¿Corazón arrepentido o endurecido?
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Lucas 11, 29-32
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: de la profecía de Jonás. 3, 1-10
El Señor dirigió la palabra a Jonás: «Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Nínive; allí les anunciarás el mensaje que yo te comunicaré». Jonás se puso en marcha hacia Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla. Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día, proclamando: «Dentro de cuarenta días, Nínive será arrasada». Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron un ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor. La noticia llegó a oídos del rey de Nínive, que se levantó de su trono, se despojó del manto real, se cubrió con rudo sayal y se sentó sobre el polvo. Después ordenó proclamar en Nínive este anuncio de parte del rey y de sus ministros: «Que hombres y animales, ganado mayor y menor no coman nada; que no pasten ni beban agua. Que hombres y animales se cubran con rudo sayal e invoquen a Dios con ardor. Que cada cual se convierta de su mal camino y abandone la violencia. ¡Quién sabe si Dios cambiará y se compadecerá, se arrepentirá de su violenta ira y no nos destruirá!». Vio Dios su comportamiento, cómo habían abandonado el mal camino, y se arrepintió de la desgracia que había determinado enviarles. Así que no la ejecutó.
Palabra de Dios». Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 51(50), 3-4. 12-13. 18-19
Un corazón quebrantado y humillado, oh, Dios, Tú no lo desprecias.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
impia mi pecado.
Un corazón quebrantado y humillado, oh, Dios, Tú no lo desprecias.
Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu Rostro,
no me quites tu Santo Espíritu.
Un corazón quebrantado y humillado, oh, Dios, Tú no lo desprecias.
Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado, Tú, oh, Dios, Tú no lo desprecias.
Un corazón quebrantado y humillado, oh, Dios, Tú no lo desprecias.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 11, 29-32
En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y Él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
La misión de los profetas, sobre todo en el antiguo testamento, era la de ser la voz de Dios, la voz en favor de Dios, y les tocaba dentro de su misión, anunciar el amor liberador del buen Dios, pero también denunciar el pecado del pueblo, sobre todo la idolatría, haciéndose nuevos dioses y falsos por demás, y finalmente, renunciar como profetas al espíritu del mundo. Estas tres palabras: anunciar, denunciar y renunciar es lo propio de los profetas y esto hacía que su misión a veces fuera un tanto ingrata. De hecho, Dios encomienda al profeta Jonás, ir a una de las más grandes ciudades del mundo antiguo, Nínive, y anunciarles la destrucción de toda la ciudad por su pecado, su idolatría y dar un tiempo preciso para el cumplimiento de esta promesa de destrucción, 40 días. Jonás se pone en marcha, llega a la gran ciudad y atendiendo la orden del Señor, proclama: “En 40 días Nínive será arrasada”. Lo que no imaginaba es que, en este pueblo, aparentemente pagano y descreído, creyó, creyó en la palabra de Dios a través del profeta Jonás y a través del ayuno (la privación de alimentos y una forma muy de la época y de los judíos de hacer penitencia, vestirse con sayal, que era una manta o una túnica ruda y muy austera), hacían penitencias a veces también despojándose de sus mantos, acostándose sobre el polvo, colocándose ceniza en la corona, coronilla de su cabeza. Pero además de los habitantes de Nínive, el mismo rey dio la orden que todos en la ciudad, que hombres y animales nadie coma, que hagan ayuno, que no pasten los animales, ni beban agua, que todos cumplan con el ayuno y la penitencia que pide el profeta Jonás y quizás Dios se arrepienta de su promesa de castigo, se compadezca de nosotros, cese su ira y no destruya a Nínive.
En efecto, Dios, viendo el buen espíritu de los ninivitas y de su rey, se arrepintió de destruirles y no ejecutó la orden. Llama la atención que mientras para Dios el motivo de alegría no destruir al hombre, no acabar con los ninivitas, Jonás quedó disgustado (aunque no lo diga el texto de hoy), y se sintió un poco mal porque pensó que su palabra no había sido cumplida, no había entendido que su misión no era anunciar la destrucción de Nínive, sino motivar y estimular la conversión y el arrepentimiento de los suyos.
