¿Cómo será el último día de mi vida?
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 21, 34-36
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: de la profecía de Daniel 7, 15-27:
Yo, Daniel, me sentía agitado por dentro, y me turbaban las visiones de mi fantasía.
Me acerqué a uno de los que estaban allí en pie y le pedí que me explicase todo aquello.
Él me contestó explicándome el sentido de la visión:
-Esas cuatro fieras gigantescas representan cuatro reinos que surgirán en el mundo. Pero los santos del Altísimo recibirán el reino y lo poseerán por los siglos de los siglos.
Yo quise saber lo que significaba la cuarta fiera, diversa de las demás; la fiera terrible, con dientes de hierro y garras de bronce, que devoraba y trituraba, pateaba las sobras con las pezuñas; lo que significan los diez cuernos de su cabeza, y el otro cuerno que le salía y eliminaba a otros tres, que tenía ojos y una boca que profería insolencias, y era más grande que los otros.
Mientras yo seguía mirando, aquel cuerno luchó contra los santos y los derrotó.
Hasta que llegó el Anciano para hacer justicia a los santos del Altísimo, y empezó el imperio de los santos.
Después me dijo:
-La cuarta bestia es un cuarto reino que habrá en la tierra, diverso de todos los demás; devorará toda la tierra, la trillará y triturará.
Sus diez cuernos son diez reyes que habrá en aquel reino; después vendrá otro, diverso de los precedentes, que destronará a tres reyes; blasfemará contra el Altísimo, e intentará aniquilar a los santos y cambiar el calendario y la ley. Le dejarán los santos en su poder, durante un año, y otro año, y otro año y medio.
Pero cuando se siente el tribunal a juzgar, le quitará el poder y será destruido y aniquilado totalmente.
El poder real y el dominio sobre todos los reinos bajo el cielo será entregado al pueblo de los santos del Altísimo.
Será un reino eterno, al que temerán y se someterán todos los soberanos.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo Dn 3, 82.83.84.85.86.87
Ensalzadlo con himnos por los siglos.
Hijos de los hombres: bendecid al Señor.
Ensalzadlo con himnos por los siglos.
Bendiga Israel al Señor.
Ensalzadlo con himnos por los siglos.
Sacerdotes del Señor: bendecid al Señor.
Ensalzadlo con himnos por los siglos.
Siervos del Señor: bendecid al Señor.
Ensalzadlo con himnos por los siglos.
Almas y espíritus justos: bendecid al Señor.
Ensalzadlo con himnos por los siglos.
Santos y humildes de corazón: bendecid al Señor.
Ensalzadlo con himnos por los siglos.
Evangelio de Hoy:
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 34-36
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre.
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¿Cómo Será el Último Día de mi Vida?
En el puro final del llamado Año Litúrgico Católico, cerramos con este texto precioso de Daniel, capítulo 7, que en la línea de lecturas precedentes nos habla de la visión que tuvo el profeta Daniel y cómo lo turbó profundamente en su corazón. Nos habla “de las bestias gigantescas que representan cuatro reinos que surgirán en el mundo; pero nos habla también de que los creyentes llamados en esta lectura, los santos del Altísimo recibirán el Reino y lo poseerán para siempre por los siglos de los siglos”.
Sin embargo, no podemos caer en triunfalismos y tenemos que reconocer que la lucha eterna entre el bien y el mal, la verdad y la mentira, la luz y la oscuridad, la paz y la guerra, el amor y el desamor, como lo queramos llamar, también tiene momentos de crisis entre los hombres y mujeres de bien.
De hecho, nos dirá en uno de sus párrafos la primera lectura de Daniel, capítulo 7: “Mientras yo seguía mirando aquel cuerno luchó contra los santos de Dios y los derrotó”. De alguna manera reconoce los reveses que en la historia de salvación también tienen los hombres de Dios. Y repetirá más adelante en el texto: “Los santos fueron abandonados al poder del mal durante un año, dos años y medio año. Pero cuando se sienta el tribunal a juzgar, se le quitará el poder al mal y será destruido y aniquilado totalmente”.
Y concluirá de manera bellísima esta primera lectura: “El reinado, el dominio y la grandeza de todos los reinos bajo el cielo, serán entregados al pueblo de los santos del Altísimo”. (Entiéndase los cristianos, entiéndase los creyentes en Dios). Y concluirá diciendo: “Su Reino será un reino eterno al que temerán y se someterán todos los soberanos”.
