¡Dichosa tú que has creido!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 1, 39-56
Lectura de la profecía de Sofonías 3, 14-18
Regocíjate, hija de Sión; grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás. Aquel día dirán a Jerusalén: «No temas, Sión, no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta.» Apartaré de ti la amenaza, el oprobio que pesa sobre ti. «Palabra de Dios. Te alabamos Señor»
SALMO RESPONSORIAL
Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6
R/. Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.
El Señor es mi Dios y salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Y sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. /R.
Dad gracias al Señor, invocad su nombre, contad a los pueblos sus hazañas, proclamad que su nombre es excelso. /R.
Tañed para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas a toda la tierra; gritad jubilosos, habitantes de Sión: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.» /R.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1, 39-56
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.» María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Finalizamos el mes de María, con la fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen a su prima Santa Isabel. Encontramos en el evangelio de hoy las significativas palabras de Isabel, cuando es visitada por la Santísima Virgen en respuesta a sus palabras, el cántico de alabanza a Dios, conocido como Magnificat, porque su primera palabra es esta: “Magnífica mi alma al Señor, engrandece mi alma al Señor”.
Pero detallamos dos momentos.
En el primero, Isabel llena del Espíritu Santo gritó con toda la fuerza de su voz, llamando a María: “Bendita entre todas las mujeres”, llamando el fruto del vientre de María, Jesús, “bendito entre todas las criaturas”. Reconociendo su humildad Isabel: ¿Quién soy yo para que me visite la Madre de mi Señor, de mi Salvador?, y reconociendo la fuerza potente del Espíritu de Dios que está en el vientre de María y que se comunica al vientre de Isabel, cuando ella dice: “La criatura ha saltado de alegría en mi seno, en mi interior, en mi vientre”. Pero quizá la expresión más afortunada de Isabel, y en lo personal siento una gran alegría cuando medito en esta expresión, es la bienaventuranza que lanza esta mujer a la Santísima Virgen María, cuando le dice: “Dichosa tú, María, feliz tú, María, bienaventurada tú, María, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se realizará, se cumplirá en tu vida”.
Hoy sintamos que somos como María, dichosos, bienaventurados, afortunados, felices, bendecidos; si creemos verdaderamente las promesas de Dios sobre nuestra vida y esas promesas de bendición, de paz, de esperanza, de futuro, se cumplirán si damos el asentimiento de nuestra fe.
Pero hay un segundo momento todavía más bello en el evangelio de hoy, y es cómo María proclama el Magníficat, este canto maravilloso que describe y descubre la espiritualidad más clara, la vida como María vivía a Dios en su corazón. Y para estos tiempos de confrontación, de polarización, de odios, de guerras, de inestabilidad política y social, de cambio climático y demás, la experiencia de la Virgen María nos enseña a todos, María es una mujer podríamos decir, uno A, porque las expresiones que vamos a enunciar de Ella, todas comienzan por la letra a, por eso Ella es una mujer, uno A en la experiencia de Dios.
María, en efecto, en un primer momento, alaba la grandeza de Dios, su oración es de alabanza, y en el fondo nos invita a cada uno de nosotros en todas las circunstancias de la vida, las positivas y las negativas, la de prosperidad y de adversidad, alabar a Dios como el Creador, el Poderoso, el Redentor, el Liberador, el que hace nueva mi existencia.
Pero en un segundo momento, María adora y adora a Dios porque reconoce que en este mundo nadie más como Dios. Se equivoca el ser humano cuando adora a un futbolista, a una cantante, a un gobernante, a un líder empresarial, son hombres y mujeres que como nosotros nacen y mueren, como nosotros se enferman y como nosotros fallan y se equivocan. La vida me ha enseñado que quien no adora en espíritu y en verdad al verdadero Dios, hace Dios a cualquier realidad humana, haciendo el ridículo en su vida. Quien con humildad no se postra, no se arrodilla ante Dios, con humillaciones lo postra la vida ante cualquier criatura que en el fondo no es Dios, no es definitiva.