Por eso, en esta misma línea de pensamiento está el salmo que la liturgia de este día nos presenta, el salmo Miserere o misericordia, cuando dice: “Un corazón quebrantado y humillado, oh, Dios, tú no lo desprecias”. El salmista, en un texto que todos conocemos profundamente, dirá: “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión, borra mi culpa, la de toda mi vida; lávame del todo mi delito, limpia mi pecado”. Y luego, de una manera muy expresiva, afirmará: “Oh, Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme, no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu Santo Espíritu”. Y concluirá diciendo: “Que el único sacrificio agradable a Dios no es el de animales en holocausto ritual, sino un espíritu quebrantado y humillado, Dios jamás lo desprecia”.
Estas dos lecturas, la primera y el salmo, nos preparan a entender mejor el evangelio de Lucas, donde Jesús se duele de la dureza de corazón de la generación de personas de su tiempo cuando piden signos, señales, milagros para creer que Él verdaderamente es el Cristo, el Christós, el Ungido, el enviado por Dios como Salvador de la humanidad y para perdonarnos nuestros pecados. Jesús, con alguna indignación dirá: “Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, su profecía (la primera lectura de hoy) y la reina del sur tuvo en el rey Salomón y en su sabiduría, un signo también para ella convertirse, pero esta generación que pide signos no se les dará más señales, porque si aquellos creyeron con el testimonio de Jonás o del mismo rey Salomón, Jesús es más grande (y lo repite de manera explícita) que el profeta Jonás, y es más grande también que el rey Salomón, de manera que sus palabras deben de llevarlos a creer, a convertirse, a arrepentirse de sus pecados, a ser hombres y mujeres nuevos”.
Hoy te pregunto y me pregunto a mí mismo ¿mi corazón es un corazón contrito, adolorido por los errores y equivocaciones de la vida que todos tenemos?, o ¿me siento endurecido en mi alma, lleno con orgullo de mí mismo y digo, soy de los que digo, yo no tengo nada de que arrepentirme en esta vida? ¿Cómo piensas?, ¿cómo sientes? Créeme, créeme que el mayor obstáculo para que Dios Salvador en Jesucristo obre en nuestra vida, el mayor obstáculo somos nosotros mismos. Permanentemente la palabra bíblica nos dirá: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón”.
Hoy te invito para que el sufrimiento que hayas tenido en la vida no endurezca tu corazón, no seas de esas personas amargadas, duras, resentidas, rezongonas, fastidiadas con todos y con todo. No dejes endurecer el corazón por los sufrimientos que hayas tenido en la vida, pero más aún, te pido no endurezcas el corazón por vivir, convivir continuamente con el pecado. Es que el primer adulterio te genera remordimiento de conciencia, pero cuando llevas años de doble vida de adulterio, todo se ha normalizado, todo te parece de lo más corriente, todo te parece bien. ¡Qué equivocado, que engañado estás! Cuando he robado y nada me ha pasado y me parece de lo más normal y digo, yo me merezco esto, la otra persona no lo necesita, cómo se ha endurecido tu corazón. Cuando una vida desordena, de promiscuidad, de relaciones afectivas antinaturales, te parece que eso es progreso, que eso es ser una persona moderna de la actual generación, revisa la ley natural, lo que dice tu propia naturaleza y siente que en el fondo del corazón, en tu conciencia, donde Dios nos habla, por más que digas esto es normal, esto está bien, esto no tiene problema, hay algo que te dice, que esto no es natural, no es normal, no está bien del todo así la ideología dominante quiera hacerte aparecer esa relación tuya desordenada como lo más progresista, lo más kool, lo más normal del mundo. La ley de Dios no es como la ley de los hombres, pasajera, engañosa, cambiante; la ley de Dios es eterna, sabia, perfecta y busca nuestra libertad profunda.
Señor, dame arrepentimiento de mis faltas, dame, Señor, dolor por mi falta de fe, aléjame de dejar endurecer el corazón por el sufrimiento, por el pecado, por la soberbia, por el racionalismo, por creer que me las sé todas, por sentirme un pequeño dios de mi propia vida. Dame, Señor, renovar en esta Cuaresma mi vida y ser un hombre, una mujer nuevos.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.