¡Elige lo esencial para tu vida!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 10, 38-42 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de profeta Jonás (3,1-10): En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: «Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar allí el mensaje que te voy a indicar». Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla. Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida». Los ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto: «Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban. Que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios, y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos». Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 130(129), 1-2.3-4.7bc-8 Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto. Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos. Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 10, 38-42 En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta, se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano». Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán.» Palabra del Señor, gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Elige lo esencial para tu vida! En este ¡Día Mundial del Santo Rosario!, encomendémonos de manera especial a la intercesión poderosa y a la intercesión amorosa de Nuestra Señora, la Virgen María del Rosario. Las lecturas de este día de manera privilegiada, la de Jonás en el capítulo 3, nos muestra la segunda llamada que Dios dirige al profeta. Le invita: “A ponerse en marcha a la gran ciudad de Nínive y anunciarle el mensaje de que si la grandiosa ciudad Ninivita no se convierte dentro de 40 días, será destruida, será arrasada”. Pero al contrario de lo que aconteció con otras ciudades bíblicas, los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron un ayuno, se vistieron con sayal de manera penitencial. La noticia llegó a todos, desde el rey hasta el último de los hombres, pasando también por los animales. Todos ayunaron, todos hicieron penitencia, todos se convirtieron de su mal camino y abandonaron la violencia esperando que Dios cambiara de opinión, se compadeciera de ellos y se arrepintiera de la amenaza que con ira había proferido en el sentido de destruir la ciudad. “Viendo Dios el comportamiento de los ninivitas, (nos dirá el capítulo 3 de Jonás), se arrepintió de la desgracia que había determinado enviarles. Así que no la ejecutó”. Con razón el salmo responsorial en la liturgia, el 129, nos invita a responder: ¿si llevas cuenta de los delitos, Señor, quién podrá resistir? Y nos invita a clamar en espíritu orante: “Desde lo hondo a ti grito Señor, escucha mi voz. Estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica”. ¿Si llevas cuenta de los delitos, Señor, quién podrá resistir? “Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto. Porque del Señor viene la misericordia, la redención abundante. Y el Señor redimirá a Israel de todos sus delitos”. Hoy tú y yo, cuando sintamos sobre nuestra vida la carga y el peso de nuestros pecados, ten presente que si Dios mirara como miramos los hombres, ¿quién podría presentarse ante su mirada con la carga de pecados y de errores que hay en nuestra vida? Pero Él nos mira de manera distinta, nos mira con misericordia, y su redención abundante nos alcanza a todos. Pero pasemos al evangelio de Lucas, capítulo 10, donde Jesús, entrando en una aldea, visitando una familia muy querida Marta, María y Lázaro (que al parecer no estaba allí presente), va a visitar a sus amigos. Conocemos la historia de la acogida proverbial de Marta y del espíritu orante y disponible que escucha la Palabra de Jesús por parte de María. Destaquemos de este evangelio grandes valores para nuestra vida. El primero, Betania, donde vivían Marta, María y Lázaro, es una casa, una familia, un hogar que simboliza el valor de la amistad del Hijo de Dios con sus amigos, con quienes se siente cercano, identificado, a donde va a compartir con sencillez la vida. Pero hay un segundo valor fundamental, el de la acogida. Qué hermoso acoger a Jesús en nuestra vida, en nuestra casa, cuando acogemos a personas aparentemente extrañas, pero que son imagen viva de Dios. Como decía en su momento el Papa Francisco: “La carne viva de Cristo”. Nunca olvidemos que, al practicar el valor de la acogida, muy en el fondo estamos acogiendo al mismo Dios en la presencia, en la