¡Sin mí no pueden dar fruto!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-06-13T14:31:32Z | |
| dc.date.available | 2025-06-13T14:31:32Z | |
| dc.date.issued | 2025-05-21 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada de Hechos de los Apóstoles en el capítulo 15, nos muestra la evangelización que realizan los primeros cristianos en Antioquía, pero se encuentran con un dilema a propósito de que, en principio, los convertidos del judaísmo pensaban que tenían que pasar los nuevos conversos también por un signo de consagración a Dios, distintivo del pueblo judío, la circuncisión que mandaba la Ley mosaica. Los apóstoles se reunirán en Jerusalén y resolverán el asunto y aunque no lo dice el texto de la primera lectura, sabemos que al final mostrarán que el Espíritu de Dios manifestado en Jesucristo es más grande que las tradiciones humanas, y que se trata, en definitiva, de reconocer que no hay que cumplir con las viejas leyes mosaicas, entre ellas la circuncisión, para pertenecer a Cristo. Pero quedémonos con el evangelio de hoy, una de las más hermosas parábolas, imágenes de Cristo, donde Él se presenta como la verdadera vid, una planta muy común en el Oriente Medio en tiempos de Jesús, una planta propia del desierto y de la cual ellos sacaban la uva y de allí la vid, el vino para celebrar la vida, para celebrar el encuentro como hermanos. De esta parábola, donde Jesús se identifica como la verdadera vid que alimenta y alegra la vida, saquemos cuatro grandes enseñanzas para nuestra vida. La primera, necesitamos una profunda unión de vida con Cristo para dar frutos, para ser auténticamente cristianos, una unión tan esencial como la del árbol que se conecta con la rama, unida precisamente al tronco del árbol para darle vida. Siempre viene a mi memoria un recuerdo de infancia cuando siendo muy niño, ayudaba a mi madre en tareas del jardín y viendo que ella organizaba algunas azaleas y bifloras, yo pensando que le ayudaba corté la rama de una azalea y la sembré en tierra, y con sorpresa vi una hora después, unos 60 minutos después, que la rama se había marchitado. Le dije a mi madre, mamá, sembré esta ramita, pero se ha marchitado; y ella, con dulzura me dijo: “Es que, si la arrancas del tronco vital de su raíz, le cortas la vida”. No sé por qué me impactó tanto esa imagen en años de infancia, pero tuve la claridad y la luz interior de que exactamente lo mismo ocurre con la vida cristiana, si nos separamos de Jesús es como arrancar la rama del tronco del árbol, nos secaremos, indefectiblemente nos marchitaremos, moriremos. Hoy entendamos que la savia es vida para el árbol, como el Espíritu de Cristo es vida para nuestra alma. Jesús lo dirá de una manera magistral: “Sin mí nada puede nacer”. Pobre hombre, pobre mujer, pobre ser humano, cuando pretende cambios profundos en su vida, dar frutos importantes en su existencia, creyendo que, desde sus pobres capacidades, talentos, raciocinio, inteligencia, criterios humanos que en principio pueden ser valederos, pero al final equívocos, creemos que podemos dar fruto. Necesitamos estar unidos vitalmente a Jesús como la rama está unida vitalmente al tronco del árbol, de lo contrario se seca y muere. Una segunda enseñanza: “Hay que aprender (nos dirá Jesús), a permanecer y a perseverar en Cristo para dar frutos”. La permanencia se da cuando somos obedientes, cuando somos fieles a las palabras de Jesús. Hoy descubre que no hay verdadera permanencia en el Señor, sino por la docilidad de tu corazón a ejemplo de María, a ejemplo de los santos en los tiempos de la Iglesia, a ejemplo de los grandes personajes de la Biblia en el Antiguo Testamento. Sólo por la obediencia, docilidad, apertura, fidelidad a la Palabra del Señor podremos permanecer. Pero nos invita también a perseverar, perseverar en el tiempo, perseverar más allá de las crisis, perseverar, aunque sintamos que hay tempestades en el alma, perseverar más allá de desánimos, de cansancios, de pruebas que son propias de la condición humana ¿cómo perseverar? Es una gracia de Dios, he aprendido en esto más de 30 años de sacerdocio que hay que pedir todos los días la gracia de la fidelidad para permanecer, la gracia de la perseverancia y la gracia de la generosidad en la entrega cada día, de lo contrario seremos estériles. Recuerdo una frase bonita: ¡La perseverancia es la virtud, por medio de la cual dan fruto las otras virtudes! El amor sólo es amor cuando es