¡Saciar el hambre y la sed de Vida!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-06-11T20:40:14Z | |
| dc.date.available | 2025-06-11T20:40:14Z | |
| dc.date.issued | 2025-05-07 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles en el capítulo 8, nos presenta tres lecciones paradójicas, pero así es la lógica de Dios y nos muestra que los caminos humanos son tan distintos de los caminos de Dios. La primera paradoja es que la persecución a la Iglesia de Jerusalén es la circunstancia providencial para la expansión del evangelio. Fue, curiosamente, en este éxodo de muchos que fueron a anunciar la Buena Nueva cuando fueron perseguidos en la ciudad de Jerusalén. La segunda paradoja es que el gran perseguidor de los cristianos, Saulo, que se ensañaba contra la iglesia cristiana, que entraba a las casas de manera personal y arrastraba a la cárcel a hombres y mujeres; luego Saulo, como veremos en los próximos días, es el gran anunciador, el gran defensor del Evangelio de Cristo, y ha sido el instrumento elegido por Dios para precisamente ser el gran promotor de la fe cristiana, sobre todo en el mundo gentil, en el mundo no judío. La tercera paradoja que nos presenta la primera lectura de hoy es que el evangelio crece cuando todos, saliendo de Jerusalén, se dispersan por Judea y Samaria, con excepción de los apóstoles en principio. Es que las gentes, los seguidores del nuevo camino (como se les llamaban a los cristianos inicialmente), al ir de un lugar a otro, los prófugos van difundiendo la buena noticia y los poseídos por el mal son liberados, los paralíticos y lisiados son curados y la ciudad se llena de gran alegría. ¡Qué hermoso es leer el gran libro de la Biblia!, que nos habla cómo nació la fe religiosa más extendida en el mundo, dos mil años después, que, en medio de persecuciones, dificultades, incomprensiones, malos entendidos, así es como se difundió, se propagó, se fortaleció la fe en la persona divina de Jesús. Pero pasemos al evangelio de hoy y seguimos con esta lectura continuada de Juan capítulo 6, donde: “Él no solamente se presenta como el Pan de vida y nos reconoce como el pan que es capaz de dar salud, salvación a todos los hombres”. Podríamos decir, retomando otro texto: “Que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Pero del evangelio de hoy saquemos tres enseñanzas. La primera, como hemos dicho en evangelios precedentes, el hambre y la sed que nos habla el evangelio de hoy no es solamente una sed material u orgánica, es una sed más profunda, es una sed existencial. En todo ser humano hay un hambre y una sed de comunión, de unidad entre todos. En los partidos de fútbol en un estadio, en las manifestaciones políticas en las calles, en eventos de conciertos de grandes artistas, en el fondo, inconscientemente, el ser humano busca comunión, fraternidad, a ser unidad con otros. Lo que pasa es que el equipo de fútbol, la ideología política o el artista en el concierto nocturno no alcanza a generar una unidad o una comunión de vida tan profunda como la genera Jesús. Mi experiencia como hombre al viajar por distintos lugares, encontrarme con cristianos y católicos que profesamos la misma fe, descubre uno una verdad suprema, aunque no conozcas a esta persona, aunque sea de otro país, de otra ciudad, de otro apellido, la fe nos hace unánimes en el mismo espíritu y por eso solidarios, acogedores, fraternos, amorosos. Todos los predicadores que viajamos por distintos lugares encontramos esta constante, como el Espíritu del Resucitado nos hace familia en la fe, familia por vínculos de amor, por vínculos de fraternidad, por vínculos de solidaridad. Esa sed de unidad, repito, no la busques en el mundo, búscala en Cristo y en lo que Cristo, el Espíritu del Resucitado, hace en nosotros, sus seguidores. Pero también podría decir en este primer punto que la sed universal del hombre de hoy es una sed de sentido de vida: ¿para qué vine al mundo?, ¿cuál es, en último término la razón de ser de mi existencia? Es que todos buscamos trascender por la fuerza de la belleza, de la bondad, de la verdad, del amor, de la libertad. La vida no puede agotarse simplemente en trabajar como burro toda la vida para alcanzar una pensión de vejez o de jubilación. La vida no puede ser simplemente acumular unos bienes materiales y “asegurar mi vida” olvidando que la seguridad máxima está en Dios y no en las cosas del mundo. Pero además de esa sed distinta de la sed material, hoy como enseñanza encontramos una revelación de Jesús: “Sólo en su persona está el alimento de vida plena, sólo en su palabra y en su presencia sacramental, la Eucaristía, está todo el alimento que responde a nuestra necesidad existencial más profunda”. Como hemos dicho en evangelios precedentes, no busquemos las grandes respuestas de la vida, a los interrogantes que tenemos en nadie más que en Cristo, lo demás es buscar en el lugar equivocado. Juan Pablo II, el Grande (ahora santo), decía en su momento: “Que el misterio del hombre y el misterio de la vida humana sólo se resuelve a la luz del misterio de la Persona divina de Jesús”. Hoy se nos revela como el Pan de vida, hoy se nos revela como el alimento de eternidad, hoy se nos revela como el modelo de humanidad. Hoy se nos manifiesta como el único capaz de iluminar plenamente las búsquedas más acuciantes que hay en el interior de nuestro espíritu. En una tercera enseñanza y final, viene la promesa de Jesús: “El que viene a mí, no pasará hambre, el que cree en mí, no tendrá nunca sed”. Que bellos verbos: ¡Venir a Jesús, acercarnos a Él, creer en Jesús, confiarnos totalmente a Él! Descubramos que la Iglesia, a diferencia de organismos como las Naciones Unidas, la FAO organizaciones no gubernamentales que se preocupan solo por el hambre material; la Iglesia de Cristo se preocupa sobre todo por nuestra hambre existencial, por darle sentido y plenitud a la vida. De hecho, el evangelio nos dirá: “Que la voluntad de Cristo es que nadie se pierda, y que todo el que cree en Él y vaya a Él, tenga vida eterna, y Él nos resucitará en el último día”. Ciertamente, más allá de la resurrección del cuerpo orgánico, habla de la resurrección de nuestro ser profundo, el que nos anima a todos. No conoceremos la muerte eterna si creemos y vivimos en Jesús, Pan de vida, el que vive eternamente. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Juan 6, 35-40 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de los Hechos de los apóstoles 8, 1b-8 Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaria. Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él. Saulo se ensañaba con la Iglesia; penetraba en las casas y arrastraba a la cárcel a hombres y mujeres. Al ir de un lugar para otro, los prófugos iban difundiendo el Evangelio. Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo (66)65 , 1-3a. 4-5. 6-7a Aclamad al Señor, tierra entera. Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria. Decid a Dios: «¡Qué terribles son tus obras!» Aclamad al Señor, tierra entera. Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres. Aclamad al Señor, tierra entera. Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. A legrémonos con Dios, que con su poder gobierna enteramente. Aclamad al Señor, tierra entera. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 6, 35-40 En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.» Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Comunidad de Fe | |
| dc.subject | Confianza | |
| dc.subject | San Juan | |
| dc.subject | Sentido de vida | |
| dc.subject | Ser fraterno | |
| dc.subject | Ser solidario | |
| dc.subject | Tener fe | |
| dc.subject | Vínculos de amor | |
| dc.subject | Voluntad del Padre Dios | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Saciar el hambre y la sed de Vida! | |
| dc.title.alternative | Fe |
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