persona concreta del sufriente, de aquel que busca nuestra amistad, nuestro cariño. En un tercer valor reconocemos como la mujer, y concretamente Marta y María, hermanas entre ellas son cercanas junto con la Magdalena, con Juana (mujer de Cusa) y otras mujeres con Susana son cercanas a Jesús. En una sociedad machista como la judía hace 2000 años y cómo la mujer es especialmente valorada por el Hijo de Dios. En un cuarto valor, descubramos cómo escuchar a Jesús nos lleva a configurar en profundidad el ser personal. Fue la actitud de María de Betania que, sentada humildemente pero atentamente a los pies del Maestro, escucha su Palabra, atiende su mensaje, lo acoge en el corazón. Hoy, en nuestra sociedad de tantos gritos, de tantos mensajes, de tanta publicidad, de tanta propaganda, hay que hacer silencio para escuchar la voz de Dios y sobre todo, diferenciarla, distinguirla de tantas voces humanas que al fin de cuenta no son más que ruido que va y viene, pero que no es capaz de cambiar y transformar, convertir profundamente nuestra vida, como sí lo hace la voz de Dios cuando la escuchamos con atención a ejemplo de María de Betania. Pero encontramos un quinto valor y es el del servicio. Si María es la que escucha a los pies de Jesús, su Palabra Divina y Salvadora. Marta de Betania, su hermana, es la que sirve y atiende con cariño al Maestro, al rabino, al profeta, al amigo, al Hijo de Dios hecho hombre. Tanto el escuchar la Palabra como el servir a Jesús en los demás son dos actitudes, dos valores fundamentales y profundamente humanos, con los cuales nosotros podemos agradar a Dios. Pero hay que entender que se necesita un equilibrio entre ese escuchar el ser de María y el hacer de Marta en el servicio. Porque cuando a veces trabajamos, trabajamos, trabajamos, servimos, servimos, servimos sin escuchar, sin entrar en oración y en intimidad con Jesús, podemos experimentar fatiga, cansancio de la vida, secreto desencanto y desilusión de nuestro seguimiento de Jesús. Por eso se necesita ese sano equilibrio de escuchar a Jesús en oración, de meditar su Palabra, de visitarlo en su presencia sacramental, de celebrar la Eucaristía diaria, de vivir en fraternidad para que nuestro hacer, nuestra misión, nuestro servicio, no se vuelva un quehacer cansado que con el paso del tiempo genera fatiga y, sobre todo, pérdida de gusto y pérdida de sentido de vida. En un sexto valor reconocemos el poder de las buenas decisiones. Cuando Jesús de alguna manera reprochando a Marta por su activismo desbordado, le dice: “María ha escogido la mejor parte, María ha tomado la mejor decisión y tú estás llamada a imitarla”. Hoy te pregunto ¿en tus decisiones cotidianas optas por Jesús?, ¿tomas las mejores elecciones para tu vida? O ¿eres una persona a veces atolondrada, activista, desbordada en funcionalismo, en movimientos aquí y allá y al final dejamos lo importante de la vida y tomamos decisiones equivocadas? Entre el ser de María de Betania y el hacer de Marta de Betania, primero es el ser, el estar en intimidad con Jesús, en amistad y amor con Él. Y luego el hacer, el servicio a Jesús y a todos los hermanos, presencia e imagen de Jesús. Terminamos nuestra reflexión con un séptimo y último valor, y es que María de Betania ha apuntado a lo esencial. Y esto me hace recordar una frase que dice: “Que un santo es aquel que en su vida apunta a lo esencial”. Ya no somos, como en los años de juventud, una regadera que echa agua a todo lo que se mueva o una escopeta de cuatro cañones que dispara a todo lo que anda por ahí en la vida. Aprendemos con los años y, sobre todo, con la sabiduría, la ponderación, la sensatez y la madurez que dan los años, apuntar a lo esencial y lo esencial solamente es Jesús. Con razón Teresa, la mística española, nos dirá: “Que todo en la vida se pasa, que Dios no se muda, que la paciencia todo lo alcanza. Que quien a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios es esencial, solo Dios basta”. Que no nos pasen los años y sigamos en la inmadurez, en la irreflexión propia de los años de juventud. Que no nos pasen los años y no aprendamos, no dejemos de aprender la gran lección: ¡Lo único importante, lo único esencial en la vida es Dios, inspirando, guiando y acompañando todas nuestras acciones! ¡Con Cristo todo lo puedo, sin Cristo nada puedo! Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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