¡Que tu vida alumbre, no deslumbre!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 8, 16-18
Lectura del día de hoy
Pr 3, 27-34:
Hijo mío, no niegues un favor a quien lo necesita, si está en tu mano hacérselo. Si tienes, no digas al prójimo: «Anda, vete; mañana te lo daré».
No trames daños contra tu prójimo, mientras él vive confiado contigo; no pleitees con nadie sin motivo, si no te ha hecho daño; no envidies al violento, ni sigas su camino; porque el Señor aborrece al perverso, pero se confía a los honrados; el Señor maldice la casa del malvado y bendice la morada del justo; se burla de los burlones y concede su favor a los humildes: otorga honores a los sabios y reserva baldón para los necios.
Salmo del día de hoy
Salmo (15)14, 2-3ab.3cd-4ab.5: El justo habitará en tu monte santo, Señor.
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.
El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino;
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor.
El que no presta dinero a usura,
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra, nunca fallará.
Evangelio del día de hoy
Lc 8, 16-18:
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
-Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama, lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz.
Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.
A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
Description
TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
La primera lectura del libro de los Proverbios, nos muestra algunas máximas de sabiduría bíblica, que debe de practicar el hombre sabio, el hombre que vive en la luz y de cara a Dios.
Una primera máxima bíblica es: “No negar un favor a nadie si está dentro de nuestras posibilidades poderlo hacer”. La sabiduría popular nos ha enseñado con las abuelas: “Hoy lo hacemos por ti, mañana lo harás por mí”. Que nuestra actitud egoísta, natural de pensar primero en nuestra conveniencia y luego en la de los demás, no nos impida sacar tiempo, apartarnos del proyecto del camino que teníamos trazado para una jornada, para un día y tender la mano al que lo necesita. Pero a renglón seguido y muy ligada a esta afirmación señalará: “No digas al prójimo, anda, vete, mañana te ayudaré, la caridad necesita urgencia, prontitud, no puede ser dilatada; si la necesidad de tu prójimo es hoy, hoy debes de ayudar, quizás mañana no tengas la vida o no tengas la oportunidad de servir a otros, el kairós, el tiempo de Dios, el tiempo de gracia, es hoy”.
En un segundo momento dentro de estas sabidurías bíblicas que nos trae el libro de los Proverbios, nos habla: “De no tramar daños, intrigas, maquinaciones contra el prójimo, y más si vive de manera confiada, creyendo en nuestra amistad, creyendo en nuestro cariño, poniendo nuestra confianza”. Cuántas veces hemos descubierto con dolor, que los peores enemigos los teníamos al lado, que nos alababan, nos lisonjeaban, nos adulaban, y es ahí cuando cabe perfectamente la afirmación: “Todo el que adula miente, porque es hipócrita; busca sacar un interés, un provecho personal, una conveniencia para sí mismo”.
En una tercera máxima de sabiduría que trae el libro de los Proverbios, nos habla: “De no andar pleiteándonos, buscando problemas o conflictos sin ningún motivo, porque eso no nos ayuda en la vida y menos pleitearnos, conflictuar con aquel que no nos ha hecho ningún daño”. Hay gente que por naturaleza y por corazón es conflictiva, disociadora, dañina, tóxica; aléjate de ella, no te conviene, busca la paz en tu corazón y la armonía con las personas con las que compartes la vida.
En una cuarta sabiduría bíblica, nos dirá el autor del libro de los Proverbios: “No envidies al hombre violento, ni trates de imitar su conducta, porque Dios detesta al ser humano de corazón perverso y pone su confianza sólo en el hombre honrado”. Y concluye diciendo: “El Señor maldice la casa del malvado, y, por el contrario, bendice la morada del hombre justo”.
