¡Ayuna del pecado!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Mateo 9, 14-15
En aquel tiempo, los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: « ¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán».
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
El ayuno ha sido considerado una práctica religiosa y ascética, en todas las grandes religiones del mundo entero, y no solamente en las religiones monoteístas o abrahámicas: el judaísmo, el cristianismo y el islamismo. Hoy no se entiende fácilmente el sentido de ayunar, a no ser por motivos estéticos, de belleza corporal o motivos médicos y dietéticos por salud para el organismo; pero debemos de reivindicar y reconocer el valor del ayuno por un sentido religioso. Todas las grandes tradiciones del mundo entero en materia religiosa, reconocen que cuando el hombre ayuna, si bien su cuerpo se debilita, su espíritu se hace fuerte, y es precisamente en esta combinación de un cuerpo débil y un espíritu fuerte, donde ayuno y oración a Dios, tienen una especial fecundidad.
Pero esto no siempre ocurrió así, y de hecho el pueblo elegido por Dios, a veces ayunaba de manera inadecuada, así lo señala el profeta Isaías, cuando le reclama a su pueblo: “¿Para qué ayunan si no hacen caso?, ¿para que se mortifican si no cambian de vida?”. ¿A veces ayunan para que en sus negocios les vaya bien?, ¿ayunan para sacar adelante querellas y litigios y viven en medio de contiendas, de violencia, de agresiones?; y aclara el profeta Isaías: “No ayunen de este modo si quieren que Dios oiga su voz en el cielo”. Y afirmará de manera categórica: “El ayuno que yo quiero es soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, partir el pan con el hambriento, hospedar al pobre sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte del dolor de los demás”. Y concluirá el profeta diciendo: “Sólo así el ayuno tuyo será valioso ante Dios, y tu luz será reconocida como la aurora de un amanecer; se curarán tus heridas, te sanarás de enfermedades, la justicia divina te acompañará, la gloria de Dios irá frente a ti, entonces clamarás al Señor, Él te escuchará en tu plegaria y te responderá, aquí estoy para auxiliarte”.
Esta primera lectura de Isaías, nos prepara para entender el texto de Mateo en el evangelio de hoy, capítulo 9, cuando algunos con amargura, cuestionan por qué los discípulos de Juan el Bautista ayunan a menudo; en cambio los discípulos o seguidores de Jesús, el Cristo, no lo hacen. Jesús les da una respuesta sabia: “No pueden ayunar, realizar un signo penitencial y de purificación, si el novio o el esposo, el amado está con ellos”; y afirmará de manera conclusiva: “Llegarán días en que les arrebatarán al amado, al esposo, y entonces sí que ayunarán”.
Hoy nos preguntamos, ¿cuál es el ayuno que quiere Dios en esta cuaresma para nosotros?, y claramente, aunque el ayuno material de alimentos es importante, ayunar de la lengua, ayunar de murmuraciones, ayunar de lo que vemos, mensajes sin sentido, frívolos y superficiales, ayunar de los que escuchamos, palabrerías y conversaciones tontas, nos ayudarán a crecer espiritualmente. Recuerda que somos en buena medida lo que vemos, lo que escuchamos, lo que hablamos; por eso ayunemos de aquello que no nos conviene a nuestros ojos y nos contamina, de aquello que no sirve a nuestros oídos y entra a nuestro interior, y de aquello que hablamos tontamente y que son murmuraciones y juicios, por los cuales a nosotros mismos también se nos va a juzgar.
Pero de manera más amplia podríamos decir, ayunemos del pecado, adelgacemos el egoísmo que nos acompaña, no dejemos que la gula y el apetito por las comidas sabrosas, los dulces, las golosinas, nos dominen; ayuna de la pereza y fortalece tu voluntad personal, ayunar y adelgazar tu codicia de acumular y de poseer, cuando ya tienes todo en la vida asegurado, y necesitarías varias vidas para gastar lo que tienes. Que la codicia no te enceguezca; ayuna del rencor, el resentimiento contra una persona que te ha hecho daño, porque tal vez es más grande el daño que ahora te ocasiona alimentando ese resentimiento, que la acción misma dañina quizás realizada hace muchos años. Ayunemos del orgullo, que nos hace sentirnos falsamente el centro del universo y no lo somos. Ayunemos finalmente de la lujuria, que nos hace esclavos de nuestras propias pasiones, ese es el ayuno agradable a Dios, ese es el ayuno que nos purifica y por el cual alcanzaremos la misericordia divina.
Concluyamos con el salmo de hoy, el salmo Miserere, cuando nos decimos en espíritu orante: “Un corazón quebrantado, arrepentido, un corazón humillado, Tú no lo desprecias”, ese es el mayor ayuno de cara a Dios. Y entonces sí podremos decir: “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión, borra mi culpa, lava del todo mi delito, pues yo reconozco mi pecado”. Y concluyamos diciendo: “Los sacrificios rituales no te satisfacen, si te ofreciera un holocausto de animales no lo querrías, un sacrificio agradable a Dios, es un espíritu humilde y arrepentido; un corazón quebrantado y humillado Tú, oh Dios, tú no lo desprecias”.
Que el Señor te bendiga abundantemente en esta cuaresma y te conceda paz y fortalecerte espiritualmente y te bendigo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.