¿En quién crees verdaderamente?

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Marcos 8, 34-9,1 Lecturas del día de Hoy Primera Lectura: Gn 11, 1-9: Voy a bajar y a confundir su lengua. Toda la tierra hablaba la misma lengua con las mismas palabras. Al emigrar (el hombre) de oriente, encontraron una llanura en el país de Senaar y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros: -«Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos.» Emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de cemento. Y dijeron: -«Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance al cielo, para hacernos famosos, y para no dispersarnos por la superficie de la tierra.» El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres; y se dijo: -«Son un solo pueblo con una sola lengua. Si esto no es más que el comienzo de su actividad, nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Voy a bajar y a confundir su lengua, de modo que uno no entienda la lengua del prójimo.» El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad. Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra. Palabra del Señor. Te alabamos Señor Salmo del día de Hoy: Salmo 33(32), 10-11.12-13.14-15: Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. El Señor deshace los planes de las naciones, frustra los proyectos de los pueblos; pero el plan del Señor subsiste por siempre, los proyectos de su corazón, de edad en edad. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. Desde su morada observa a todos los habitantes de la tierra: él modeló cada corazón, y comprende todas sus acciones. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. Evangelio del día de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 8, 34-9,1: El que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará. En aquel tiempo, Jesús llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: -«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿0 qué podrá dar uno para recobrarla? Quien se avergüence de mí y de mis palabras, en esta generación descreída y malvada, también el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando venga con la gloria de su Padre entre los santos ángeles.» Y añadió: -«Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar el reino de Dios en toda su potencia.» Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El libro del Génesis en el capítulo 11, nos muestra el conocido pasaje de la construcción de la Torre de Babel, que llevó al ser humano a perder la unidad original con la que Dios nos había creado, a confundirse por la incapacidad de comunicarse en una misma lengua y a la dispersión de los hombres y mujeres sobre toda la faz de la tierra. Pero este relato, con una fuerte carga simbólica y una verdad teológica profunda, tiene implicaciones más hondas. En el fondo nos muestra la ruptura del hombre con Dios, que implica en el fondo una ruptura del hombre consigo mismo. Es que descubrimos en estos primeros capítulos del libro del Génesis, que ese deterioro, conflicto del hombre con sí mismo que es el pecado y llamamos el pecado original, en el fondo fue la causa del conflicto entre Adán y Eva, (nuestros primeros padres), de la enemistad entre Caín y Abel, dándose el primer fratricidio u homicidio sobre un hermano, y finalmente la ruptura en la unidad social y espiritual en la humanidad, en el relato de la Torre de Babel. El pecado, aunque el mundo hoy lo desconozca, aunque mire con desprecio esta palabra, es la gran tragedia, el gran drama, el gran error en la vida del ser humano que le lleva a la división consigo mismo y luego a la división con su pareja Adán y Eva, con su familia Caín y Abel, con la sociedad la Torre de Babel que quedó apenas en inicio de construcción. A pesar de que la humanidad se ha visto obligada a dispersarse en multitud de pueblos sobre la faz de la tierra, Dios no abandona al ser humano, y la respuesta sobre esta división social y espiritual es la alianza y la elección que Dios hace de la persona de Abrahán y su descendencia para recoger a todos los pueblos dispersados en el episodio de Babel y volver a recuperar la humanidad. Y este episodio de Abrahán de alguna manera nos recuerda lo que viene Cristo a hacer con nosotros, a crear una nueva humanidad fraterna, no dividida, unida e integrada, donde no habrá diferencia entre un judío y un gentil, entre un siervo y un señor, entre un hombre y una mujer. De alguna manera, esto nos recuerda que con Jesús y después de su ascensión vendrá Pentecostés, que es el nacimiento oficial de la Iglesia y el fruto de la gran Alianza y el gran Espíritu de unidad que Dios en Jesucristo ha dejado a la humanidad: “No deben de estar divididos, no deben de estar peleados; por el contrario, deben de estar unidos en fraternidad y la Iglesia, si vive como debe vivir, si sus miembros