¡Lo que es abominable para Dios!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-11-13T21:33:30Z
dc.date.available2025-11-13T21:33:30Z
dc.date.issued2025-11-08
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Lo que es abominable para Dios! La Carta de san Pablo a los Romanos termina con una serie de saludos y recuerdos que ponen de manifiesto los delicados sentimientos del apóstol de los gentiles hacia aquellos cristianos de Roma. Por esta lectura del capítulo 16 conocemos los nombres de muchos de los primeros cristianos, de los primeros creyentes que supieron luchar y sufrir por el evangelio y también la gran fraternidad y comunión que reinaba entre ellos. Este texto de la Carta a los Romanos termina con un pensamiento básico y fundamental de la teología de Pablo. “Dios es quien confirma la predicación del evangelio. Dios es quien da crecimiento a la Palabra anunciada. Él, el solo sabio, al que por medio de Jesucristo sea la gloria por los siglos de los siglos”. Pero pasemos al salmo de hoy, el salmo litúrgico 144 cuando se nos invita a alabar al Señor diciendo: “Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey; día tras día te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza. Es incalculable su grandeza. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor. Que te bendigan todos tus fieles. Que proclamen la gloria de tu reinado. Que hablen de tus hazañas”. Pero pasemos al evangelio de san Lucas. Cuando Jesús, en una enseñanza que nos puede parecer enigmática o hasta contradictoria, habla “de ganarnos amigos en el cielo con la riqueza, con el dinero de iniquidad, el dinero que es injusto”. Hoy te invito para que medites en esa primera enseñanza del evangelio de hoy, cuando hay dinero que tal vez es fruto de la explotación sobre otros, ¿cómo ganar amigos en el cielo?, ¿cómo alcanzar las moradas eternas? En el fondo recordamos la expresión del apóstol Pablo cuando dice: “La caridad cubre la multitud de los pecados”. Y en el fondo, el que de manera compasiva y por demás sabia utiliza su patrimonio, su riqueza para crear una fundación, para servir a una causa noble, para ayudar a los necesitados de esta tierra. En el fondo, está ganándose amigos en el cielo en aquellos que sirve. En el fondo, la riqueza que en principio podría parecer inicua o injusta, nos sirve para alcanzar las moradas eternas. Pero viene una segunda enseñanza para nuestra vida. Y es “que hay que ser fiel en lo poco, en lo pequeño, para alcanzar a ser fiel en lo grande”. En el fondo nos indica que la fidelidad es un proceso, es un camino y que si no tenemos pequeñas fidelidades en los actos cotidianos de la vida, en el manejo del dinero, en la fidelidad a la vida y al amor matrimonial o conyugal, en la fidelidad al principio o a los principios éticos y morales enseñados por nuestros padres, no podremos ser fieles en momentos supremos de prueba o de grandes tentaciones en el mundo de dinero fácil, de amores prohibidos, de romper los principios morales, éticos y filosóficos que nos han enseñado desde casa. Hoy te digo que siempre seremos tentados, inducidos al mal, a violar la fidelidad primera y universal que es a Dios el que nos ha dado la vida, nos ha dado la salud, nos ha dado los bienes terrenales, nos ha dado la familia, nos ha sostenido hasta este momento, nos ha liberado de males y peligros, nos ha levantado de caídas que pensábamos que no íbamos a ser capaces de ser levantados. Por eso hoy revisa tu vida, yo hago lo propio con la mía. Y aprendamos ese valor supremo de la fidelidad, porque solo cuando seamos fieles en las cosas del mundo, Dios nos encomendará la verdadera fidelidad a la riqueza del cielo, a la riqueza en Dios. Qué fácil un par de esposos en la ceremonia matrimonial se prometen amor y fidelidad eternamente; y que fácil pueden romper ese compromiso hecho de manera solemne, pública y religiosa en una Iglesia, en un templo parroquial de cara a todos sus familiares, amigos y personas significativas en su vida. Aprende la fidelidad en los pequeños detalles, las miradas, las conversaciones, los escritos en el chat que realizas con otras personas. Porque si en esos pequeños detalles de lo que miras, de lo que hablas, de lo que escuchas, de lo que chateas en el mundo tecnológico, aprenderás a ser fiel cuando haya peligros o tentaciones grandes. Pero avanza nuestra reflexión hablándonos de la radical exclusión entre Dios y el dinero. Y afirmará de manera tajante Jesús una máxima evangélica que es repetida constante y continuamente: “No se puede servir a dos señores, al Dios del cielo y al dios de la tierra simultáneamente; porque se amará uno y se odiará al otro. Se atenderá a uno y se descuidará al otro. No podemos servir a dos dioses al mismo tiempo”. El dinero, que es el dios del mundo, excluye el amor generoso, compasivo y entregado que nos propone Dios en su Hijo Jesucristo y que es modelo universal de imitación para todos nosotros. Cuántas almas pienso en este momento se han perdido, porque a la manera del joven rico en la parábola evangélica o en la imagen evangélica, aunque fue generoso en todo, al final, cuando Jesús le pide vender sus bienes y dar la venta o el producto de la venta a los pobres, el joven rico frunce el ceño, da media vuelta de espaldas a Jesús y se marcha triste y pesaroso, porque su amor por la riqueza era más grande que su amor por Cristo y el