¡Dios mío, a ti me acojo!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Juan 7, 40-53 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Jr 11,18-20: El profeta Jeremías habla del Mesías: cordero llevado al matadero. El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó lo que hacían. Yo, como cordero manso, llevado al matadero, no sabía los planes homicidas que contra mí planeaban: «Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra vital, que su nombre no se pronuncie más.» Pero tú, Señor de los ejércitos, juzgas rectamente, pruebas las entrañas y el corazón; veré mi venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 7, 2-3.9bc-10.11-12 (R. 2a) Señor, Dios mío, a ti me acojo. Señor, Dios mío, a ti me acojo, líbrame de mis perseguidores y sálvame, que no me atrapen como leones y me desgarren sin remedio. Señor, Dios mío, a ti me acojo. Júzgame, Señor, según mi justicia, según la inocencia que hay en mí. Cese la maldad de los culpables, y apoya tú al inocente, tú que sondeas el corazón y las entrañas, tú, el Dios justo. Señor, Dios mío, a ti me acojo. Mi escudo es Dios, que salva a los rectos de corazón. Dios es un juez justo, Dios amenaza cada día. Evangelio del día de hoy Señor, Dios mío, a ti me acojo. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Juan 7, 40-53: El pueblo se pregunta quién es Jesús. En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: – «Éste es de verdad el profeta.» Otros decían: – «Éste es el Mesías.» Pero otros decían: – «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?» Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima. Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: – «¿Por qué no lo habéis traído?» Los guardias respondieron: – «Jamás ha hablado nadie como ese hombre.» Los fariseos les replicaron: – «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos.» Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: _«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?» Ellos le replicaron: – «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas.» Y se volvieron cada uno a su casa. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Dios mío, a ti me acojo! La primera lectura tomada del profeta Jeremías nos muestra como él es perseguido por los de su propio pueblo, son sus mismos hermanos, los de la casa de su padre, los que le han traicionado. Y el dolor del profeta es símbolo de Cristo, y de alguna manera anticipa la Pasión de Cristo aplicada en la liturgia a la imagen del árbol derribado en su pleno vigor y lozanía. Hay en el profeta Jeremías la amargura de la traición que le arranca un grito de venganza a Dios, que conoce los secretos y las pasiones humanas, y se sirve de expresiones de los salmos para clamar justicia a Dios. Es que Jeremías, aún en el Antiguo Testamento, no ha conocido todavía el espíritu del Evangelio y la primacía absoluta de la caridad, incluso con los enemigos, con los detractores. Pero más allá de todo esto, al final Jeremías muestra como prevalece con todo su dolor, la confianza y la imagen emocionante del cordero manso llevado al matadero, que ha inspirado uno de los cánticos del Siervo de Dios en Isaías 53, y que lo ha hecho símbolo de la Pasión del Cordero de Dios. Hoy se nos invita a unir nuestros dolores al dolor de la próxima Pasión de Cristo que vamos a celebrar en Semana Santa y Pascua, y a entender que en medio de la prueba Dios no abandona, como dirá el salmo litúrgico de este día: “Señor, Dios mío, a ti me acojo, líbrame de mis perseguidores, sálvame. Que no me atrapen como leones y me desgarren sin remedio. Júzgame según mi justicia, según la inocencia que hay en mi alma. Cese la maldad de los culpables y apoya Tú al inocente. Tú que sondeas el corazón y las entrañas, Tú que eres el Dios justo”. Y culmina el salmo diciendo: “Mi escudo es Dios que salva a los rectos de corazón, Dios es un juez justo, Dios no nos amenaza cada día”. Que esta primera lectura de Jeremías y el salmo litúrgico 7 de este día nos preparen para comprender mejor el Evangelio de san Juan en el capítulo 7, cuando reconocemos que Jesús, con su vida y con su testimonio, cuestiona y formula un juicio al mundo donde divide los hombres