¡Bienaventurados!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 5, 1-12 Lectura del día de hoy Lectura de la segunda carta a los Corintios 1,1-7: Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Timoteo, el hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya; a vosotros gracia y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo. ¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en toda tribulación nuestra para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios! Pues, así como abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, igualmente abunda también por Cristo nuestra consolación. Si somos atribulados, lo somos para consuelo y salvación vuestra; si somos consolados, lo somos para el consuelo vuestro, que os hace soportar con paciencia los mismos sufrimientos que también nosotros soportamos. Es firme nuestra esperanza respecto de vosotros; pues sabemos que, como sois solidarios con nosotros en los sufrimientos, así lo seréis también en la consolación. Salmo del día de hoy Salmo 34: Gustad y ved qué bueno es el Señor. Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias. Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias. El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege. Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él. Evangelio del día de hoy Del Evangelio según San Mateo 5, 1-12: En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.» Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada de la Carta del apóstol san Pablo a los Corintios, nos muestra como el apóstol de los gentiles, Pablo, bendice a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias, y Dios de todo consuelo, porque Él, no deja de consolarnos en cualquier tribulación, hasta el punto de que al ser consolados por Dios, podemos y tenemos la capacidad de consolar a los demás en sus luchas y sufrimientos, mediante el poder del consuelo con el que nosotros mismos somos sostenidos y consolados por Dios. Pablo reconoce que, en la tarea como evangelizador, han abundado en su vida sufrimientos, pero también han abundado los consuelos que vienen de Cristo; de hecho, reconoce si pasamos tribulaciones, ellas son para consuelo y salvación de todos aquellos por quienes predica, y si somos consolados, es para consuelo de todos. Al final, habla de una palabra que hoy nuestro mundo necesita mucho, la palabra esperanza. La esperanza es Cristo resucitado, por eso es una esperanza firme que más allá de las pruebas y sufrimientos de la vida, siempre tendremos la fuerza y el consuelo que nos viene de Dios Padre a través de su Hijo Jesucristo. Pero pasemos al evangelio de hoy, para muchos el más bello texto de todo el nuevo testamento, hablamos nada más y nada menos, que, del Sermón de las Bienaventuranzas, que está contenidos en los primeros 12 versículos del capítulo 5 de san Mateo, y que nos habla de ocho caminos para alcanzar la bienaventuranza con Dios, esto es, la vida eterna, la vida divina con Dios. En efecto, y en contradicción, en contravía, a contracorriente de todo el pensamiento del mundo, Jesús en un momento de profunda inspiración y lleno del Espíritu divino, llamará felices, dichosos, bienaventurados, a los pobres de espíritu, a los mansos de corazón, a los que ahora lloran y sufren, siguiendo un poco la línea de la primera lectura; llamará bienaventurados a los hambrientos y sedientos de justicia, a los misericordiosos, a los limpios de corazón, a los que trabajan por la paz, y finalmente, llamará bienaventurados a lo que nos parece incomprensible, los perseguidos, los calumniados, los maltratados por los hombres de esta tierra. Quedémonos con la primera y la última de las bienaventuranzas, la primera porque es una síntesis muy bien lograda de lo que es el espíritu cristiano, el ser pobre de corazón, que no es ni mucho menos ser tonto, ser pobre de corazón es ser humilde, estar vaciados y vacíos de nuestro orgullo y abrirnos total y confiadamente a la gracia, al amor y a la vida nueva de Dios Padre que hemos recibido por su Hijo Jesucristo en el Espíritu Santo. Cuando pretendemos tener control sobre todas las variables de nuestra vida, cuando nos sentimos pequeños dioses y a veces todopoderosos por manejar un poco de inteligencia artificial, de tecnologías, creer que tenemos el control perfecto sobre nuestra vida, nos viene muy bien escuchar esta enseñanza, que no por paradójica deja de ser profundamente sabia para nuestra vida: sólo el que es libre frente a sí mismo, libre de egos, libre de orgullos, libre frente a la opinión de los demás y sólo totalmente confiado a Dios, ese pobre de corazón alcanzará el reino de los cielos. Pero también hablábamos de la última bienaventuranza, que hoy por hoy es muy actual, dice en efecto san Mateo, poniendo en labios de Jesús esta afirmación: “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos, bienaventurados ustedes cuando los insulten y los persigan y los maldigan, y los calumnien de cualquier modo por mi causa, alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes”. Pienso en tantos mártires en países de Oriente Medio, de África y de Asia, donde la fe cristiana es minoritaria, mártires de sangre; pero pienso también en tantos mártires morales en Occidente, en Europa donde el cristianismo, los obispos y los sacerdotes son denostados, despreciados y denigrados, y aún en América Latina, países como Nicaragua, Chile, Venezuela, aún la misma Colombia y México, donde cada vez se siente más la hostilidad, la difamación, la rabia y si se quiere más profundamente, el odio contra todo lo que signifique la fe cristiana católica o la representación de la misma en sus sacerdotes. Para nadie es un secreto, que claro, en la Iglesia ha habido errores y equivocaciones, pero esos errores hoy se magnifican y se utilizan como una clara estrategia política para atacar, deslegitimar, destruir la fe de los creyentes en la Iglesia y en sus ministros ordenados. El Papa Francisco habla de que, en Occidente, Europa y América, será una persecución educada, entendiendo por ello una persecución sutil, inteligente, y repetimos a partir de fallas de ministros de la Iglesia por lo que se ha pedido perdón en numerosas veces. Hoy se quiere deslegitimar y destruir la obra de evangelización, de bien y de luz, de servicio a la humanidad, de reconciliación entre los hombres que la Iglesia ha prestado por 2000 años. Hoy oremos por tantos inocentes, laicos, religiosas, sacerdotes que son difamados, que son crucificados pública y mediáticamente, por odio a la Iglesia, por lucro de ganancia económica de algunos interesados y declarados perseguidores, y también son perseguidos porque cumplen el proyecto profético de Jesús: “Si a mí me persiguieron, a ustedes también, o con ustedes también lo harán”. Señor, frente a este genocidio moral contra la Iglesia, donde atacan figuras como el mismo san Juan Pablo II, mediáticamente, y personas de forma calculada, maliciosa e infame; oremos, oremos por la Iglesia y entendamos, que es la Iglesia en tiempos de persecución, cuando más ha depurado su fe, cuando más ha crecido y se ha decantado en su tarea evangelizadora. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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