¡Vive con pasión!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 7, 31-35
Lectura del día de hoy
1Tm 3,14-16: Grande es el misterio que veneramos.
Querido hermano:
Aunque espero ir a verte pronto, te escribo esto por si me retraso; quiero que sepas cómo hay que conducirse en un templo de Dios, es decir, en la asamblea de Dios vivo, columna y base de la verdad.
Sin discusión, grande es el misterio que veneramos: Se manifestó como hombre, lo rehabilitó el Espíritu, se apareció a los mensajeros, se proclamó a las naciones, creyó en él el mundo, fue exaltado a la gloria.
Salmo del día de hoy
Sal 111/ 110,1-2.3-4.5-6: Grandes son las obras del Señor.
Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman.
Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por siempre;
ha hecho maravillas memorables,
El Señor es piadoso y clemente.
Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su alianza.
Mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,
dándoles la heredad de los gentiles.
Evangelio de Hoy
Lc 7,31-35: Tocamos y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.
En aquel tiempo, dijo el Señor:
-¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos?
Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.»
Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores».
Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
Description
TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
En el evangelio de hoy se nos presentan algunas hermosas enseñanzas que pueden servir para nuestra vida. Se trata ciertamente de un evangelio especial, donde Jesús se extraña de la apatía de los hombres y mujeres de su generación; los compara en un juego infantil con unos niños incapaces de sensibilidad, ante la alegría de un niño que toca la flauta o ante el dolor de otro niño que en el juego infantil canta lamentaciones y les invita a llorar. Jesús cuestiona al final, a los hombres y mujeres de su tiempo por ser eternos inconformes, donde no les sirven el ejemplo de vida austero de Juan el Bautista, pero tampoco les sirve el testimonio de vida gozosa y libre de Jesús.
A partir de este evangelio saquemos tres enseñanzas para nuestra vida.
La primera, pidamos la gracia de tener pasión por nuestra tarea, por nuestro proyecto de vida, por la misión que Dios nos ha encomendado; pero para tener este fuego, esta pasión, debemos centrarnos en nosotros mismos, conectarnos con el misterio de nuestro ser, y aunque esto parece una obviedad, no es tan obvio, no es tan claro, porque vivimos merced sobre todas las tecnologías y a la sobre estimulación permanente de imágenes y sonidos, vivimos tan dispersos, tan distraídos, tan desconectados de nosotros mismos. Es necesario pues, ser personas fogosas, encendidas, apasionadas por lo que es esencial en la vida, esenciales como el amor a la familia, esenciales como el trabajo responsable, esenciales como el estudio que nos forma, esenciales como un sentido de lo que es la justicia frente a los demás y la solidaridad, esenciales como tener la capacidad de ser críticos frente a una sociedad materialista, y conservar nuestra libertad interior, esenciales finalmente, frente a nuestros sueños y esperanzas.
Hoy reconozcamos en esta pasión por la vida y por nuestra misión, la que Dios nos ha encomendado, que estamos llamados a alimentar y a permanecer en ese fuego del amor primero y esto lo conseguimos por lo menos en el plano espiritual, cuando somos capaces de meditar la Palabra de Dios orándola, cuando nos alimentamos con cierta frecuencia y no sólo semanal, del Pan de la vida entregado en la Eucaristía. Cuando asumimos finalmente un proyecto de servicio comunitario alegre y continuo, sobre todo frente a otras personas que tienen necesidades y que nos llevan a nosotros a encontrar lo esencial de la vida.
Pero hay una segunda verdad, cuestionemos nuestras insensibilidades, indiferencias, apatías en la vida; quizás a fuerza de escuchar demasiado ruido diario en la vida, nos hemos vuelto sordos e impermeables para distinguir qué es sonido auténtico, qué es mero ruido. A fuerza de escuchar tantos dolores de la gente, nos volvimos sordos e impermeables para reaccionar y actuar ante el dolor de los demás. Recuerdo el discurso del Papa Francisco en Filipinas, cuando ante el testimonio de una niña que había sufrido los rigores de la guerra en este país y la violencia, hablaba el Papa, de pedirle a Dios el don de las lágrimas, la capacidad de llorar el sufrimiento ajeno; que el dolor no se haga parte del paisaje, que no nos insensibilicemos de tal manera que digamos, no me importan los demás, sólo me importa mi pequeño mundo, mío y el de mi familia, mi éxito profesional y económico.
Cuestionemos esta insensibilidad finalmente, frente a nuestra fe religiosa. A veces se habla de que es la incomprensión u hostilidad a la fe la que nos ha hecho perder esta dimensión religiosa, pienso que tal vez esta debilidad y agonía de la fe en algunas personas, se debe a cierta apatía, a cierta indiferencia, porque no soy capaz de reconocer a Jesús en mi vida.
Terminemos con un tercero y último punto recapitulando, el primero, tengamos pasión por nuestra misión, nuestro proyecto de vida, segundo, cuestionemos nuestra insensibilidad, indiferencia y apatía, y tercero, como nos presenta hoy la parábola evangélica, parecemos como le dice Jesús a los hombres de su tiempo: “Eternos inconformes”.
Hoy te invito para que no estés a toda hora renegando de tu vida, no esperemos personas perfectas o situaciones ideales en la vida, trabajemos y convivamos con lo que hoy tenemos y con las personas que están ahí, recuerda que el perfeccionismo nos hace personas tristes y neuróticas. Hoy Dios te ha dado esa pareja en tu relación afectiva, hoy te ha dado esos hijos, hoy te ha dado ese jefe en la empresa, hoy disfrutas del aire de esa ciudad donde vives; sabiduría es aprender a disfrutar la vida, aprender a crecer y a florecer con las personas con las que convives, aprender a proyectarte ahí donde Dios te ha puesto.
Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.