¡El Poder de la Cruz!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Juan 3, 13-17 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de los Números 21, 4b-9 En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y ha­bló contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo.» El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.» Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: «Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla.» Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandar­te. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado. Palabra de Dios. Te alabamos Señor Salmo de Hoy: Salmo 77(78), 1-2. 34-35.38 No olvides las acciones del Señor. Escucha, pueblo mío, mi enseñanza, inclina el oído a las palabras de mi boca: que voy a abrir mi boca a las sentencias, para que broten los enigmas del pasado. No olvides las acciones del Señor. Cuando los hacía morir, lo buscaban, y madrugaban para volverse hacia Dios; se acordaban de que Dios era su roca, el Dios Altísimo su redentor. No olvides las acciones del Señor. Lo adulaban con sus bocas, pero sus lenguas mentían: su corazón no era sincero con él, ni eran fieles a su alianza. No olvides las acciones del Señor. Él, en cambio, sentía lástima, perdonaba la culpa y no los destruía: una y otra vez reprimió su cólera, y no despertaba todo su furor. No olvides las acciones del Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 3, 13-17 En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mun­do, sino para que el mundo se salve por él.» Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES En el mundo entero se celebra la Exaltación de la Santa Cruz el 14 de septiembre, según la tradición en la cual santa Elena madre del emperador Constantino, encontró trozos de la verdadera Cruz que contuvo el cuerpo crucificado de Cristo en el monte Gólgota, en las afueras de la ciudad de Jerusalén. En nuestro país, sin embargo, se celebra esta fiesta el día de hoy, 3 de mayo, y por ello tiene lecturas propias. La primera tomada del libro de los Números, cuando ante la murmuración del pueblo de Israel en el desierto contra Dios y contra Moisés, porque estaban cansados y fastidiados con el maná del cielo, que les causaba náuseas frente a esta murmuración y crítica del pueblo israelita, el Señor Dios mandó serpientes abrasadoras para que picaran a los peregrinos por el desierto, y empezaron a morir. Ellos clamaron a Moisés pidiendo perdón y lo toman como intercesor para que ore ante Dios. Dios le habla a Moisés y le pide “que haga una serpiente abrasadora colocada en un estandarte de bronce, y aquellos que miren y hayan sido mordidos por serpientes en el desierto, al mirar la serpiente en el estandarte de bronce, quedarán sanados y salvarán sus vidas”. Luego el texto de Juan nos mostrará “cómo Jesús también a la manera de la serpiente, en el libro de los Números, es levantado en alto, no en un estandarte de bronce, sino en la cruz. Y todo aquel que lo mire y crea en Él, tendrá vida eterna, no perecerá para siempre”. Pero hoy, en esta fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, nos preguntamos, entendiendo la Cruz como toda realidad dolorosa que nos lleva a morir a nosotros mismos, nos preguntamos ¿cómo manejar la cruz?, ¿cómo superar el escándalo de la cruz, de la que habla el apóstol san Pablo cuando dice, “ella es locura para los judíos, necedad para los griegos, pero fuerza de Dios, sabiduría de Dios y poder de Dios para el hombre que cree”? Descubramos que en la Cruz de Cristo por antonomasia está reflejada, fotografiada la cruz de cada hombre, detrás de la Pasión de Cristo está la pasión de cada hombre, detrás del sufrimiento de Cristo está reflejado el sufrimiento de cada hombre. Y nos preguntamos en la sociedad del bienestar, donde queremos pastillas para todo, ¿cómo manejar los sufrimientos y las cruces de la vida? Te propongo siete caminos sabios y maravillosos para superar el sufrimiento en tu vida. El primero. Aprende en tu existencia a asumir el dolor, no a resistirlo, porque todo dolor que no se asume, que se resiste, persiste por vía psicológica. En el fondo, a veces el mayor sufrimiento no se da con razón o con ocasión de un acontecimiento puntual, sino que se da por nuestra resistencia emocional en el corazón y mental en la imaginación a una situación. Te coloco un ejemplo claro. Quizás más que el dolor por el desamor y el divorcio matrimonial frente a tu pareja, el mayor sufrimiento se da por resistir, rechazar, no aceptar que esa pareja tuya que algún día te amó, te ha dejado de querer, se ha divorciado de ti y ya no está en el proyecto, en el horizonte de tu vida. Asume la realidad que no puedes cambiar del desamor de alguien, de una situación económica