¡Leyes, razones y emociones!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 3, 1-6 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la carta a los Hebreos 7, 1-3.15-17: Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios altísimo, cuando Abrahán regresaba de derrotar a los reyes, lo abordó y lo bendijo, recibiendo de él el diezmo del botín. Su nombre significa «rey de justicia», y lleva también el título de rey de Salem, es decir, «rey de paz». Sin padre, sin madre, sin genealogía; no se menciona el principio de sus días ni el fin de su vida. En virtud de esta semejanza con el Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. Y esto resulta mucho más evidente si surge otro sacerdote a semejanza de Melquisedec, que lo sea no en virtud de una legislación carnal sino en fuerza de una vida imperecedera; pues está atestiguado: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.» Palabra del Señor. Te alabamos Señor Salmo de Hoy: Sal 110/109, 1.2.3.4 Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.» Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro: somete en la batalla a tus enemigos. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec «Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.» Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.» Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 3, 1-6: En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis: «Levántate y ponte ahí en medio.» Y a ellos les preguntó: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?» Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: «Extiende el brazo.» Lo extendió y quedó restablecido. En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La carta a los hebreos nos presenta un misterioso personaje, Melquisedec, que aparece como figura y profecía de Cristo, el verdadero sacerdote de Dios, que ofrece sacrificios por nosotros y nos ha sido enviado en la plenitud de los tiempos. Pero ¿quién era Melquisedec?, se nos habla en Génesis 14 de que este personaje sale al encuentro de Abrahán cuando vuelve de una de las salidas de éste que estaba en correría en castigo contra sus enemigos. Melquisedec figuraba como rey de Salem, que significa paz, y el mismo nombre de Melquisedec significa justicia. Se presenta como un hombre que no tiene genealogía, no tiene ancestros, antepasados en sus padres y abuelos, y tampoco se habla del inicio del final de su sacerdocio. Luego vendrá el sacerdocio levítico de la tribu de Leví, pero en la era patriarcal, Melquisedec, como decimos, es la profecía, la prefiguración del sacerdocio pleno de Cristo. Pero ¿qué nos quiere significar esta primera lectura de hebreos?, que Cristo ha sido desde siempre, es en el presente y será hacia el futuro el Supremo Sacerdote ante Dios, el Gran Pontífice o puente entre Dios y los hombres en una doble dirección. Cristo nos traerá de Dios la salvación, la paz, el perdón, la reconciliación; pero también Cristo, a nombre de los hombres, llevará a Dios la ofrenda de nuestros sacrificios, de nuestro trabajo, de nuestros sufrimientos, las peticiones en nuestras necesidades y la alabanza y adoración por reconocer a Dios como el Creador y el Todopoderoso en nuestra vida. Es una pura relación religiosa donde Dios nos trae salvación, perdón y paz, y el hombre a través de Cristo ofrece su vida y pide a través de Cristo para que no falten las bendiciones y la protección y la guía diaria en su existencia. Esto es una realidad muy bella que a veces poco contemplamos. Todas las grandes religiones nos hablan de ese sacrificio entendido como ofrecimiento, regalo, ofrenda espiritual que los hombres damos, tributamos, presentamos a Dios por tantas bendiciones, por tantos regalos, por tantos bienes materiales y espirituales que da cada día a nuestra vida. Pero pasemos al evangelio y vemos la continua lucha de Jesús frente al legalismo de los fariseos, y nos muestra cómo la ley no es el valor supremo en la vida del hombre, sino que el valor supremo es que toda acción nuestra, más allá de cumplir la ley, uno, ¡de gloria a Dios!, dos, ¡haga el bien a los hombres! No podemos caer en el legalismo, que es una exageración, una acentuación deformada de la ley, dándole el poder de Dios, como cuando hablamos modernamente del racionalismo y es darle a la razón la fuerza de Dios. Tan se equivocaba el fariseo legalista que endiosaba la ley, como se equivoca el racionalista moderno que endiosa la razón o se equivoca el emocionalista posmoderno que endiosa las emociones, los sentimientos o sentimentalismo como meta y fin último y casi único de su vida. Esa ha sido una tentación de siempre; ayer la ley, menos de ayer la razón, hoy la emoción, y pensar que vivimos para esto. No es así, vivimos para dar gloria a Dios creador del cosmos, creador de cielos y tierra, creador del hombre. Y vivimos en esta tierra para hacer el bien y realizar la verdad y la belleza, el amor en las relaciones humanas, hacer el bien a los demás. Por eso la única opción es salvar, la única salida en nuestra vida, el único camino válido es hacer el bien, no dejar morir. Y por eso Jesús pregunta a los obcecados, a los tercos fariseos de su tiempo, más allá de que sea sábado ¿cómo dejar a un hombre con parálisis en el brazo, dejarlo enfermo, dejarlo sufriendo? Le duele a Jesús y nos dice el evangelista Marcos: “Que lanza una mirada de ira y dolor por la terquedad y obstinación de los fariseos, que se quedan callados y en silencio ante la pregunta de Jesús” ¿cómo no ayudar a un hombre?, ¿cómo no moverse frente al dolor de él?, ¿cómo quedar indiferentes, indolentes frente al sufrimiento de los demás? Pero ellos tan apegados a sus legalismos rituales, sociales y religiosos, no dieron el brazo a torcer, lo que sí hizo el paralizado en su brazo que lo extiende y ante la palabra de Jesús queda sanado. Pero llama la atención finalmente, que los fariseos y herodianos en su ceguera total, lejos de alegrarse porque un hombre, después de que había sufrido toda la vida con su parálisis en el brazo, había sido sanado, sienten dolor porque Jesús no se ha apegado y se declara libre frente a la ley del sábado. Y nos dice el evangelista Marcos: “Que deciden y planean cómo matar, cómo acabar con Jesús”. Hoy, desafortunadamente encontramos personas que, aunque un cristiano haga milagros todos los días, no van a creer en la iglesia, no van a creer en el cristianismo, no van a creer en Jesús. Es tal su ceguera, es tal su rebeldía frente a Dios, es tal su dureza de corazón que ni viendo milagros todos los días, renovaciones maravillosas de la vida de las personas, creerán en la acción de Dios en la vida de los hombres. Hoy se nos invita a abrir el corazón y a confiar más en Dios antes que en los hombres, hoy se nos invita como los grandes de la Biblia, los patriarcas Abrahán, Isaac, Jacob; los profetas, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Amós, María, José en los tiempos del nuevo testamento, a poner nuestra confianza en Dios antes que en los hombres y entender que las leyes, la razón, se necesitan pero es más importante el proyecto de Dios, proyecto de verdad y de vida, proyecto de belleza y de amor, proyecto de vida y de gracia y de libertad, es más importante el proyecto de Dios sobre los hombres que los legalismos y los convencionalismos humanos. Que el buen Dios te dé esa libertad interior, te ayude a reflexionar sobre cómo llevas tu vida y te bendiga en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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