso el juicio sobre los siervos infieles cuándo dirá Jesús a los presentes: “Quítenle a este la mina de oro y dénsela al que tiene diez minas”. Y aunque algunos reclamarán: “Pero, si ya tiene mucho de dones y de talentos y de bendiciones”. Jesús les responderá: “Al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener”. En el fondo, los bienes de Dios sólo se multiplican cuando los damos a los demás y se pierden cuando los guardamos con cobardía, con comodidad, con conveniencia, con egoísmo para nosotros mismos. Es exactamente lo contrario de la lógica de los bienes del mundo, donde en una cuenta bancaria, una cuenta de ahorros. Si tu consignas y consignas de tu salario y no sacas, no retiraras dinero, la cuenta crece, la cuenta de ahorros se engorda. Y por el contrario, si de tu cuenta de ahorros sacas y retiras dinero, llega un momento en que te da saldo rojo, saldo en ceros. No puedes retirar más. Esa es la lógica humana, pero la lógica de Dios es totalmente contraria a los criterios humanos. Es cuando retiras de tu cuenta de ahorros en el alma y das de tus bienes y talentos a los demás que ellos se multiplican. Y es cuando guardas y consignas de manera cómoda, conveniente y egoísta, cuando los bienes que crees tener se pierden para siempre, para siempre para tu vida. Hoy que invirtamos en los bienes eternos del cielo que esta vida pasa. Y el Señor, como en tantas otras parábolas evangélicas, créanlo, créanlo a todos nos va a pedir cuentas de cómo hemos administrado nuestra vida. Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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