¿Vivimos lo que hablamos?

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 23, 1-12 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de Isaías 1, 10.16-20: Oigan la Palabra del Señor, príncipes de Sodoma, escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. «Lávense, purifíquense, aparten de mi vista sus malas acciones. Dejen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien. Busquen la justicia, socorran al oprimido, protejan el derecho del huérfano, defiendan a la viuda. Vengan entonces, y discutiremos ─dice el Señor─. Aunque sus pecados sean como escarlata, quedarán blancos como nieve; aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como lana. Si saben obedecer, comerán de los frutos de la tierra; si rehúsan y se rebelan, los devorará la espada ─ha hablado la boca del Señor-». Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Sal. 50(49), 8-9. 16bc-17. 21 y 23 Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios. No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios. ¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos? Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios. Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara. al que me ofrece acción de gracias, ese me honra; Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 23, 1-12 En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: hagan y cumplan todo lo que les digan; pero no hagan lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Atan cargas pesadas y se las cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”. Ustedes, en cambio, no se dejen llamar “rabbí”, porque uno solo es su maestro y todos ustedes son hermanos. Y no llamen padre de ustedes a nadie en la tierra, porque uno solo es su Padre, el del Cielo. No se dejen llamar maestros, porque uno solo es su Maestro, el Mesías. El primero entre ustedes será su servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». Palabra del Señor». Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Para nadie es un secreto que las ciudades bíblicas de Sodoma y Gomorra eran paradigmas de la maldad y la corrupción humanas. En este contexto encontramos como el profeta Isaías invita a la conversión a los príncipes de Sodoma y al pueblo de Gomorra, diciéndoles: “Lávense y purifíquense, aparten de la vista de Dios sus malas acciones, dejen de hacer el mal, aprendan a obrar el bien, busquen la justicia, auxilien al hombre oprimido, defiendan los derechos de los indefensos representados en el huérfano y en la viuda”. Y luego agregará el profeta Isaías: “Sólo así el hombre, cuando se arrepiente y se convierte sinceramente, encontrará justificación ante Dios”, y afirmará Isaías: “Vengan, pues, y discutamos con el Señor y aunque sus pecados sean rojos como la sangre, quedarán blancos como la nieve, aunque sean encendidos como la púrpura, vendrán a ser como blanca lana”. Todo este tema de la conversión sincera del corazón nos prepara y nos contrasta con el evangelio de hoy, tomado del capítulo 23 de san Mateo, donde Jesús se va lanza en ristre contra los fariseos, a los que nunca pudo aceptar por su hipocresía, por su incapacidad para una conversión sincera y verdadera, y porque, apoyados en la ley, siguieron en una religiosidad de apariencia, de imagen ante los demás, pero no una espiritualidad auténtica. Descubramos en este evangelio de san Mateo como Jesús denuncia grandes inconsistencias en la vida de los fariseos y señalará cómo se han sentado en la cátedra, en la silla de Moisés, los escribas y fariseos, y denunciará Jesús: “Hagan lo que ellos predican, pero no imiten las obras de su vida, porque ellos hablan de una manera y viven de otra” (repetimos, mostrando las grandes incoherencias de su existencia). Y luego, en una segunda incoherencia de los fariseos, Jesús señalará: “Colocan cargas pesadas a otros en los mandatos y preceptos que ordenan, pero no están dispuestos a cargar ni con uno solo de los dedos de su mano, las cargas impositivas que colocan en las espaldas y en los hombros de los demás”. Pero Jesús no se queda en estas dos críticas, sino que avanza y en un tercer momento señalará: “Que todo lo hacen los fariseos por vanidad y apariencia, para que la gente los vea; ensanchan los decorados y las franjas de sus mantos, les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas (que eran lugares de asamblea cívica y religiosa). Gustan de que los saluden en las plazas y que la gente los llame maestros”. Y a propósito de esto, Jesús lanzará una cuarta crítica a los fariseos diciendo: “No vivan de títulos honoríficos, permitiendo que los llamen rabinos, padres, guías, porque en el fondo, el Gran Rabino, el Gran Padre, el Gran guía de todos, es el Padre Dios”. Al final concluirá Jesús con una máxima angélica que hemos conocido en distintos pasajes a lo largo de las Escrituras y que es, en definitiva, uno de los grandes ejes de la vida cristiana. Jesús, en efecto, afirmará: “Que el mayor entre ustedes sea su servidor, porque sólo el que se humilla será enaltecido y por el contrario, aquel que se enaltece, se enorgullece, será humillado por la vida y por los hombres”. Hoy, todos tenemos una tentación universal a vivir de la hipocresía de los fariseos, hablar lo que no cumplimos, a imponer cargas religiosas y humanas a los demás que nosotros no realizamos, a vivir de vanidades y apariencias, a pretender títulos honoríficos humanos. Nunca olvidemos esta máxima de Jesús: “Sólo el hombre de humilde corazón será enaltecido en el Reino de los cielos, pero, por el contrario, el que fue muy enaltecido en este mundo, muy enaltecido por los hombres, probablemente será humillado y muy pequeño, demasiado pequeño en el Reino de los cielos”. Que el Señor, que es rico en justicia nos muestre el camino de la salvación y nos aparte de la tentación universal del fariseísmo y nos bendiga a todos en este día. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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