¡Las cualidades crecen cuando se comparten!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Cominicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2023-12-01T22:28:59Z | |
| dc.date.available | 2023-12-01T22:28:59Z | |
| dc.date.issued | 2023-11-22 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La Iglesia hace hoy memoria litúrgica de santa Cecilia, patrona de los músicos y del canto sagrado. Pero hablemos del evangelio que nos presenta hoy la liturgia, con alguna similitud de evangelios de pasados días. Nos habla san Lucas, de cómo un hombre noble se marchó a un país lejano y para conseguirse el título de rey y regresar después, llamó a algunos empleados suyos y les repartió, sendas onzas de oro, invitándolos a que negociaran con ellas y las hicieran productivas. A su regreso, uno de sus empleados que había recibido una onza de oro, produjo diez más; el señor le felicita: “Has sido fiel en lo poco, tendrás autoridad sobre mucho, diez ciudades”. Un segundo empleado en la misma línea había recibido una onza y produce cinco más, es felicitado, llamado siervo fiel y se le da el mando sobre cinco ciudades. Pero he aquí, que llega un tercer empleado, y la onza de oro que tuvo para negociar y hacerla producir, con miedo la guardó y no produjo ninguna riqueza más. Nos llama la atención la respuesta airada, destemplada del rey, que llama a este empleado: “Holgazán”, habiéndole devuelto la onza de oro, el carisma, el talento, la cualidad que había recibido para su vida, y le reclama: “Por qué no la puso tan siquiera en el banco para que le produjera intereses al volver, al regresar a su tierra”. Hoy, este evangelio nos hace a nosotros pensar, que tenemos una inmensa responsabilidad con los talentos y dones que Dios nos ha dado; y podríamos aplicar en la línea del evangelio de hoy, el pensamiento de Jesús: “Al que mucho se le ha dado, mucho se le exigirá”. A veces nos dolemos porque vemos personas con especiales carismas, dones únicos, humanos, morales, que le hacen brillar, que en verdad embellecen su personalidad; pero Jesús nos alerta, estos dones, estos talentos, no son adornos para el hombre en sí mismos, son solamente cualidades llamadas a ser colocadas al servicio de los demás. He aquí una característica muy especial que nosotros nunca podemos olvidar, un don que Dios nos da, la vida; cuando lo ponemos al servicio de los demás, se multiplica, crece, se depura, se hace mucho más grande, más fino. Por el contrario, un don que Dios nos da, un carisma, una cualidad cuando la guardamos, cuando la atesoramos de manera miedosa o egoísta o cómoda, y no la ponemos al servicio de los demás, esa cualidad, ese talento se atrofia. Contrario a la lógica del mundo, donde si el dinero se consigna, se consigna, se guarda en una cuenta de ahorros, dicha cuenta bancaria crece y por el contrario si se retira, si se retira, la cuenta bancaria decrece hasta llegar a saldo rojo, con los dones de Dios ocurre exactamente lo contrario. Por ejemplo: si has recibido el don de la alegría, o el don del amor, o el don de la esperanza, o el don de consejo, o el don de la prudencia, o el don de la fortaleza para citar varios ejemplos, y pones estos dones al servicio de tu matrimonio, de tus amistades, de tu familia, esos dones de amor, de paciencia, de esperanza, de alegría crecerán, se multiplicarán, se perfeccionarán. Por el contrario, si ese don especial que Dios te dio haciéndote una persona amorosa, una persona alegre, una persona que aconseja bien, guardas ese talento, se va a atrofiar hasta perderse. Es un poco la línea de pensamiento sapiencial que nos presenta el evangelio de san Lucas, cuando dice: “Al que tiene se le dará más, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener”. Hoy Señor, te pedimos, dame responsabilidad con los carismas, con las cualidades y talentos que me has dado y sé que al final de la vida me reclamarás, por el buen uso con generosidad y servicio a los demás que he hecho de estos talentos, dones, onzas de oro que Tú Señor, me has dado. Que el buen Dios te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 19, 11-28 Lectura del día de hoy Del segundo libro de los Macabeos 7, 1.20-31 En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la ley. Ninguno más admirable y digno de recuerdo que la madre. Viendo morir a sus siete hijos en el espacio de un día, lo soportó con entereza, esperando en el Señor. Con noble actitud, uniendo un temple viril a la ternura femenina, fue animando a cada uno, y les decía en su lengua: -Yo no sé cómo aparecisteis en mi seno: yo no os di el aliento ni la vida, ni formé con los elementos vuestro organismo. Fue el Creador del universo, el que modela la raza humana y determina el origen de todo. Él, con su misericordia, os devolverá el aliento y la vida, si ahora os sacrificáis por su ley. Antíoco creyó que la mujer lo despreciaba, y sospechó que lo estaba insultando. Todavía quedaba el más pequeño, y el rey intentaba persuadirlo; más aún, le juraba que si renegaba de sus tradiciones lo haría rico y feliz, lo tendría por amigo y le daría algún cargo. Pero como el muchacho no hacía el menor caso, el rey llamó a la madre y le rogaba que aconsejase al chiquillo para su bien. Tanto le insistió, que la madre accedió a persuadir al hijo: se inclinó hacia él y, riéndose del cruel tirano, habló así en su idioma: -Hijo mío, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en el seno, te amamanté y crie tres años y te he alimentado hasta que te has hecho un joven. Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra, fíjate en todo lo que contienen y ten presente que Dios lo creó todo de la nada, y lo mismo da el ser al hombre. No temas a ese verdugo; ponte a la altura de tus hermanos y acepta la muerte. Así, por la misericordia de Dios, te recobraré junto con ellos. Estaba todavía hablando, cuando el muchacho dijo: – ¿Qué esperáis? No me someto al decreto real. Yo obedezco los preceptos de la ley dada a nuestros antepasados por medio de Moisés. Pero tú, que has tramado toda clase de crímenes contra los hebreos, no te escaparás de las manos de Dios. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo (17): Al despertar, Señor, me saciaré de tu semblante. Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño. Al despertar, Señor, me saciaré de tu semblante. Mis pies, estuvieron firmes en tus caminos, y no vacilaron mis pasos. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío, inclina el oído y escucha mis palabras. Al despertar, Señor, me saciaré de tu semblante. Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme. Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante. Al despertar, Señor, me saciaré de tu semblante. Evangelio del día de hoy Del santo Evangelio según san Lucas 19, 11-28 En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro: Dijo, pues: -Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: -Negociad mientras vuelvo. Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras de él una embajada para informar: «No queremos que él sea nuestro rey». Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: -Señor, tu onza ha producido diez. Él le contestó: -Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades. El segundo llegó y dijo: -Tu onza, señor, ha producido cinco. A ése le dijo también: -Pues toma tú el mando de cinco ciudades. El otro llegó y dijo: -Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras. Él le contestó: -Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Con que sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y siego lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses. Entonces dijo a los presentes: -Quitadle a éste la onza y dádsela al que tiene diez. Le replicaron: -Señor, si ya tiene diez onzas. -Os digo: Al que tiene se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, traedlos acá y degolladlos en mi presencia. Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Atesorar | |
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| dc.subject | Cualidades | |
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| dc.subject | Talentos | |
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