y las opiniones humanas entre los que lo aceptan con un sí sencillo, simple, acogedor, y aquellos que lo rechazan de alguna manera con un no violento, sofisticado, tortuoso. Porque en el fondo muestran la ironía de que creyendo saber el origen de Jesús, ignoran su divinidad y creen poder acabar con Él desde el poder y desde el orgullo, pero olvidan que una coraza invisible le protege a Jesús y que la hora de su Pasión está decidida por otro más grande. Jesús, siendo así el perseguido, el humilde de Galilea, al mismo tiempo, es el Señor de su destino. Es que encontramos en este pasaje evangélico, como algunos discutían si Jesús es el profeta, el Mesías, el anunciado de todos los siglos. Pero al mismo tiempo se cuestionaban y ¿es que de Galilea, (en el norte de la actual Israel), puede venir el Mesías? Y otros dicen “no, la Escritura afirma que vendrá del linaje de David y del pueblo de David, que es Belén”. Y afirmará Juan “que así surgió una disputa, una discordia por causa del origen de Jesús, y aunque querían ponerle mano encima, no pudieron prenderlo”. Pero tal vez lo más perturbador de este Evangelio de san Juan en el capítulo 7, es que mientras los guardias del templo acuden a los sumos sacerdotes y fariseos llevando a Jesús y diciendo unas palabras ciertamente inquietantes nadie en la vida nos ha hablado como este hombre. Los fariseos con el corazón cerrado llaman a Jesús embaucador y dicen, aquellos que creen en Él, que son unos verdaderos malditos. Hoy te pregunto ¿quién en tu vida probada sus palabras, su verdad, su sabiduría a lo largo de los años ha hablado con la verdad, con la sabiduría y con la luminosidad con la que ha hablado Cristo en sus Evangelios a la humanidad entera a lo largo del tiempo? Hoy puedo decir, a partir de mi testimonio personal, nunca en mis años de vida, que no son pocos, jamás nadie ha hablado como Jesús, jamás nadie ha tenido tanta sabiduría como Jesús, jamás nadie ha tenido tanta luz en su corazón como Jesús. Por más que su mensaje, su palabra, su luz, su sabiduría resulten una locura, una necedad para los hombres y mujeres del mundo. Hoy, aunque algunos llamen a Jesús y a la Iglesia embaucadores, Ella ha permanecido en los mares de la historia por 2000 años, ha prevalecido sin ejércitos, con grandes poderes temporales persiguiéndola, señalándola. Pero los verdaderos hijos del Reino, los verdaderos hijos de la Iglesia aun han afirmado con su vida, con su testimonio personal, nadie nos ha hablado en la vida como Cristo, nadie ha dicho tanta sabiduría como Él. Y podemos decir, tomando las palabras del apóstol Pedro: “Señor, ¿abandonarte a ti?; a ¿quién acudiremos?, a ¿quién buscaremos? Sólo en ti encontramos palabras de verdad, palabras de sinceridad, palabras de vida verdadera, de vida eterna”. Hoy te pregunto ¿de qué lado estás?, ¿de los que llaman a Jesús y a la Iglesia de Jesús embaucadora?; o ¿de los que dicen nadie en la vida, ninguna ideología, ningún líder político, ningún académico o intelectual, ningún influenciador en redes sociales ha hablado tan profunda y directamente a mi corazón, ha iluminado mi existencia, y le ha dado sentido y plenitud a la misma, como lo ha hecho Jesús en la Palabra consignada de forma escrita y solemne en los Evangelios, que ha custodiado la Iglesia por 21 siglos? Al final del texto de hoy se nos presenta la figura de Nicodemo, un fariseo creyente en Jesús, que siempre lo visitaba de noche por respetos humanos a los suyos. Y afirmará: “¿acaso nuestra ley permite juzgar a nadie (hablando de Jesús) sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?” A lo que responden sus colegas ciegos los fariseos “¿acaso tú eres galileo como los demás? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no pueden salir los verdaderos profetas”. Aquellos estudiosos, aquellos intelectuales de hace 2000 años y de hoy cómo aferrados en su racionalidad y en endiosar equivocadamente la lógica humana y la razón humana, cómo se han privado de conocer y acceder a la verdad más profunda, la del Evangelio y la vida de Jesús. Tú decides de qué lado quieres estar. Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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