¡Cuidado con los celos!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 9, 38-40 Lectura del día de hoy St 4,13-17: Queridos hermanos: Vosotros decís: Mañana o pasado iremos a esa ciudad y pasaremos allí el año negociando y ganando dinero. Y ni siquiera sabéis que pasará mañana. Pues ¿qué es vuestra vida? Una nube que aparece un momento y enseguida desaparece. Debéis decir así: Si el Señor lo quiere y vivimos, haremos esto o lo otro. En vez de eso, no paráis de hacer grandes proyectos, fanfarroneando; y toda jactancia de ese estilo es mala cosa. Al fin y al cabo, quien conoce el bien que debe hacer y no lo hace, es culpable. Salmo del día de hoy Salmo (49) 48,2-3.6-7.8-10.11: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Oíd esto, todas las naciones, escuchadlo, habitantes del orbe: plebeyos y nobles, ricos y pobres. ¿Por qué habré de temer los días aciagos, cuando me cerquen y acechen los malvados que confían en su opulencia y se jactan de sus inmensas riquezas? ¿Si nadie puede salvarse ni dar a Dios un rescate? Es tan caro el rescate de la vida, que nunca les bastará para vivir perpetuamente, sin bajar a la fosa. Mirad: los sabios mueren lo mismo que perecen los ignorantes y necios, y legan sus riquezas a extraños. Evangelio del día de hoy Marcos 9, 38-40: En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: -Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros. Jesús respondió: -No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El evangelista Marcos nos presenta un reclamo airado que hace el apóstol Juan a Jesús, a propósito de que ha visto unos hombres, unos espontáneos, que pretenden exorcizar, sanar y expulsar el mal en nombre de Jesús. Juan, sintiéndose el único con derechos, dice: “Que se lo ha querido impedir porque no es del grupo de los apóstoles”. Pero Jesús, con gran libertad de espíritu, reprende a Juan y le dice: “No le impidan a estos hombres que hagan el bien, porque un hombre que hace milagros en mi nombre, no puede luego hablar mal de mí”, y concluirá Jesús con una bella expresión: “El que en el mundo no está contra nosotros, está a favor nuestro”. Es precisamente de este evangelio que Tertuliano hace muchos siglos dirá: “O eres apóstol o apóstata, porque frente a Jesús no se puede permanecer indiferente o estamos con Él, apóstoles, o estamos contra Él, apóstatas”. Este texto evangélico me permite hacer una reflexión, si en nuestra vida nos movemos por el celo por las almas o por los celos de las almas y de las vidas de los demás. Es una sutil diferencia celo en singular y celos en plural. El celo está bien, los celos están mal. El celo por hacer el bien, el celo por ayudar, el celo por seguir a Jesús, el celo por ser fiel a Dios todo esto está perfecto. Pero los celos, las rabias y la indignación, las rivalidades y las envidias porque otros hacen el bien, no es de Dios, es muy humano, es muy de nuestra carne. Nunca nos debemos de fastidiar porque otro hace el bien, por el contrario, nos deberíamos de alegrar. En lo personal, pienso cuantos laicos, cuantas religiosas, cuantos sacerdotes con especiales carismas para la comunicación, hoy hacen mucho bien en el mundo digital y de las redes sociales, oremos por ellos. Pero también me entristezco, cuando escucho a alguna persona que habla con dolor o con rabia, con amargura, frente a una religiosa, un laico, un sacerdote que hace el bien, en el mundo masivo de los medios de comunicación, el mundo digital o de las redes sociales, y pienso quizás en esta persona, está el espíritu de la rivalidad, de los celos o de las envidias, pero no el espíritu de alegrarse porque otros anuncian con fuego y con especiales dones el amor de Dios. Hoy debemos de reconocer que estamos llamados a ser más allá de religiosos, sobre todo personas guiadas por el Espíritu, porque hay mucha gente que es religiosa, con formas externas o aparentes, pero no tienen el verdadero Espíritu de Jesús en su corazón, olvidando un apotegma fundamental: “Sólo se conoce a un hombre por sus frutos, como sólo se conoce un buen árbol por los frutos dulces y sabrosos que da”. Finalmente, reconozcamos a partir de este texto, un mensaje muy valioso del apóstol Santiago, cuando a veces señalamos que voy a hacer negocios, que voy a invertir este dinero en tal o cual actividad, y Santiago nos advierte: ¿Ustedes no reconocen que su vida es como una nube pasajera que en un momento está y en seguida desaparece? La verdadera sabiduría no está en ir haciendo planes desde lo humano, ir haciendo proyectos desde nuestras capacidades, ir diciendo qué quiero hacer en la vida sin contar con Dios, sino que siempre aprender a decir nos señala el apóstol Santiago: “Si el Señor lo quiere y vivimos, haremos esto o lo otro”. Me llama poderosamente la atención, escuchar la historia de nuestros abuelos y de nuestros viejos campesinos cuando se despedían y decían: ¡Nos vemos el domingo, si Dios quiere!, lo visito la otra semana, si Dios quiere, hacemos este negocio, si Dios quiere, le voy a entregar mi hija en matrimonio, si Dios quiere. En el fondo no es nada nuevo de nuestros campesinos, de nuestros ancestros, de nuestros viejos; es simplemente una lectura de esta expresión tan bella del apóstol Santiago, reconocer que la vida es prestada, que es un don de Dios y que Él es el que nos guía, nos cuida y nos protege. Habrá que decirlo siempre, podremos seguir evangelizando, ¡si Dios quiere!, nos seguiremos encontrando cada día en esta reflexión del evangelio, si Dios quiere, que no es la obra de un hombre, sino que es la obra de Dios en los hombres, y así ocurre con cada uno de nosotros en la vida. “Quién conoce el bien que debe hacer y no lo hace, es culpable”, y con esta expresión termina el apóstol Santiago a propósito de que a veces, cuando buscamos el sacramento de la confesión, hablamos del mal cometido, pero no confesamos el bien que pudiendo y debiendo hacer, hemos dejado de realizar. Hoy te invito, para que, en tu examen de conciencia de cada día, mires no solo el mal que hayas podido realizar: ofensas, desamor, egoísmos, orgullos, sino el bien que pudiendo realizar dejaste de hacer. Este día pasa rápido, no te acuestes nunca sin haber hecho una obra de amor, una obra de servicio, una obra de bondad, buscando hacer el mundo un poco mejor de como lo hemos encontrado al comenzar el día. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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