¡Amado Padre Nuestro!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-06-21T23:47:37Z
dc.date.available2024-06-21T23:47:37Z
dc.date.issued2024-06-20
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El libro del Eclesiástico o de Jesús de Sirácides o de Sirácida como lo queramos llamar, hace una enunciación, una elegía, una alabanza del profeta Elías; de sus palabras que quemaba como antorcha, de su palabra que cerró cielos e hizo caer fuego tres veces. Y habla de la gloria de este gran profeta del antiguo testamento y de sus inmensos portentos. En efecto, enuncia: “Tú despertaste un cadáver de la muerte y del abismo por la palabra del Todopoderoso”. Habla de Elías como el que precipitó a reyes a la ruina y arrebató del leño del lecho a hombres destacados. Habla de Elías como aquel que en el Sinaí escuchó palabras de reproche de Dios y en el Horeb sentencias de castigo. Habla de Elías como el que ungió reyes vengadores y profetas que los sucedieran; habla de Elías como aquel que fue arrebatado en un torbellino ardiente, en un carro de caballos de fuego. Habla de Elías como el que fue designado para reprochar los tiempos futuros y para aplacar la ira antes de que estallara; y habla finalmente de Elías, como el profeta que sirvió para reconciliar a los padres con los hijos y restablecer las tribus de Jacob. Sin embargo Elías, más allá de todas estas glorias y grandezas humanas enunciadas en el capítulo 48 del libro del Eclesiástico, vivió persecuciones, incomprensiones, y probablemente de este profeta se dice, es el que vivió una severa depresión tal como hoy la conocemos, al verse desbordado por su misión, cansado por el peso de su vida y tumbado a la sombra de un gran árbol, escucha al ángel que lo despierta en dos ocasiones y le dice: “Come y bebe, come y bebe, porque el camino es largo, y aunque parece que es superior a tus fuerzas, necesitas alimentarte del Señor”. Algunos interpretan esta comida y bebida, como una prefiguración de lo que siglos después sería el alimento santo y bendito de la Eucaristía, que Jesús dejó instituida en la última Cena como hombre y la primera Misa cristiana. Pero hablemos del evangelio de hoy, un precioso texto de san Mateo en el capítulo 6, donde distinguimos tres momentos. El primero, Jesús nos invita ciertamente a ser hombres de oración como el profeta Elías, a ser hombres de vida interior, de vida de relación y de amistad con el Padre Dios como el profeta Elías y como lo es el mismo Jesucristo. Pero nos hace una primera advertencia: “Cuando recemos, cuando oremos, no usemos demasiada palabrería como lo hacen los paganos a sus ídolos, que se imaginan que por mucha perorata o por mucha verborrea espiritual, Dios les escuchará más rápido y les hará caso. La fuerza de la oración no está en el número de las palabras, sino en la fuerza y en la sinceridad que hay en un corazón enamorado y confiado en Dios”. En un segundo momento, Jesús les advierte a los discípulos: “Que no sean como los paganos repitiendo palabras, pues el Padre de los cielos sabe lo que les hace falta a cada uno de ellos, conoce sus almas como nadie y sabe de sus necesidades antes de que la pidan, la eleva en la plegaria al Padre Dios”. Por eso muchas personas que en la vida cotidiana me dicen a mi como sacerdote: padre, yo no pido nada para mí, porque Dios sabe que me hace falta, oro por los demás, y le digo simplemente al Señor, dame lo que tú quieres para mi vida y lo que consideras que necesito para mi existencia. Hay sabiduría en esta apreciación y pidámosle al Señor no multiplicar la perorata de palabras, sino decirle un poco como Pedro: “Jesús, tú lo sabes todo, tú sabes que necesidades hay en mi vida”. Finalmente, en un tercer momento Jesús en la versión de san Mateo, enseña a los discípulos ya no solamente a orar Él al Padre Dios, sino como ellos deben de orar, y les enseña la llamada oración del Señor. Tertuliano la ha llamada un compendio completo de todo el evangelio en el Padre Nuestro, y recordamos que Jesús no ora para sí mismo, sino que enseña a orar a sus discípulos, y divide el Padre Nuestro en dos partes centrales. En la primera parte eleva tres peticiones que tienen un carácter teocéntrico dirigido a Dios, ya que todo lo que se pide está relacionado con la gloria de Dios. En efecto, aparece el adjetivo posesivo en segunda persona que se repite tres veces, pedimos que tu nombre, tu reinado, tu voluntad, y habla del nombre de Dios, del reinado de Dios y de la voluntad de Dios. Eso es lo que hacemos en el Padre Nuestro: que sea santificado el nombre de Dios, que venga su Reino, que se haga su voluntad y que seamos dóciles, obedientes a esa voluntad divina. Luego pasa a un segundo momento y ya no es un carácter teocéntrico donde Dios es el centro de las peticiones, sino que pasa a un segundo momento donde clama por necesidades humanas y pide en estas necesidades humanas en cuatro momentos: que no nos falte el pan, el alimento, podríamos decir el techo, el vestido, la salud de cada día, y no pide el pan del mes o el mercado del mes porque sabe que somos ingratos, y si oráramos, dame el mercado de cada mes, lo buscaríamos cada mes. Quiere que le hablemos cada día, por eso nos invita a pedir el pan diario, el pan cotidiano, el pan de cada día. En una segunda petición clamamos perdón por nuestras ofensas, bajo la condición sin la cual no obtendremos perdón, y es que nosotros perdonemos de corazón a los que nos ofenden, que no hagamos trampa a Dios, ni la ley del embudo, la boca ancha del embudo para recibir el perdón del Padre Dios y la boca angosta del embudo para dar a cuentagotas perdón a los que me han lastimado, eso no lo acepta el Señor. Tan es claro que al