No desanimes si en tu vida personal, en tu búsqueda por hacer la voluntad de Dios, vives reveses, caídas, fracasos, fallos y sientes y te preguntas: Señor, ¿dónde estás?, ¿por qué me has abandonado?, ¿qué he hecho mal en mi vida para sentir este revés? ¿Por qué aparentemente triunfan los malvados de la tierra y los buenos son arrinconados?
Y podré decirte aparentemente porque al final de la historia, la victoria definitiva, el triunfo final, es de Jesucristo y de los que le pertenecemos a Él.
Pero pasemos al evangelio de san Lucas también el último evangelio de este año litúrgico cuando ya empezaremos mañana, el primer domingo del Adviento preparatorio a Navidad. Y se nos invita “a no tener embotado el corazón, a no vivir distraídos que la llegada del Hijo de Dios será repentino aquel día, como un lazo cae del cielo sobre los que habitan o los habitantes de la tierra”.
Por eso se nos reitera “a la exhortación a estar despiertos en todo tiempo y a pedir la fortaleza interior y espiritual para escapar de todo lo que está por venir y mantenernos en pie ante el Hijo del Hombre”.
De este evangelio saquemos tres sencillas enseñanzas.
La primera, ante la dilación, permítanme la expresión ante la demora en la venida definitiva del Señor al mundo para instaurar su Reino de amor. Siempre habrá la tentación universal de instalarnos, de vivir cómodamente, de vivir del placer, de la riqueza, de dejar de luchar pensando equivocadamente que Cristo se demora en venir a la humanidad y al mundo entero. Nosotros nos acomodamos a los criterios del mundo, nos olvidamos de Dios y la vigilancia tiene que ser siempre una respuesta proactiva frente a la tentación de andar distraídos, desconcentrados, dispersos por el mundo.
Pero hay una segunda enseñanza y es a mantenernos alerta, vigilantes y orantes, porque nadie debe considerarse que está asegurado en su salvación. Sólo el que vigila, sólo el que ora, sólo el que no abandona el servicio de amor a los demás será salvado. Entendamos todos estos textos, sobre todo de la última semana que hemos leído, como una invitación a mantenernos fieles a Dios en medio del sufrimiento, en medio de las tribulaciones propias de los últimos tiempos. Y tendremos que estar fieles liberándonos de la ambición de los bienes materiales que pueden oscurecer el horizonte y el sentido de nuestra propia existencia. Sólo la experiencia de corresponder a un amor más alto, el amor de Dios será la mejor respuesta que podemos dar como testimonio a la generación de nuestro tiempo.
Finalmente, en una tercera enseñanza, nos dirá el texto de manera magnífica: “Sólo el discípulo que esté en oración vigilante y como un servidor fiel, podrá presentarse ante el juicio de Dios con la cabeza en alto, con el pecho erguido”.
Siempre me hago esta pregunta ¿cómo será el final de mi vida?, ¿cómo me encontrará Dios?, ¿cómo seré examinado en lo profundo de mi alma y en las más hondas intenciones de mi corazón? Y te invito a que tú también, en lo único que todos tenemos cierto y asegurado la muerte, digamos, voy a esperar hasta el día final o las semanas últimas de mi vida para disponerme y prepararme para Dios. O desde ahora hago el compromiso de vivir con limpieza de corazón, con rectitud de intención, confiado en la misericordia divina, siendo instrumento del amor de Dios para servir, para entregar la vida, para ayudar a los demás. Como quiero vivir mi vida, así estaré preparando el vivir mi muerte. Porque la muerte también se vive y depende de cómo nosotros hayamos vivido, así moriremos.
Recordarán una frase que me gusta repetir con alguna frecuencia: “Quien no ha resuelto el sentido de su muerte, no ha podido resolver el sentido de su vida, porque una y otra están profundamente unidas en la medida en que en la forma en que vivamos, de esa forma moriremos”. Si hemos vivido en el amor, en el servicio, en la entrega, moriremos con paz, con alegría, como lo hicieron los santos. Por ejemplo, una Teresa de Jesús, santa mística española, cuando decía en sus poemas: “Tan alta vida espero, que muero porque no muero”.
Que cada uno de nosotros, con la confianza en la vida eterna, mirando un horizonte más alto que la consecución de unos bienes materiales y asegurar la vejez con una pensión de jubilación. Pensemos en este último día del año litúrgico, en el día final de nuestra existencia y que podamos decir, marchó tranquilo ante la presencia del buen Dios, con las manos llenas de obras de amor, con la conciencia tranquila de que, en medio de mis limitaciones humanas y mis defectos, traté de obrar siempre de cara al Señor.
Es tu compromiso, es el mío. Y es el compromiso de todos los creyentes, de todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
Que el Señor nos bendiga a todos en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.