¡Diligentes o perezosos con la vida!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 25, 14-30 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1Ts 4, 9-11: Hermanos: Acerca del amor fraterno no hace falta que os escriba, porque Dios mismo os ha enseñado a amaros los unos a los otros. Como ya lo hacéis con todos los hermanos de Macedonia. Hermanos, os exhortamos a seguir progresando: esforzaos por mantener la calma, ocupándoos de vuestros propios asuntos y trabajando con vuestras propias manos, como os lo tenemos mandado. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 98(97), 1.7-8.9 El Señor llega para regir los pueblos con rectitud Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. El Señor llega para regir los pueblos con rectitud Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan; aplaudan los ríos, aclamen los montes. El Señor llega para regir los pueblos con rectitud Al Señor que llega para regir la tierra. Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud. El Señor llega para regir los pueblos con rectitud Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 25, 14-30: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: -Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: -Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. Su señor le dijo: -Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu Señor. Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: -Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor: como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor. Finalmente se acercó el que había recibido un talento y dijo: -Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo. El señor le respondió: -Eres un empleado negligente y holgazán, ¿con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas: allí será el llanto y el rechinar de dientes. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Diligentes o perezosos con la vida! La primera lectura tomada de la Carta de Pablo a los Tesalonicenses en el capítulo 4, es una verdadera invitación “al amor fraterno y a la laboriosidad”. Dios mismo es en frase del apóstol Pablo “quien ha instruido a los fieles sobre el amor fraterno. La caridad es en realidad un fruto del Espíritu Santo que habita en las almas que se abren a Dios”. Te invito a que distingas el amor meramente humano que es cambiante, que se mueve entre extremos de egoísmo, de orgullo, de resentimiento, de volatilidad; y el amor en Cristo, el amor evangélico que es sólido, estable, sostenido en el tiempo. Hoy reconozcamos que sólo amamos con madurez cuando nos dejamos habitar por Dios, por el Espíritu de Dios. Es que el amor en clave cristiana es el principio interior de la vida sobrenatural y por tanto, es el que infunde y acrecienta esta vida de Dios en nosotros. Hoy no te equivoques, no podemos amar verdaderamente si no es por la acción, el don, el regalo, la gracia de Dios en nosotros. Alejándome un poco de posturas humanas muy repetitivas, de que el amor es un sentimiento, yo digo es más que un sentimiento. O cuando dicen, el amor es una decisión, pienso, es mucho más que una decisión, porque no basta mi mera voluntad para amar profundamente una persona. El amor es sobre todo una gracia de Dios, un regalo de lo alto, que con humildad y confianza hay que pedirlo todos los días, todas las horas, toda la vida. Somos, repito, tan limitados, tan frágiles, tan débiles para permanecer en el amor: el amor matrimonial, el amor de hermanos, el amor de amistad, el amor a la comunidad que hay que pedirle al Señor y a su Espíritu: ¡Dame la gracia de amar como tú has amado! ¡Dame la gracia de permanecer en el amor como Tú has permanecido en el amor! Pero pasemos al evangelio de san Mateo en el capítulo 25, que ya en esta parte final nos representa la historia del siervo o de varios siervos en distintos niveles de fidelidad que deben de poner a producir los talentos, los dones, las cualidades, las minas, como los queramos llamar al servicio de los demás. Se representan las categorías de siervos, los diligentes que hicieron producir y duplicar sus talentos, y también los siervos perezosos. Los primeros siervos diligentes logran un rendimiento máximo de los talentos recibidos y son recompensados con magnanimidad infinitamente superior a sus méritos. Y, por el contrario, los siervos o el siervo perezoso que ha renunciado al esfuerzo, frustrando el don divino, incomprensiblemente acusa a su propio Señor de ser duro y exigente