difícil, de una enfermedad que no has podido solucionar. Todo lo que resistas va a persistir, generando más sufrimiento en tu existencia. Pero hay una segunda verdad. El dolor hay que saberlo expresar, comunicar, compartir. Cuando el dolor y la cruz personal se reprime, se guarda nos enferma; hay que hacer catarsis, hay que hacer liberación emocional comunicando tu dolor. La mujer en eso le gana grandemente al hombre, porque la mujer en general, en general sabe hablar, comunicar, expresar su dolor, quizás por eso duran más años de vida. El hombre, por el contrario, guarda, interioriza, reprime su sufrimiento y quizás por eso, aunque no tiene tantos achaques como la mujer se muere más temprana y más fácilmente. Créeme que guardar una cruz, un dolor sin compartirla con nadie, al final estalla tu vida. En una tercera puerta de salida al dolor, está el aprender a ofrendarlo, a ofrecerlo, a entregarlo a Jesús como expiación por nuestros pecados, como una prueba para fortalecer nuestra fe. En el fondo, descubramos que ante angustias muy grandes tenemos que decir con sinceridad y sencillez de corazón: ¡Dios mío, ayúdame!, no puedo sólo con este problema, te lo entrego y lo ofrezco como expiación por mis pecados, por mis errores de toda la vida. Ofrenda tu dolor con amor y créeme que será transformado ese dolor. He aquí que viene un cuarto camino y lo podemos decir, el dolor ofrendado hay que saberlo transformar. El dolor no puede amargarte, endurecerte, entristecerte, hacerte escéptico frente a los demás. El dolor transformado por la fuerza del amor nos hace más humildes, más pacientes, más sabios, más prudentes, más confiados en Dios. Mira cuántas bendiciones de una cruz hoy en el día de la Exaltación de la Santa Cruz, por lo menos en nuestro país, cuántas bendiciones ganas en humildad, en sabiduría, en paciencia, en confianza en Dios. ¡Cuánto nos transforma el dolor!, recordando la famosa expresión: “Nadie ha viajado al mundo del dolor y no ha regresado de él, transformado y hecho un mejor ser humano”. En una quinta puerta de salida al dolor, aprende a relativizarlo. Tu vida es como una película y la cruz o el dolor que hoy tienes es como una instantánea, una fotografía, un momento puntual en la gran película de tu vida. Quizás en dos años, tal vez en cinco años, el dolor que ahora te embriaga y que absolutizas en cinco años será simplemente una anécdota más en tu vida y todo habrá pasado. No cometas el error de absolutizar una quiebra económica, la muerte de un ser querido, la pérdida de salud, una enfermedad, la pérdida de vitalidad, la pérdida del amor de alguien, porque entonces tu vida se acabará. Relativiza todo sufrimiento y dolor que todo puede y está llamado a pasar. Como decía la mística española Teresa de Jesús: “Todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta”. En una sexta puerta de salida frente al dolor, aprende a orarlo. A reconocer que desde lo hondo, como el salmo 129: “Desde lo hondo gritas al Señor en tu cruz, en tu sufrimiento, y Él escucha tu dolor”. O como dirá el salmo 117: “El Señor es mi roca, mi fortaleza, mi refugio, mi libertador”. El dolor orado es consolado por Dios, es fuerza de salvación. Créeme que el Señor escucha más la plegaria de un corazón quebrantado y humillado que de un corazón satisfecho y autosuficiente. Termino con una séptima y última puerta de salida a la cruz o al dolor en nuestra vida, y es entender que el dolor es redentor. Cuando sabes sobrenaturalizar por la fe y por el amor un cáncer, haces que el dolor de ese cáncer ofrecido por tus hijos sea salvador, redentor en el alma de tus hijos. Ofrece el dolor de tu enfermedad, el dolor de tu soledad, el dolor de tu pobreza, el dolor de la ingratitud de otros como redención por tus propios pecados, por los pecados de tus hijos, tu familia, por la conversión de los tuyos, y créeme que, si logras sobrenaturalizar un dolor, él será fuente de redención, de salvación para una vida nueva, para ti y los tuyos. Siete puertas de salida frente al dolor: uno, asumirlo, no resistirlo. Dos, expresarlo, comunicarlo y compartirlo. Tres, ofrendarlo, ofrecerlo, entregarlo al Señor. Cuatro, transformarlo en humildad, sabiduría y confianza en Dios. Cinco, relativizarlo, no absolutizarlo. Sexto, orarlo y el Señor te escuchará. Séptimo, redimirlo por tu conversión y la conversión de tus seres queridos. Que el día de hoy de la Santa Cruz te haga un mejor ser humano y descubras que lo que era signo de maldición para los romanos, la Cruz, Cristo por su fe y por su amor, ha transformado su propia crucifixión en signo de bendición y redención para toda la humanidad. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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