¡El Señor es la defensa de mi vida!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Marcos 6, 14-29
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: de la Carta a los Hebreos 13, 1-8:
Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad; por ella algunos recibieron sin saberlo la visita de unos ángeles. Acordaos de los que están presos, como si estuvierais presos con ellos; de los que son maltratados, como si estuvierais en su carne. Que todos respeten el matrimonio, el lecho nupcial que nadie lo mancille, porque a los libertinos y adúlteros Dios los juzgará. Vivid sin ansia de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo: «Nunca te dejaré ni te abandonaré»; así tendremos valor para decir: «El Señor es mi auxilio: nada temo; ¿qué podrá hacerme el hombre?» Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre.
Palabra del Señor. Te alabamos Señor
Salmo del día de Hoy:
Salmo 26/27, 1.3.5.8b-9abc
El Señor es mi luz y mi salvación
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
El Señor es mi luz y mi salvación
Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.
El Señor es mi luz y mi salvación
Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca.
El Señor es mi luz y mi salvación
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches.
El Señor es mi luz y mi salvación
Evangelio del día de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 6, 14-29:
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: «Juan Bautista ha resucitado, y por eso los poderes actúan en él.» Otros decían: «Es Elías.» Otros: «Es un profeta como los antiguos.»
Herodes, al oírlo, decía: «Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.»
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados.
El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy.» Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.» Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?» La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista.» Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
La primera lectura de la carta a los hebreos en el capítulo 13, nos presenta una serie de sencillas instrucciones, que dichas hace dos mil años, igualmente son perfectamente aplicables en el hoy de nuestra vida, en este siglo XXI. En efecto, en una primera instrucción, el autor de la carta a los hebreos nos invita: “A conservar el amor fraterno, a no olvidar la capacidad de acogida y hospitalidad frente a las personas que pasan por nuestra vida”. Y nos recuerda: “Que por esa hospitalidad algunos recibieron sin saberlo, la visita de unos ángeles”, (haciendo reminiscencia de textos bíblicos del antiguo testamento).
Pero en una segunda instrucción se nos invita: “A no ser indolentes frente al sufrimiento de los demás”. Y nos invita: “A acordarnos de los que están presos en las cárceles, ellas, los centros de reclusión han existido siempre”, ustedes saben que siempre ha habido inocentes en las prisiones. ¿Alguna vez te has tomado el trabajo, por lo menos, de orar por los encarcelados? Durante ocho años de mi vida sacerdotal, colaboré pastoralmente asistiendo los días domingos a la cárcel más grande de mi ciudad, Medellín, y si algo aprendí es que es muy fácil entrar a una cárcel cuando se está en el lugar y en las circunstancias equivocadas, pero no es tan fácil salir de ellas. También nos invita la carta a los hebreos: “A ser compasivos con los que son maltratados”.
Pienso en tantos inmigrantes de países vecinos donde hay crisis políticas, cómo los hemos acogido nosotros en nuestra nación, Colombia, que nos duela el dolor de los demás. Hoy ellos son los migrantes, mañana podemos ser nosotros en una crisis política que pueda vivir nuestro país y andarnos a otro país a buscar mejor destino.
Pero continúan esta serie de instrucciones diversas e igual como que se hablara al siglo XXI, dice el autor de la carta a los hebreos: “Que todos respeten el lecho nupcial y el matrimonio, que nadie mancille ese lugar santo de la cama matrimonial”. Y a renglón seguido hace una advertencia: “Los libertinos y los adúlteros Dios los juzgará”. Cuando hoy vemos a la orden del día en todas las telenovelas, en todas las películas, en todas las series de televisión abierta o televisión sobre demanda el adulterio como lo más normal de la vida, cambiar de esposa o de pareja como cambiar de ropa. Hoy la palabra del Señor nos advierte: “Dios juzgará a los adúlteros”, por más que queramos cicatrizar, adormecer nuestra conciencia, ella, que es la voz de Dios en el corazón humano, nos habla de que Dios nos pedirá cuentas.
Pero avanzamos sobre estas sencillas y diversas instrucciones que presenta la carta a los hebreos y dice hace dos mil años aplicado al hoy del siglo XXI: “Vivan sin ansia de dinero, contentándose con lo que Dios les ha dado, porque el mismo Dios les ha hecho una promesa, nunca te dejaré, ni te abandonaré”. Así reconocemos que el Señor es nuestro auxilio, que nada hay que temer y ¿qué podrá hacernos el mal o el egoísmo de los hombres?
Finalmente termina este texto de hebreos invitándonos: “A recordar el desenlace de aquellos que nos anunciaron la fe, que fueron gigantes en el amor y la esperanza”. Y pensamos en un Juan el Bautista del que se habla precisamente en el evangelio de hoy, y el martirio que injusta y canallamente realiza Herodes decapitándolo simplemente por complacer el capricho de una veleidosa adolescente que danzaba frente a él, Salomé. Descubrimos como el mismo Herodes al escuchar las palabras de Jesús, piensa que es el mismo Juan Bautista decapitado que está hablando y que ha resucitado para descubrirnos que el final de los justos, de un Juan el Bautista o de cualquiera que anuncie la palabra de Dios, no es la muerte, la destrucción de su vida, sino, por el contrario, la resurrección definitiva con Dios en el cielo y aun la vida en esta tierra cuando Herodes decía de Juan el Bautista: “Parece que hubiera resucitado en la persona y en las palabras de Jesús de Nazaret”.
Termina el texto de primera lectura recordándonos el lema de lo que fue la Conferencia de Obispos hace muchos años en Santo Domingo: “Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre”. Y de cara al Jubileo del año 2000, nos habla precisamente de la eternidad, de la inmortalidad, del mensaje de Jesús, de la vida del Hijo de Dios, que es la misma ayer, hace 2000 años, hoy, en su momento en el año 2000, y siempre. Hoy reconozcamos que los pensamientos humanos son cambiantes, que se adaptan a lo políticamente correcto en cada época, que las filosofías son cambiantes, pero que el mensaje de Dios es eterno, que es siempre el mismo, sabio y universal para todos los hombres, ayer, hoy y siempre. Finalicemos con el precioso salmo responsorial que hoy nos propone la liturgia de la Iglesia y digamos a manera de oración: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla, si me declaran la guerra, me siento tranquilo. Él me protegerá en su tienda el día del peligro, me esconderé en lo escondido de su morada, me alzará sobre la roca. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro”.
Que el buen Dios en este día te bendiga sobreabundantemente y te conceda su paz. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.