Con mucha razón entendemos el salmo de hoy, cuando hablando de: ¿quién puede vivir en el monte de Dios, en el templo y en la casa de Dios?, el mismo salmista se responde diciendo: “Sólo el que procede con honradez y practica la justicia, la rectitud, solo el que tiene intenciones leales y no anda por ahí calumniando con su lengua, sólo aquel que no hace mal a su prójimo, ni difama al vecino, el que considera despreciable al malvado y honra a quien respeta a Dios, sólo aquel que no presta dinero con intereses de usura, ni acepta soborno contra el inocente”. Y concluirá magníficamente el salmo: “El que así obra en esa limpieza de corazón, en esa rectitud de intención, nunca fallará, porque Dios acompañará, cuidará y protegerá todas sus empresas, todos sus proyectos”. Es que obrar rectamente si paga, “y aunque el hombre justo sufra persecuciones a manos de los intrigantes, de todas los libra el Señor”.
Pero pasemos al evangelio de hoy, donde encontramos una preciosa imagen evangélica de la vida cotidiana, donde Jesús nos señala: “Que las lámparas de uso cotidiano en las casas y sobre todo en lugares oscuros o de noche, deben ser encendidas y no colocadas debajo de la cama o debajo de una mesa, sino en un candelero, para que todo el mundo se aproveche y se ilumine con la luz de la lámpara; no se tapa con una vasija, ni se oculta”.
Hoy pensemos, que la luz que tenemos nosotros por el Espíritu del Resucitado, está llamada a ser irradiada. Pero siento que a veces los creyentes, manejamos complejos de inferioridad, falsos respetos humanos, cobardías y miedos que nos impiden expresar a la familia, a los amigos, en el círculo laboral, nuestra fe en Cristo y hablar de las maravillas que Dios ha hecho en nuestra vida, de cómo nos ha levantado en momentos en que hemos estado caídos, de cómo nos ha sanado y nos ha protegido de peligros inminentes.
Hoy el evangelio es una clara invitación a que dejemos las cobardías en una cultura secular que quiere arrinconar y menospreciar la fe religiosa, especialmente la cristiana. Hoy siente un sano orgullo, una grande satisfacción de experimentar la vida de Cristo, porque vives en fraternidad, porque ayudas en caridad, porque oras a Jesús, porque recibes frecuentemente los sacramentos, porque leés y meditas la palabra, el mensaje sabio y santo de Dios. El mundo deslumbra, pero sólo Cristo alumbra. El mundo es como la pólvora, fascina, pero no ilumina realmente y es tan efímera, tan pasajera; en cambio Cristo que es el Sol de justicia, sin deslumbrar si ilumina, no de manera pasajera, sino permanente, no por mera fascinación, sino por una atracción constante, Jesús es capaz de alumbrar el camino de nuestra vida. Cuántas veces decimos en nuestro corazón, me siento confuso, no sé qué he hecho de mi vida, no tengo claridad sobre mis acciones, he perdido el rumbo, el norte de mi existencia.
Hablaba en estos días con una joven madre enredada en adulterio, con un hombre que no era su esposo y del cual quedó embarazada, en su confusión solo pensó en abortar y por más que le dije de manera personal que no lo hiciera, me decía: “Me siento confundida, fría religiosamente, helada, alejada de Dios”, y tomó la decisión de quitarle la vida a esa criatura inocente, porque no es culpable de nada, indefensa porque no puede defenderse, incapaz de hablar por ella misma, porque estaba en el vientre materno. Ahora esta madre, sintiéndose mal por el aborto, por el adulterio entregada al amor de otro hombre ha descubierto, que se jugó la vida por quien no valía la pena y se ha quedado sin la criatura que estaba naciendo o formándose en su vientre, el hombre que parecía un sueño no resultó ser tal y su matrimonio está en una seria crisis. Me decía: “Me siento en oscuridad, me siento confusa, no sé qué ha pasado con mi vida”. Simplemente le decía yo, busca la luz de Cristo, en Jesús no hay engaño, en Él no hay mentira, siguiendo los valores y principios, el mensaje que Él nos propone, encontramos verdad, certidumbre, alegría, sabiduría y paz para nuestro corazón.
En el mundo de hoy, cuánta oscuridad a nuestro alrededor, porque vivimos lejos de la única luz que no tiene ocaso, la luz de Dios manifestada en Cristo Jesús.
Hoy Señor te pedimos, ilumina el camino de mi vida, sácame de mis oscuridades interiores que sólo me han traído fracaso, tristeza y desolación.
Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.