actúan según el Espíritu de Cristo, serán signo de unidad universal, de fraternidad general para todos”. Cuánto bien hace la Iglesia cuando se muestra unida y cuanto mal y escandalo para el mundo es una Iglesia dividida, fragmentada, polarizada unos contra otros. Pero pasemos al evangelio que hoy nos ocupa y encontramos en Marcos, capítulo 8, tres afirmaciones escandalosas. Así como lo oyen, queridos amigos, afirmaciones escandalosas que desafían todos los criterios humanos, que retan nuestra lógica y la manera en que concebimos la vida, y son totalmente contradictorias con el espíritu y las verdades y lo políticamente correcto del mundo y de la cultura moderna de hoy. La primera afirmación y sabiduría escandalosa, es que Jesús dirá a los discípulos: “Que ninguno de ellos puede ser verdaderamente tal, a ser seguimiento de Jesús, si no muere a si mismo a su orgullo, a su pecado, si no se niega a sí mismo y toma su cruz”. No hay verdadero seguimiento de Jesús sin negarnos a nosotros mismos y cargar la cruz de cada día sin morir a nosotros mismos, y cargar la exigencia que el evangelio que nos pide amar, servir y entregar la vida, nos reclama cada día. Nunca olvides que Jesús subió a la cruz a morir en ella, y tú y yo cargamos la cruz para ir muriendo a nuestro orgullo, nuestra prepotencia, nuestro egoísmo, nuestros criterios cómodos, narcisistas, frívolos, superficiales. Esto es escandaloso y por eso entiendo que el evangelio no es para todo el mundo. Pero viene una segunda sabiduría, quizás más escandalosa que la primera, y esta sí, totalmente desafiante y contradictoria con el pensamiento del mundo de hoy. Y dirá Jesús a sus discípulos: “Quien quiera salvar su vida, piérdala, entréguela; pero sólo el que entregue su vida por Mí y por el evangelio la podrá salvar”. Y para que no quede duda de esta afirmación, nos pone a pensar a cada uno de nosotros, que en el fondo Jesús vino a esta tierra a entregar su vida y lo habría anunciado previamente cuando afirmaba: “No he venido a ser servido, sino a servir y a dar mi vida en rescate por todos”. También lo dirá previamente a su Pasión, cuando afirmará ante aquellos que le dicen: “No subas a la ciudad de Jerusalén, que el malvado Herodes te busca para matarte”, Él afirmará: “No me arrebatan la vida, Yo la entrego libremente”. Hoy te pregunto, ¿tú y yo de qué lado estamos?, ¿de aquellos que cuidamos en demasía, en exceso la vida, la salud, el cuerpo, la alimentación, los cuidados terapéuticos, médicos de gimnasio y demás? ¿Somos de aquellos que vivimos en gimnasio, en spa, en comodidades, la vida sabrosa?; ¿cómo vives y cómo vivimos tú y yo? El evangelio es desafiante porque nos dice: “La vida sólo se conserva entregándola”. A propósito de esto recuerdo una sapiencial reflexión del Papa Benedicto XVI cuando estaba vivo, nos decía: “Que en nombre del egoísmo que nos promete cuidar, conservar, atesorar y salvar la vida, es el mismo egoísmo una trampa que nos lleva a ser desdichados, infelices, solitarios y vacíos de sentido sobre la verdadera vida”. Mira a tu alrededor y descubre que un egoísta nunca es feliz, un egoísta siempre está buscando compensaciones, sustitutos normalmente materiales, afectivos, de placeres nuevos y todos efímeros, para compensar los vacíos profundos de su corazón que no sabe cómo llenar, los huecos de su alma. Finalmente pasemos a una tercera sabiduría, también escandalosa del evangelio de hoy, cuando Jesús dirá a los suyos y en ellos, dos mil años después a nosotros ¿de qué te sirve hombre ganar el mundo entero, si pierdes la salvación de tu alma?, ¿hay acaso alguna riqueza en oro, en dólares, en criptomonedas, en petróleo que puedas dar como pago para recuperar tu alma? Hoy, piénsalo, lo más importante no es una pensión de vejez o de jubilación temporal; lo más importante es la pensión de jubilación eterna en el cielo. ¿Para qué un dinero?, ¿para que una seguridad material?, ¿para qué una buena casa, finca; tener para viajes en tu vejez cuando apenas alcanzas a cuidarte la salud de achaques y enfermedades? Piensa que al final todos pereceremos, que como las medicinas tenemos fecha de vencimiento o de caducidad y que lo único importante y que se nos ha olvidado es trabajar por la salvación eterna del alma, es esmerarnos por cuidar el paraíso que no podemos perder. Algún autor espiritual hablando de los santos que están todos en el cielo y salvaron su alma, afirma: “Que la única gran tristeza en la vida es la de no haber sido santos”. Traduzcamos esta expresión y digamos, la única gran tristeza en la vida es la de no haber sido salvada nuestra alma, no haber alcanzado el paraíso, habernos quedado en las cosas del mundo, olvidando que todo lo del mundo pasa. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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