El criterio supremo: ¡Hacer el Bien!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-09-11T18:47:01Z
dc.date.available2024-09-11T18:47:01Z
dc.date.issued2024-09-09
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada del apóstol san Pablo a los Corintios, habla del escándalo que había generado por lo menos en el apóstol, un caso de inmoralidad que no se vivía ni siquiera entre la comunidad de los no creyentes o los paganos, un hombre conviviendo con la mujer de su padre. Pablo se escandaliza de esta situación e invita a expulsar de la comunidad a las personas que no saben respetar la ley de Dios. Nos preguntamos ¿qué pensaría y qué diría el apóstol san Pablo en el siglo XXI, viendo la inmoralidad extendida en nuestro mundo, el caso de las llamadas comunidades poliamorosas, tres personas de igual o distinto sexo conviviendo juntas, las llamadas parejas swingers donde se intercambian unas a otras y en general muchas perversiones modernas que se dan, a partir de los fenómenos tecnológicos, como el caso de las mujeres webcamer, aquellas que se prostituyen a través de la internet y hacen show privados para personas en otro lado del mundo a cambio de dinero? Hoy nosotros reconocemos, que el cristianismo siempre ha tenido una propuesta de vida nueva, pero que va acompañada de una propuesta, de una forma de buena costumbre, de buena moral. En el fondo, cuando se degradan las costumbres, cuando se pervierte la moral, es el principio del fin de una sociedad, como aconteció con los grandes imperios en el mundo antiguo, su inmoralidad, su conducta desbocada, alocada, fue la que llevó a iniciar el fin de estos grandes imperios. Pero Pablo sigue hablando a la comunidad de Corinto y nos invita a no llenarnos de orgullo y a saber que toda obra buena es la acción de Dios en nuestro corazón, en nosotros mismos. Y coloca un principio de acción a partir de una realidad cotidiana, la levadura, que es capaz de hacer crecer la masa de harina y de permitir un pan esponjoso. La levadura la distinguirá el apóstol Pablo, la que actúa en el corazón de los fariseos o legalistas o formalistas de su tiempo, y la levadura de los verdaderos creyentes. La primera es una levadura de corrupción, de hipocresía, de maldad, porque es ese principio de acción el que actúa en el corazón de fariseos, de escribas, y de aquellos que, aunque se decían pulcros, practicantes de la ley, en el fondo era simplemente ritualidad exterior, pero no práctica real e interior del amor y de la justicia. Por eso Jesús invita a los creyentes de Corinto a que sean no panes ázimos simplemente, sino transformados por una nueva levadura de la sinceridad, de la verdad y del amor. Pero pasemos al evangelio de hoy, cuando Jesús nuevamente en un día sábado y en la sinagoga judía se pone a enseñar, y allí le presentan a un enfermo que tenía la mano derecha paralizada. Nos dice de manera muy descriptiva el evangelista Lucas, que los supuestos puros de la época, escribas y fariseos, estaban al acecho para mirar si Jesús sanaba este hombre en día sábado, cuando sólo era permitido sanar a alguien, si su vida estaba en peligro de muerte, pero tratándose simplemente de una mano paralizada, no entraba en esa categoría que permitía como excepción la ley del sábado. Jesús, conociendo ante semejantes fieras con las que compartía en la sinagoga, dice al hombre de la mano atrofiada: “Colócate al centro de todos”. En el fondo, no es solamente un movimiento corporal, es colocar al hombre en el centro de la vida, colocar al doliente, al enfermo en el centro de la comunidad y no colocar una ley estereotipada, rigorista y abstracta en el centro de la existencia humana. A renglón seguido, y Jesús preparando el corazón de sus oyentes, dice a quienes lo escuchan: “Les voy a hacer una pregunta”, ¿qué es lo que está permitido en día sábado?, ¿hacer el bien o el mal?, ¿sanar una vida o dejarla enferma?, ¿salvarla o destruirla? Todos guardaban silencio, porque en su aferramiento ciego a la ley que prohibía sanar en sábado, excepto en peligro de muerte, todos callaron. Sin embargo, Jesús con gran libertad interior y mirándolos a todos, dice al enfermo: “Extiende tu mano derecha”, y ante su palabra y sus gestos, el hombre queda sanado. En vez de llenarsen de alegría fariseos y escribas por una vida que había sido restablecida por la salud que había sido recuperada, planeaban con furia cómo acabar con Jesús. Hoy aprendamos tres enseñanzas centrales para nuestra vida. La primera, toda ley humana no es absoluta, son creadas por hombres, por los llamados grupos de poder, y no pueden estar sino al servicio del hombre. Toda ley humana que no sirva al hombre, de alguna manera es una ley espuria, falsa, y así lo declara Jesús. Las leyes religiosas de su tiempo no podían oprimir, esclavizar, quitar la posibilidad de sanar a un enfermo, sino