¡La sabiduría es poder de Dios!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 17, 20-25 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de la Sabiduría 7, 22 – 8,1 La sabiduría es un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, móvil, penetrante, inmaculado, lúcido, invulnerable, bondadoso, agudo, incoercible, bienhechor, amigo del hombre, firme, seguro, sereno, todopoderoso, todo vigilante, que penetra todos los espíritus inteligentes, puros, sutilísimos. La sabiduría es más móvil que cualquier movimiento y, en virtud de su pureza, lo atraviesa y lo penetra todo. Es efluvio del poder divino y emanación genuina de la gloria del Omnipotente, por eso nada inmundo se le pega. Es reflejo de la luz eterna, espejo nítido de la actividad de Dios e imagen de su bondad. Siendo una sola, todo lo puede; sin cambiar en nada, renueva el universo; entrando en las almas buenas de cada época, va haciendo amigos de Dios y profetas; pues Dios ama sólo a quien convive con la sabiduría. Es más bella que el sol y que todas las constelaciones; comparada a la luz del día, sale ganando, pues a éste le releva la noche, mientras que a la sabiduría no le puede el mal. Alcanza con vigor de extremo a extremo y gobierna el universo con acierto. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 119(118), 89.90.91. 130.135.175 (R. 89a) Tu palabra, Señor es eterna. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo. Tu palabra, Señor es eterna. Tu fidelidad, de generación en generación, igual que fundaste la tierra y permanece. Tu palabra, Señor es eterna. Por tu mandamiento subsisten hasta hoy, porque todo está a tu servicio. Tu palabra, Señor es eterna. La explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los ignorantes. Tu palabra, Señor es eterna. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, enséñame tus leyes. Tu palabra, Señor es eterna. Que mi alma viva para alabarte, que tus mandamientos me auxilien. Tu palabra, Señor es eterna. Evangelio de Hoy: Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17, 20-25 En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el Reino de Dios, Jesús les contestó: El Reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el Reino de Dios está dentro de vosotros. Dijo a sus discípulos: - Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación. Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡La Sabiduría es Poder de Dios! Una de las más impresionantes páginas de toda la Biblia sobre el misterio de La Sabiduría creadora y organizadora de Dios, que crea y organiza el universo y el mundo que conocemos, la presenta este capítulo 7 del Libro de la Sabiduría que la define como: “Un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil, penetrante, inmaculado, diáfano, invulnerable, amante del bien, agudo, incoercible, benéfico, amigo de los hombres, firme, seguro, sin inquietudes, que todo lo puede, todo lo observa, que penetra todos los espíritus, los inteligentes, los puros, los más sutiles, lo atraviesa y lo penetra todo ese efluvio del poder de Dios, emanación pura de la gloria del omnipotente, irradiación de la luz eterna. Espejo límpido de la actividad de Dios e imagen de su bondad”. Encontramos en esta serie de adjetivos como La Sabiduría es luz de luz y refleja perfectamente la actividad de Dios en todo lo creado, en el universo, en la tierra, el mundo como hoy lo conocemos. Para concluir “que por la sabiduría conseguimos el bien supremo que es la amistad con Dios y con su amor, y que en Jesucristo se nos ha manifestado el amor de Dios”. Y podríamos agregar “la sabiduría de Dios para que siguiendo su ejemplo y teniendo sus sentimientos, aprendamos a ser sabios como Él”. Concluirá de una manera casi poética: “Que la sabiduría comparada con la luz del día, con la luz del sol, sale vencedora, porque la luz del sol deja paso a la noche (lo sabemos por la rotación de la tierra). Mientras que la sabiduría de Dios no conoce ocaso y no la puede dominar la oscuridad, ni el mal”. Qué impresionante lectura de Sabiduría, capítulo 7, que recomiendo ampliamente como tema de oración. Por eso el salmo elegido por la liturgia de este día es precioso cuando decimos: “Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo, tu fidelidad de generación en generación. Fundaste la tierra y permanece. Por tu mandamiento subsisten hasta hoy, porque todo está a tu servicio. Haz brillar tu rostro sobre tus siervos. Enséñame tus decretos, Señor”. Muy impresionante este tema de La Sabiduría de Dios que gobierna el universo de una manera perfecta y nos hace recordar la famosa expresión del físico más reconocido en la primera mitad del siglo XX, Albert Einstein, cuando afirmó al final de su vida y después de lanzar la famosa Teoría de la Relatividad que le ganó a la postre un reconocimiento en la comunidad científica mundial. Decía Albert Einstein: “Dios no juega a los dados, Dios en el mundo no ha jugado al azar, a la suerte. Todo está pensado desde lo que la comunidad científica en su momento ha