perseverante, el perdón sólo es perdón cuando persevera ese perdón en el tiempo. El servicio sólo es servicio auténtico cuando perseveramos sirviendo a los demás. La humildad sólo será una humildad cierta cuando perseveramos con una vida sencilla hasta el final de la existencia. Pero hay una verdad suprema, una frase que siempre me ha impactado: “Iniciar es de todos, perseverar es de pocos, terminar en la obra de Dios es de santos”. Hoy pregúntate, si has perseverado en tu fe, en tu oración, en tu fidelidad al Señor todos los días. En una tercera enseñanza, encontramos dos advertencias una muy dura: “Si no damos frutos de amor, seremos arrancados del árbol de la vida”. Mira tú historia, lee tu vida y pregúntate a tus 40, 60 años ¿has dado frutos de amor, de justicia, de bondad, de generosidad hacia los demás?; o ¿has vivido de manera egoísta, conveniente, cómoda, para tu bienestar, tu gratificación y tu placer egocéntrico? Seremos arrancados si no damos frutos que la vida se nos ha dado para que a partir de nuestros carismas y talentos sirvamos a edificar, a construir una sociedad, una humanidad mejor. Pero también nos hace una advertencia ya no dura, pero sí nueva: “Para dar fruto abundante en la vida, necesitamos ser pulidos, podados, exigidos, probados”. La poda siempre duele, pero como nos dirá la Carta de Santiago y el mismo texto de la Carta a los hebreos: “El Señor a los que ama, los prueba, y lo hace simplemente en función de que demos frutos más abundantes en nuestra vida”. Hoy, aunque no queramos, aunque nos cueste, te invito para que te dejes podar por el Señor a través de aquellas situaciones o circunstancias adversas en tu vida, que te parecen que te hacen sufrir, pero te harán ganar en humildad, en generosidad, en fecundidad, en fidelidad al Señor. Terminamos con una cuarta enseñanza y final que es una promesa, una bendición, un reconocimiento. En efecto, dirá Jesús: “Si permaneces en Cristo, pide lo que desees y se cumplirá, se realizará”, y nos dará una precisión: “Con que demos fruto abundante en las almas, con esto damos gloria al Padre Dios y sólo así seremos discípulos de Jesús”. La gloria que damos a Dios es por el fruto de bondad, de servicio, de amor, de perdón, de acogida, de sanación que realicemos en otras personas siendo nosotros instrumento del Señor. Pero nunca lo olvides, no darás fruto por ti mismo, no hay fruto, ni resultados duraderos, no hay conversión duradera en el matrimonio, en mi sacerdocio, en tus relaciones humanas, si no nos apoyamos en Cristo. Grábate esta frase ¡Con Cristo todo lo puedo, sin Cristo nada, nada puedo! Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Juan 15, 1-8 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de los Hechos de los apóstoles 15, 1-6: En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más de entre ellos subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia. Ellos, pues, enviados por la Iglesia provistos de lo necesario, atravesaron Fenicia y Samaría, contando cómo se convertían los gentiles, con lo que causaron gran alegría a todos los hermanos. Al llegar a Jerusalén, fueron acogidos por la Iglesia, los apóstoles y los presbíteros; ellos contaron lo que Dios había hecho con ellos. Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron, diciendo: «Es necesario circuncidarlos y ordenarles que guarden la ley de Moisés». Los apóstoles y los presbíteros se reunieron a examinar el asunto. Palabra de Dios. Te alabamos Señor Salmo de Hoy: Salmo (122)121, 1-2.4-5 Vamos alegres a la casa del Señor. ¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestro pies tus umbrales, Jerusalén. Vamos alegres a la casa del Señor. Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor. Vamos alegres a la casa del Señor. Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. Vamos alegres a la casa del Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 15, 1-8: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos». Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Alimentarse de Cristo | |
| dc.subject | Esperanza | |
| dc.subject | Fruto abundante | |
| dc.subject | Fruto permanente | |
| dc.subject | Obediencia | |
| dc.subject | Permanecer en Cristo | |
| dc.subject | San Juan | |
| dc.subject | Unión de vida con Cristo | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Sin mí no pueden dar fruto! | |
| dc.title.alternative | Fruto en Dios |
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