Pero además de la alabanza y la adoración en un tercer momento, María se alegra, y Ella lo dice, su espíritu en Dios el salvador, se goza, disfruta, se alegra, porque Ella se siente la llena de gracia, la llena de la vida divina, la pletórica de la vida de Dios en su ser. Hoy descubre que las grandes alegrías no están en un gran plato de comida o de bebida, en una fiesta, en música estridente, en un gran paseo a la playa; la gran alegría de la vida nace de lo profundo del corazón donde mora Dios, y el día en que tengas esa conciencia clara de que Dios te habita, que Dios mora en ti, que el amor de Dios te acompaña, aprenderás a vivir gozosamente, aprenderás a vivir alegremente.
Pero María, además de alabar, adorar y alegrarse en Dios, por a, agradece la misericordia divina que llega a sus fieles de generación en generación.
Que tu plegaria a Dios no sea solamente para decir, ayúdame, necesito, te pido, acuérdate; que tu plegaria, tu oración a Dios, sea también para agradecer tu vida, tu salud y aún tu enfermedad, tu riqueza y aún tu pobreza, tus momentos lindos y también tus situaciones feas y difíciles, porque de todas aprendemos. Cuánta bondad y grandeza en el corazón humano, cuando somos agradecidos como la Santísima Virgen María.
En un quinto momento, además de alabar, adorar, alegrarse, agradecer; María acoge el don de Dios, al Espíritu divino en su seno, que permite que sea fecunda y por tanto, la Madre del Señor. Hoy te invito para que no cierres tu corazón, para que ese don de la acogida de Dios en personas, en situaciones, en la lectura meditada de la Palabra, te haga más semejante e imitador o imitadora de la Santísima Virgen María. Hoy hay tanta rebeldía porque hay tanta prepotencia en el corazón humano, sólo acoge a Dios, aquel que es humilde de corazón y no lleno de sí mismo.
Pero además de alabar, adorar, alegrarse, agradecer, acoger; María es una mujer de espiritualidad abnegada, se siente pequeña. La palabra abnegación viene de negarnos a nosotros mismos, Ella reconoce que Dios no ha mirado su grandeza, sino su humildad, y por eso se describe y presenta como la sierva, la esclava del Señor, está para hacer su voluntad. Pero además de alabar, adorar, alegrarse, agradecer, acoger, ser abnegada; María nos brinda auxilio y Ella reconoce en Dios que ha auxiliado a Israel, su pueblo, y que ha sido siempre en las persecuciones, en las guerras, en la crueldad y en la fiereza humana, Dios ha sido siempre auxilio, ayuda, protección frente a todo tipo de mal humano. María sigue este ejemplo y de hecho hay una bellísima advocación, como ¡María Auxilio, Auxiliadora de los cristianos!
Pero además de María, alabar, adorar, alegrarse, agradecer, acoger, ser abnegada y auxiliar, María es un cántico de armonía, es un testimonio de equilibrio interior. Su vida profunda es un ser de paz, dueña de sí misma, de sus emociones, por más que viva pruebas altísimas, Ella guarda todo en su corazón, y más allá de la profecía de Simeón: “Que una espada atravesará su alma”, María, en el momento último y más difícil de la prueba máxima de la crucifixión de su Hijo, mantuvo el control sobre sí misma, la armonía interior.
Finalmente, en una novena expresión de una espiritualidad mariana para nuestro tiempo, María, además de alabar, adorar, alegrarse, agradecer, acoger, ser abnegada, auxiliar, tener armonía interior; María es la mujer del amor, el amor de misericordia, el amor que engendra vida, el amor que formó al Hijo de Dios, en las más puras costumbres de la alianza que Dios había sellado con Abrahán y luego con Moisés. María ama y entiende que el amor implica cruz, implica sacrificio, y Ella supo dejarse crucificar, sacrificarse por amor a su Hijo, por amor a la humanidad.
Nueve palabras que nos hablan de una verdadera espiritualidad mariana, para despedir este bello mes de primavera, bello mes de madres, bello mes de María; que Ella en estos tiempos de cambio para el mundo, acompañe, interceda y guíe nuestro camino y nos enseñe a alabar, adorar, alegrarnos, agradecer, acoger, ser abnegados, auxiliar, ser armónicos y amar a Dios y a los hombres.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.