seguimiento de su vida. Esta imagen evangélica no es tan lejana a nosotros y nos pone a pensar de alguna manera cómo en el corazón humano de manera universal podríamos afirmar, hay esa tendencia concupiscente, desordenada, a atesorar, acumular, a poseer, a asegurar la vida desde las cosas materiales. Recordaremos también la anécdota de ese rico comerciante en trigo que tiene una cosecha espectacular y le toca tumbar las bodegas y construir unas más grandes y tener una reserva económica para muchos años. Y se dice a sí mismo “tírate a una cama, come, bebe, banquetea, alégrate porque tienes dinero para muchos años, creyendo que el dinero asegura la vida”. Pero le dirá Jesús: “Tonto, esta noche se te pedirá la vida; ¿de quién serán los bienes que has acumulado?” Y nos recuerda esto dos verdades fundamentales. Ni el dinero, aunque lo busquemos tan afanosamente, asegura que no vamos a morir. Por el contrario, también se mueren los ricos, se mueren los poderosos. Y el dinero tampoco nos asegura la vida eterna, la salvación definitiva del alma. Concluirá el evangelio señalando una burla de los fariseos “que amigos del dinero”, según dice el evangelista Lucas, escuchaban a Jesús. Pero era tal la valía que daban a los bienes materiales que la enseñanza de Jesús, lejos de tomarla en serio y considerarla válida, lo miran como un tonto. De hecho, no es la historia de los fariseos hace 2000 años, es la historia de muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo que se llaman hombres y mujeres de negocios que publicitan permanentemente en redes sociales sus emprendimientos y nos hablan de una felicidad aparente diciendo “si sigues esta ruta, si atiendes esta propuesta, este negocio que te hago serás la persona más feliz, más rica, más afortunada. Harás dinero fácil y abundantemente y en corto tiempo”. Hoy cuantos se burlan de la propuesta de Jesús en el siglo XXI y no sólo los fariseos del siglo I. Pero Jesús da una respuesta a aquellos que se sienten sabelotodo, entendidos, inteligentones y muy listos. Y Jesús les dirá: “Ustedes se las dan de hombres sabios y justos delante de los hombres; pero Dios conoce sus corazones”. Y les hace una advertencia de manera tajante: “Lo que es sublime, importante para los hombres, es abominable a los ojos de Dios”. Hoy aquello que nos parece lo más importante en la vida el éxito económico, el ascenso profesional, el prestigio social, el reconocimiento público en redes sociales, es una verdadera abominación, tontería y engaño para Dios. ¿Quién será el equivocado?, ¿quién estará del lado de la verdad? Esperemos, como decían las abuelas, sobre la muerte: “El día de la quema, del incendio se verá el humo”. Esperemos el día de nuestra muerte y nos daremos cuenta que con mucho dinero y aun así no nos alcanzó para cuidar la vida y menos nos alcanzó para lograr la salvación de nuestras almas. Que el Señor nos dé sabiduría para vivir y nos bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 16, 9-15 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la carta del apóstol san Pablo a los romanos 16, 3-9.16.22-27: Hermanos: Saludos a Prisca y Aquila, colaboradores míos en la obra de Cristo Jesús; por salvar mi vida expusieron su cabeza, y no soy yo sólo quien les está agradecido, también todas las Iglesias de los gentiles. Saludad a la Iglesia que se reúne en su casa. Saludos a mi querido Epéneto, el primer convertido de Cristo en Asia. Saludos a Maria, que ha trabajado mucho por vosotros. Saludos a Andrónico y Junia, mis paisanos y compañeros de prisión, ilustres entre los apóstoles, que llegaron a Cristo antes que yo. Saludos a Ampliato, mi amigo en el Señor. Saludos a Urbano, colaborador mío en la obra de Cristo, y a mi querido Estaquis. Saludaos unos a otros con el beso ritual. Todas las Iglesias de Cristo os saludan. Yo, Tercio, que escribo la carta, os mando un saludo en el Señor. Os saluda Gayo, que me hospeda, y toda esta Iglesia. Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y nuestro hermano Cuarto. Al que puede fortaleceros según el Evangelio que yo proclamo, predicando a Cristo Jesús, revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora en los escritos proféticos, dado a conocer por decreto del Dios eterno, para traer a todas las naciones a la obediencia de la fe, al Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 145(144), 2-3.4-5.10-11 (R. cf. 1) Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey. Una generación pondera tus obras a la otra y le cuenta tus hazañas. Alaban ellos la gloria de tu majestad, y yo repito tus maravillas. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 16, 9-15 En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: -Ganaos amigos con el dinero injusto, para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Oyeron esto unos fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de Él. Jesús les dijo: -Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres, Dios la detesta. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectCaridad
dc.subjectDios
dc.subjectDinero
dc.subjectFidelidad
dc.subjectFieles en lo grande
dc.subjectFieles en lo poco
dc.subjectPecados
dc.subjectPermanecer fieles
dc.subjectServir a Dios
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Lo que es abominable para Dios!
dc.title.alternativeAstucias de Dios

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