con él, cuando él simplemente enterró bajo tierra el talento que había recibido y no es capaz de asumir su propia responsabilidad, su propia culpabilidad. Por eso es condenado al suplicio eterno, y su don es transferido a los siervos fieles. Hoy, si yo te pregunto ¿tú eres de los siervos que pone a producir los talentos, los carismas, los dones que Dios te ha dado?, o ¿tú eres de los siervos perezosos que piensas que la vida se te ha dado para vivirla de manera fácil? Hoy el Señor nos hace un llamado a una actitud universal. La pereza, la incapacidad de doblegar, dominar nuestra propia voluntad y dejarnos llevar por la flojera, dejarnos llevar por el desánimo, dejarnos arrastrar por el facilismo, y al final de la vida decir, mi vida ha sido simplemente un cúmulo de mediocridades acumuladas unas con otras. La vida me enseña que los dones humanos si se guardan se pueden acumular, pero los dones de Dios cuando se entierran, se esconden, se pierden. Es una lógica contraria que te la explicaré con este ejemplo. El dinero que es un bien humano si lo consignas cada mes y no retiras dinero, tu cuenta bancaria, tu cuenta de ahorros ira creciendo de día en día. Pero con los dones de Dios sucede exactamente lo contrario. El Señor nos pide ponerlos al servicio de los demás y sólo así pueden ser multiplicados, sólo así pueden crecer, sólo así pueden ser enriquecidos. Pienso en el don de la predicación que reconozco con humildad, si me hubiera callado hace 30 años y lo hubiera guardado, probablemente se habría anulado ese don, ese carisma que Dios me ha dado para el servicio de la comunidad. Pero pienso que cuando se pone al servicio de los otros, el Señor no deja que ese don se arruine y por el contrario, lo enriquece, lo multiplica. Hoy te invito a tres actitudes. La primera, reconoce en tu persona, en tu vida, cuáles son los dones: de prudencia, de alegría, de consejo, de paciencia, de responsabilidad, de laboriosidad, de compromiso, de vida orante, de vida trascendente. Tantos dones y carismas que puedes haber recibido en tu vida, identifícalos, reconócelos. Segundo, valora y agradece esos dones, no se te han dado como bolas en árbol de Navidad, simplemente de adorno para vanidad personal. Reconoce y agradece esos dones, otras personas no los tienen. Ese don para cantar, esa habilidad única en el deporte, ese talento artístico, esa cualidad humana de la prudencia, ese don de gentes, ese carisma de la simpatía. Recuerda que no fuimos hechos en serie, si no en serio, y todos tenemos carismas y dones que uno, identificamos, dos, valoramos y agradecemos al Señor de la Vida porque no tiene obligación con nosotros. Y tercero, pregúntate sobre estos dones y cualidades personales ¿si has sabido ponerlos al servicio de los demás para enriquecer tu matrimonio, tu vida de pareja, para enriquecer tu familia, para enriquecer tu comunidad de amigos o aun la comunidad cristiana en tu parroquia o en el movimiento apostólico? ¿Qué hemos hecho con nuestra vida? Me impresiona cuando una persona, después de 40 años de no confesarse, empieza un diálogo con el sacerdote diciendo: “padre, me duele que he despilfarrado mi vida. Me duele pensar qué he hecho con mi vida. Me lastima el saber que he lastimado a tantas personas, quisiera retroceder el tiempo y con la sabiduría que ahora tengo recapacitar y volver a iniciar de nuevo en mi matrimonio y mi familia. Pero sé que el tiempo ya no se puede devolver”. Cuando escucho esto pienso tiene toda la razón, el tiempo es un bien valioso y único que hoy tienes. Es amigo, un gran amigo cuando lo has aprovechado bien y sobre todos los carismas, talentos, cualidades y dones que se te ha dado. Pero el tiempo es un verdadero enemigo cuando te ha pasado en la vida y cuando dices, Dios mío, mi juventud, mi adultez y ahora mi madurez y qué he hecho sino vivir perdidamente como la parábola del hijo pródigo, despilfarrar mi vida, malgastar mi salud, mi juventud, años enteros de mi existencia bobeando. Señor, danos la sabiduría para que en la madurez de la existencia no tengamos ese lamento personal ¿qué he hecho con mi vida? Que utilicemos bien los dones para que no se diga de nosotros al final de la existencia: “Siervo inútil, quítenle los dones y talentos que se le han dado y que nunca utilizó y échenlo afuera a las tinieblas, donde será el llanto y el rechinar de dientes”. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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