que están hechas para hacer el bien. Pienso cuántas veces, en nombre de las políticas de una empresa, en nombre de las políticas de un estado, dice un funcionario privado en una empresa, un funcionario público, no le puedo servir, no le puedo ayudar. Recuerdo trabajando en el sector público como capellán, cuando unos sencillos campesinos fueron a pedir un servicio, viniendo de lejos a una oficina pública, y estando yo allí en presencia de unos funcionarios, servidora pública le dijo: “Son justo las 12 del día, no los podemos atender”. Ellos le dijeron: “Llevamos dos horas desde que salimos de la casa para llegar acá, el tráfico estaba pesado, no pudimos llegar antes, necesitamos simplemente reclamar un papel”. La funcionaria les dijo: “Lo siento mucho, pero ya no estamos en horario laboral”. Pensé en mi corazón, que Dios perdone a esta funcionaria por hacer perder el viaje a dos campesinos simples, hombre y mujer, a reclamar un papel para algún trámite público, y como nosotros en nombre de la ley, no servimos a los demás. Cuánto nos quejamos de la burocracia, de la tramitología del estado paquidermo, de la inoperancia de las entidades públicas, Jesús hoy nos pide que ninguna ley pueda hacer obstáculo para hacer el bien, prestar un servicio a los demás. En una segunda enseñanza, Jesús declara la falsedad del judaísmo de su tiempo, una religión cerrada, llena de formalismos, que se encierra a la justicia, a la comprensión, al amor, una religión que es sólo de exterioridades. Unos fariseos que vivían más en la oscuridad, y Jesús que es luz, quiere ser apagada esa luz por la oscuridad legalista de los funcionarios de su tiempo, de su época. En una tercera enseñanza y final, descubramos que el criterio supremo de la vida a la hora de actuar, es el servicio y el bien a los demás. No vas a ser juzgado si la política de esta empresa, si la ley, si el horario de trabajo no te permite hacer el bien, eso no se tendrá en cuenta para tu vida, para la eternidad, tu vida eterna después de tu muerte; sólo se tendrá en cuenta para ti, el bien que pudiste realizar. En una sociedad de leyes, reglamentos, ordenanzas departamentales, acuerdos municipales, actos administrativos, cómo complicamos la vida a la gente. Perdónenme, a veces en la misma Iglesia para llevar la vida divina de un sacramento, el bautismo, el matrimonio, cuántas trabas, cuánto legalismo, cuántos fariseos eternos de todos los tiempos, aún en la misma Iglesia, cumplidores a rajatabla de legalismos canónicos, pero no tan cumplidores de la ley del amor, la misericordia, la justicia y el anuncio de Jesús a los hombres. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 6, 6-11 Lectura del día de hoy 1Co 5, 1-8: Hermanos: Se sabe de buena tinta que hay un caso de unión legítima en vuestra comunidad, y tan grave, que ni los gentiles la toleran; me refiero a ése que vive con la mujer de su padre. ¿Y todavía tenéis humos? Estaría mejor ponerse de luto y pidiendo que el que ha hecho eso desaparezca de vuestro grupo. Lo que es yo, ausente en el cuerpo, pero presente en espíritu, ya he tomado una decisión como si estuviera presente: reunidos vosotros en nombre de nuestro Señor Jesús, y yo presente en espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesús entregar al que ha hecho eso en manos del diablo; humanamente quedará destrozado, pero así la persona se salvará en el día del Señor. Ese orgullo vuestro no tiene razón de ser. ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? Barred la levadura vieja para ser una masa nueva, ya que sois panes ázimos. Porque ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad. Salmo del día de hoy Salmo 5, 5-6.7.12: Señor, guíame con tu justicia. Tú no eres un Dios que ame la maldad, ni el malvado es tu huésped, ni el arrogante se mantiene en tu presencia. Detestas a los malhechores, destruyes a los mentirosos; al hombre sanguinario y traicionero lo aborrece el Señor. Que se alegren los que se acogen a ti, con júbilo eterno; protégelos, para que se llenen de gozo los que aman tu nombre. Evangelio del día de hoy Lc 6, 6-11: Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los letrados y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: -Levántate y ponte ahí en medio. -Él se levantó y se quedó en pie. Jesús les dijo: -Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir? Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: -Extiende el brazo. Él lo hizo, y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectAmor
dc.subjectComprensión
dc.subjectEntrega
dc.subjectFariseos
dc.subjectHacer el bien
dc.subjectJusticia
dc.subjectLey humana
dc.subjectReligión
dc.subjectServicio
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.titleEl criterio supremo: ¡Hacer el Bien!
dc.title.alternativeLey

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