llamado un diseño inteligente, miles y miles de variables para que se diera la vida vegetal, animal y humana, tal como hoy la conocemos. Y detrás de todo esto, la sabiduría de Dios”. Porque a veces nos admiramos con la extensión que parece infinita del universo; pero no nos admiramos con la extensión del Creador del universo, de la profundidad, la gloria, la grandeza y la solemnidad de Dios que nos ha dado el mundo y el universo, tal como hoy apenas alcanzamos a atisbar, a hacer arañazos. Porque es un misterio tan grande que apenas tenemos aproximaciones sobre el misterio del universo, en el cual somos un punto, en un espacio que parece infinito. Pero pasemos al evangelio de hoy, tomado de Lucas en el capítulo 17, cuando ante la pregunta de los fariseos ¿cuándo va a llegar el Reino de Dios? Jesús no se compromete con fechas y dirá: “Simplemente no van a creer a aquellos falsos profetas que dirán, está aquí o está allá, son equivocados estos hombres, no les crean”. Y simplemente hará una afirmación: “El Reino de Dios está en ustedes”. Otras traducciones dicen: “Está dentro de ustedes o en medio de ustedes”. Hay una famosa obra o libro de León Tolstoi: ¡El Reino de Dios está en ti, está dentro de nosotros! Y en el fondo, cuando analizamos el mundo, descubrimos que en lo profundo del ser habita Dios y su Reino de amor, de justicia y de paz. Y que sólo los hombres y mujeres que tienen capacidad de interiorización, de intimidad, de internalizar a lo profundo de su ser y mirar allá en lo hondo del corazón, van a encontrar a Dios. Algún sacerdote fundador de un movimiento llamado Vida Espiritual, afirmaba con gran sabiduría: “En el laberinto del mundo de la vida moderna la salida a ese laberinto no es hacia fuera, sino hacia adentro”. Lo creo firmemente. No es en la revolución tecnológica, en el avance científico, en el progreso y el bienestar material, donde vamos a encontrar las grandes respuestas a los más hondos interrogantes humanos. Es sólo cuando el hombre es capaz de bajarse de la barca que está en la superficie del océano de su alma, ponerse un traje de buceo y lanzarse en el mar profundo de su espíritu. Cuando es capaz de bucear allí es cuando será capaz de encontrar luz y respuestas para su vida. Hoy, cuando te preguntas sobre el origen y sobre todo el final de tu vida, cuando te cuestionas sobre el sentido de tu existencia, cuando te interrogas sobre el misterio del bien y del mal, dónde encontrar la verdad o cómo denunciar y descubrir la mentira. Mira en lo profundo de tu ser y allí el Espíritu Divino, el Maestro interior, te irá enseñando caminos que no has recorrido en tu vida. Un filósofo creyente de origen surcoreano, Byun Chul Han, a propósito de un ensayo sobre Dios apoyado en la vida de la mística francesa Simone Weil nos dirá: “Que el hombre, mientras no abandone esta superficialidad de la vida, este agite de aguas superficiales en la base o en la superficie del océano, no va a encontrarse profundamente con su identidad y con la misión de su vida”. Hoy te invito para que por el camino del silenciamiento aprendas a sacar espacios diarios contigo mismo y buscarte no sólo a ti, que es lo propio de las espiritualidades budistas, muy distinta de la espiritualidad cristiana, que es una búsqueda egoica o egocéntrica del propio yo, el budismo que está tan de moda en las élites sociales y económicas de Occidente. Busca un tú, no un yo, no es la búsqueda egoica o egocéntrica, lo repito, busca un tú, el Espíritu de Jesús que mora en lo profundo de tu ser y Él te mostrará como el Reino de Dios habita en ti y te toca simplemente traspasar ese desierto árido de tus zonas oscuras, de equívocos, de frustraciones, de fracasos, de yerros. Ir a lo más luminoso y lo más profundo de tu ser y allí encontrarás al Señor. “Cuídate, (nos advierte el evangelio de hoy) de esos falsos profetas que quieren embaucar y que dicen, Jesús ya viene, ya llega; el Reino de Dios está aquí o está allá”. Y Jesús nos dirá: “No vayan, ni corran tras esos falsos profetas, pues de una manera tan visible y tan manifiesta como el fulgor o el resplandor del relámpago, así brillará de un extremo del cielo a otro, el Hijo del Hombre cuando venga en su día. Ahora nos toca esperar con paciencia, porque habrá persecuciones, sufrimiento, padecimientos y rechazos a todos los discípulos de Jesús”, según dice el final del evangelio de hoy. “Es necesario que se padezca mucho y seamos reprobados, rechazados por esta generación”. De hecho, si todo el mundo te alaba, eres un falso profeta. Y si no faltan los hombres y mujeres del mundo que cuestionan tu fe, tu modo de pensar, tu estilo de vida, créeme que estás en el camino correcto, el camino del verdadero profeta de Dios. Teresa de Jesús afirmaba a una de sus monjas que se quejaba de la cruz que llevaba en la vida religiosa y le decía: “Si tienes cruz, no te preocupes, es buena señal, que estás en el camino de Dios”. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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