¡Dios creó al hombre para la inmortalidad!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 5, 21-43 Primera lectura del día de hoy Sb 1, 13-15; 2, 23-24 Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera. Las creaturas del mundo son saludables; no hay en ellas veneno mortal. Dios creó al hombre para que nunca muriera, porque lo hizo a imagen y semejanza de sí mismo; mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo y la experimentan quienes le pertenecen. Salmo del día de hoy Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b R. (2a) Te alabaré, Señor, eternamente. Te alabaré, Señor, pues no dejaste que se rieran de mí mis enemigos. Tú, Señor, me salvaste de la muerte y a punto de morir, me reviviste. R. Te alabaré, Señor, eternamente. Alaben al Señor quienes lo aman, den gracias a su nombre, porque su ira dura un solo instante y su bondad, toda la vida. El llanto nos visita por la tarde; por la mañana, el júbilo. R. Te alabaré, Señor, eternamente. Escúchame, Señor, y compadécete; Señor, ven en mi ayuda. Convertiste mi duelo en alegría, te alabaré por eso eternamente. R. Te alabaré, Señor, eternamente. Segunda lectura del día de hoy 2 Cor 8, 7. 9. 13-15 Hermanos: Ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, en palabra, en sabiduría, en diligencia para todo y en amor hacia nosotros, distingase también ahora por su generosidad. Bien saben lo generoso que ha sido nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por ustedes, para que ustedes se hicieran ricos con su pobreza. No se trata de que los demás vivan tranquilos, mientras ustedes están sufriendo. Se trata, más bien, de aplicar durante nuestra vida una medida justa; porque entonces la abundancia de ustedes remediará las carencias de ellos, y ellos, por su parte, los socorrerán a ustedes en sus necesidades. En esa forma habrá un justo medio, como dice la Escritura: Al que recogía mucho, nada le sobraba; al que recogía poco, nada le faltaba. Evangelio del día de hoy Mc 5, 21-43 En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: «Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva». Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba. Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada. Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: «¿Quién ha tocado mi manto?» Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’ » Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad». Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: «Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?» Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que tengas fe». No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: «¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida». Y se reían de él. Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: «¡Talitá, kum!», que significa: «¡Óyeme, niña, levántate!» La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Resulta verdaderamente impresionante, el texto de la primera lectura de hoy, tomada del libro de la Sabiduría, que concretamente en el capítulo 2 versículos 23 y 24 afirmará: “Dios creó al hombre para la inmortalidad, y lo hizo a imagen de su propio ser, más por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que son de su bando”. Nos habla el texto sapiencial en esta primera lectura, de que, en el proyecto salvífico y amoroso de Dios Creador, desde siempre Él buscó que el hombre viviera eternamente; pero es la literal envidia de la felicidad del hombre, que a través del pecado introdujo la muerte espiritual, la muerte del alma, la muerte interior en el hombre. No hablamos de la muerte orgánica que viviremos todos, sino de la vida eterna, la vida del espíritu a la que todos estamos llamados y que sólo nos puede arrebatar el pecado. Esta primera lectura nos prepara, para entender mejor los dos milagros que nos presenta el capítulo 5 del evangelio según san Marcos, curiosamente de dos mujeres que sana Jesús, uno, a las dos las califica como hijas, dos, ambas están vinculadas por el número 12: una, una niña que tenía 12 años de vida y la otra una mujer que padecía flujos de sangre desde hace 12 años. En una se extingue la vida que se derrama por la sangre que pierde, las hemorragias que padece y la otra ha perdida la vida. Ninguna de las dos había podido ser sanada por las estructuras e instituciones israelitas, escúchese cuando se dice de la mujer hemorroísa, que había gastado toda su fortuna en médicos de la época y lejos de mejorar, se había puesto peor. Y finalmente encontramos, que una de ellas piensa con sólo el contacto personal con el manto de Jesús quedaré sana, y la otra es tomada personalmente por la mano de Jesús y se levanta de su postración de la muerte. Todo esto nos muestra el gran poder de Jesús sobre la enfermedad y sobre la muerte, dos males profundos de todos los tiempos que aquejan, acongojan, acobardan y hacen sufrir, preocupando las vidas de todos los seres humanos. En el caso de la niña de 12 años, cuando Jairo va a buscar a Jesús, hay cierto desánimo en él cuando le han informado: “No molestes más al Maestro que la niña ya no está enferma, acaba de morir”. Pero a diferencia del momento en que Jairo pidió ayuda, ahora ante las palabras de Jesús de que la niña no está muerta, entra la esperanza en la vida de la niña y de su familia. Se espera que las dos historias terminen bien, por eso Jesús pide a Jairo que confíe en Él, que tiene poder para dar la vida; lo mismo con aquella mujer que padecía flujos, o hemorragias de sangre fue curada y también se confió totalmente que con solo tocarle el borde del manto curaría. Encontramos bellamente como ese encuentro personal con Jesús, toma a la niña de la mano y le dice: “Talita cum (contigo hablo) niña levántate”, y nos dice el evangelista Marcos que la niña inmediatamente se levantó y echó a andar. Todos empezando por sus padres estaban estupefactos, sorprendidos, aterrados; la gente, por el contrario, al principio se habían burlado de Jesús y pensaban ante las lágrimas y el escándalo, pensaban que ya no había nada que hacer con la niña. Hoy estas dos imágenes evangélicas, son un llamado primero a la esperanza, más allá del mal, de la enfermedad y la muerte en nuestra vida; una esperanza que no es ingenua, sino la esperanza en quien todo lo puede, Jesucristo. Pero es un llamado sobre todo a la fe, en aquel que tiene el poder para sanar. De hecho, la gran acción que respalda la llegada del Reino de Dios al mundo, son las acciones sanadoras, los milagros y curaciones que obra Jesús a lo largo de su vida pública y que están documentados, relacionados en todos los evangelios. Son muy pocos los casos: la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Naín y Lázaro hermano de Marta y María en Betania, donde Jesús más allá de la pérdida de la vida, vuelve a dar la plenitud de la vida a estas personas y por eso nos muestra a nosotros, que la muerte no es el final para nadie, por eso no podemos desesperanzarnos, desesperarnos, porque el Señor, si nuestra fe es grande en Él, saldremos adelante y se cumplirá la afirmación, el apotegma de la primera lectura: “Dios ha creado al ser humano para la eternidad, para la inmortalidad”. Terminemos nuestra reflexión, mirando y haciendo oración con el bello salmo que nos propone la liturgia en este día, y orando diciendo: “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado”, pensemos del mal, de la enfermedad, de la muerte. Y en las estrofas siguientes oramos diciendo: “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado, y no has dejado que mis enemigos se rían de mí; Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba al sepulcro. Tañan para el Señor fieles suyos, celebren el recuerdo de su nombre santo, su ira duró un instante, su bondad de por vida. Al atardecer nos llega el llanto, por la mañana la alegría y el júbilo; escucha, Señor, y ten piedad de mí, Señor, socórreme. Cambiaste mi dolor, mi luto en danzas, Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre jamás”. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, y por tu fe te dé la salud y la vida nueva, y te bendigo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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