final de la plegaria del Padre Nuestro, reitera Jesús: “Que, si perdonamos a los hombres sus ofensas, también a nosotros el Padre Dios nos perdonará nuestras ofensas”; pero advierte con severidad: “Si no perdonamos a los hombres las heridas que nos han causado, tampoco nuestro Padre del Cielo, perdonará nuestras ofensas, nuestros pecados”. Pero avanzamos un poco más y además de pedir el pan de cada día y el perdón de las ofensas, clamamos en esta síntesis de la oración perfecta, que no caigamos en tentación. De hecho, presupone que todos seremos tentados, la tentación nunca es de Dios, siempre es del maligno y la tentación busca separarnos de Dios, apartarnos del proyecto y del sueño de la voluntad sabía que Él tiene sobre nuestra vida y nos pide simplemente no dejarnos engañar, no dejarnos desviar del camino sabio y de felicidad que Dios tiene para nosotros, y al final reitera una expresión, que nos libre del mal. Algunos autores afirman, que ese ser liberados del mal y de esa tentación, habla de la hora final en la vida de todo ser humano, cuando satanás intentará frustrar el proyecto divino de salvación, y por eso pedimos a Dios que nos proteja del tiempo presente, pero también rogamos que cuando llegue la gran prueba final, donde habrá la apostasía, el renegar de la fe de muchos, nosotros, por el contrario, permanezcamos firmes en la fe. Hoy, cuando me dices en tu familia, entre tus amigos y en los compañeros de trabajo, muchos no oran, muchos no buscan de Dios, muchos hablan críticamente del cristianismo, de la Iglesia; muchos se burlan de los creyentes y los menosprecian. Cuando vivimos una hora de apostasía en no pocas personas, que tú seas preservado de la tentación de apostatar, de alejarte de Dios por seguir la corriente y la masificación del mundo, por buscar una falsa y barata aprobación de los hombres. Concluirá el evangelio diciendo: “Que nos libre del mal” y la expresión “ponerós” que significa el maligno y designa a satanás en los evangelios, nos habla claramente de ser liberados del maligno y de que Jesús presenta su vida muchas veces como una lucha contra satanás. Prueba de ello son sus numerosos exorcismos y aun la controversia que tuvo con los fariseos, cuando lo acusaban de tener adentro de Él a Beelzebú, el príncipe de los demonios. Finalmente podríamos decir citando la oración sacerdotal, que Jesús pide al Padre Dios no que nos saque del mundo, sino que nos preserve del maligno, porque sabe de nuestra debilidad. Si bien el evangelio de san Mateo, presenta esta oración del Padre Nuestro directamente para la comunidad de los cristianos de ascendencia judía y Lucas lo presenta para aquellos convertidos del paganismo, en cualquiera de estas dos versiones, aprendamos nosotros a entender, que el Señor quiere que oremos todos los días, que no caigamos en el error de dejarnos arrastrar por el mundo, que en el fondo todos somos personas débiles. Acuérdate: Mateo lo hace a los cristianos de origen judío, Lucas, su enunciación del Padre Nuestro es una catequesis para los cristianos venidos del paganismo, pero todos somos débiles y todos necesitamos orar para permanecer firmes en la fe, en la esperanza y en el amor. Que el mundo no te ahogue, que no te dejes enredar por el mundo, que cada día con toda la fe de tu corazón puedas decir: ¡Amado Padre Nuestro, porque es Padre de todos!
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 6, 7-15 Lectura del día de hoy Si 48,1-15: Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido; les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces fuego. ¡Qué terrible eras, Elías!, ¿quién se te compara en gloria? Tú resucitaste un muerto, sacándolo del Abismo por voluntad del Señor; hiciste bajar reyes a la tumba y nobles desde sus lechos; ungiste reyes vengadores y nombraste un profeta como sucesor. Escuchaste en Sinaí amenazas y sentencias vengadoras en Horeb. Un torbellino te arrebató a la altura, tropeles de fuego hacia el cielo. Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel. Dichoso quien te vea antes de morir y más dichoso tú que vives. Elías fue arrebatado en el torbellino y Eliseo recibió dos tercios de su espíritu. En vida hizo múltiples milagros y prodigios con sólo decirlo; en vida no temió a ninguno, nadie pudo sujetar su espíritu; no hubo milagro que lo excediera: bajo él revivió la carne; en vida hizo maravillas y en muerte, obras asombrosas. Salmo del día de hoy Sal (97( 96,1-2.3-4.5-6.7: Alegraos, justos, con el Señor. El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y Nube lo rodean, justicia y Derecho sostienen su trono. Delante de él avanza fuego, abrasando en torno a los enemigos; sus relámpagos deslumbran el orbe, y, viéndolos, la tierra se estremece. Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra. Los cielos pregonan su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria. Los que adoran estatuas se sonrojan, y los que ponen su orgullo en los ídolos. Ante él se postran todos los dioses. Evangelio del día de hoy Mt 6, 7-15: Vosotros rezad así. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -Cuando recéis no uséis muchas palabras como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que se lo pidáis. Vosotros rezad así: Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno. Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectAmor de Dios
dc.subjectJesús tú lo sabes todo
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dc.subjectNecesidades de la vida
dc.subjectOrar con fe
dc.subjectOración que Jesús enseñó
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dc.title¡Amado Padre Nuestro!
dc.title.alternativeLa oración

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