¿Quién es mi familia?
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Mateo 12, 46-50
Lectura del día de hoy
Mi 7, 14-15.18-20:
Pastorea a tu pueblo con el cayado, a las ovejas de tu heredad, a las que habitan apartadas en la maleza, en medio del Carmelo.
Pastarán en Basán y Galaad como en tiempos antiguos; como cuando saliste de Egipto y te mostraba mis prodigios.
¿Qué Dios hay como tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad?
No mantendrá por siempre la ira, pues se complace en la misericordia.
Volverá a compadecerse y extinguirá nuestras culpas, arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos.
Serás fiel a Jacob, compasivo con Abrahán, como juraste a nuestros padres en tiempos remotos.
Salmo del día de hoy
Salmo (85) 84, 2-4.5-6.7-8:
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Señor, has sido bueno con tu tierra, has restaurado la suerte de Jacob;
has perdonado la culpa de tu pueblo, has sepultado todos sus pecados;
has reprimido tu cólera, has frenado el incendio de tu ira.
Restáuranos, Dios salvador nuestro, cesa en tu rencor contra nosotros.
¿Vas a estar siempre enojado, o a prolongar tu ira de edad en edad?
¿No vas a devolvernos la vida, para que tu pueblo se alegre contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Evangelio del día de hoy
Mt 12, 46-50:
Señalando con la mano a los discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos».
En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él.
Uno se lo avisó:
– Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo.
Pero él contestó al que le avisaba:
– ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?
Y señalando con la mano a los discípulos, dijo:
– Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
La primera lectura tomada de la profecía de Miqueas, nos muestra en los labios del profeta, cómo la gloria y la grandeza de Dios se expresan, en la capacidad de misericordia, de compasión y de perdón del buen Dios, frente a las equivocaciones, el pecado y la idolatría de su pueblo, Israel. En efecto, afirmará el profeta Miqueas: “Qué Dios hay como tú, capaz de perdonar el pecado, de pasar por alto la falta del resto de tu heredad, no conservas para siempre tu cólera, pues te gusta la misericordia; volverás a compadecerte de nosotros, acabarás con nuestra culpa, arrojarás nuestros pecados a lo hondo del mar. Concederás a Israel tu pueblo la fidelidad y a Abrahán tu bondad como antaño, prometiste a nuestros padres”.
Pero pasemos al evangelio de hoy, donde Jesús es llamado a la atención, porque donde Él está, se presentan su Madre y algunos de sus familiares. En el evangelio encontramos una clara respuesta de Jesús, pero descubramos momentos en su vida de familia.
El primero, Jesús es un hombre discreto que sube a la ciudad de Jerusalén a la edad de 12 años, según nos dice el evangelista Lucas. Luego pasa su vida oculta en Nazaret, entre los suyos, sin ser reconocido; es más, es bautizado como cientos de judíos fueron bautizados por un líder de la época, su primo tercero, Juan el Bautista en las aguas del Jordán.
Pero es aquí, precisamente desde el bautismo, cuando el cielo se abre y se oye la voz de lo alto que dice: “Este es mi Hijo muy amado, el elegido, escúchenlo”, cuando Jesús empieza un proceso de renovación y de unción potentísima en su vida y llama la atención de su pueblo, empiezan a ver sus palabras llenas de exousia, de autoridad y sus acciones milagrosas. En este momento central es que se inscribe el evangelio de hoy, cuando la gente espontáneamente le dice: “Tu Madre y tus hermanos (hablando de los familiares), te buscan”, y Él da una respuesta clara: “La nueva familia suya, la nueva familia de Jesús, no nace de la sangre de la carne, ni del afecto puramente humano, sino que la nueva familia de Jesús, nace de escuchar y obedecer, la Palabra de Dios”. Ratificado en otros textos evangélicos nos señala, que sólo agradamos a Dios por la obediencia, el sometimiento que lejos de robarnos nuestra libertad, la potencializa, la obediencia a los mandatos sabios de Dios, manifestados en su Hijo Jesús.
Hoy haz eco de estas palabras y reconoce que, si quieres ser del círculo, (permíteme la expresión), privilegiado de la familia, de lo más querido por Jesús, sólo lo podrás alcanzar, si haces, si guardas, si obedeces y obedecemos la voluntad del Padre que está en los cielos.
Finalmente en una tercera enseñanza, más allá de la primera contenida en la lectura del profeta Miqueas y de la primera parte del evangelio de hoy, descubrimos en una tercera enseñanza y final, que mientras Juan el Bautista y sus discípulos van al desierto y viven en aislamiento y soledad, Jesús por el contrario, se integra con la comunidad, con la familia, con los hermanos, que no necesariamente son hermanos de sangre, sino hermanos en la fe y constituye una comunidad buscando el reino de los cielos.
Hoy reconozcamos este gesto de Jesús, mostrando a los suyos con su mano quien es la nueva familia, un gesto que nos recuerda extender la mano para salvar a Pedro que se hundía de las aguas, un gesto que nos recuerda extender la mano, a aquel hombre que tenía el brazo paralizado, un gesto con autoridad que nos recuerda cómo Jesús extiende la mano y toca al leproso para curarlo.
Hoy reconoce, que este gesto como acto de poder y de autoridad nos muestra, que sólo seremos benditos de Dios, bendecidos por el Padre, si escuchamos, acogemos, obedecemos los mandatos, los preceptos, la voluntad de del Padre de los Cielos.
Que el Señor nos ayude a vencer falsos respetos humanos, dejemos la majadería de obedecer a los hombres, y aprendamos que el único respeto grande, es obedecer y respetar las leyes sabias, eternas y perfectas de Dios.
Que el Señor bendiga tu día en abundancia, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.