¡Capaces de lo mejor y lo peor!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Marcos 4, 26-34
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: 2S 11,1-4a.5-10a.13-17:
Al año siguiente, en la época en que los reyes van a la guerra, David envió a Joab con sus oficiales y todo Israel, a devastar la región de los amonitas y sitiar a Rabá. David, mientras tanto, se quedó en Jerusalén; y un día, a eso del atardecer, se levantó de la cama y se puso a pasear por la azotea del palacio, y desde la azotea vio a una mujer bañándose, una mujer muy bella. David mandó preguntar por la mujer, y le dijeron:
-«Es Betsabé, hija de Alián, esposa de Urías, el hitita.»
David mandó a unos para que se la trajesen. Después Betsabé volvió a su casa, quedó encinta y mandó este aviso a David:
-«Estoy encinta. » Entonces David mandó esta orden a Joab:
-«Mándame a Urías, el hitita.» Joab se lo mandó. Cuando llegó Urías, David le preguntó por Joab, el ejército y la guerra. Luego le dijo:
-«Anda a casa a lavarte los pies.»
Urías salió del palacio, y detrás de él le llevaron un regalo del rey. Pero Urías durmió a la puerta del palacio, con los guardias de su señor; no fue a su casa. Avisaron a David que Urías no habla ido a su casa. Al día siguiente, David lo convidó a un banquete y lo emborrachó. Al atardecer, Urías salió para acostarse con los guardias de su señor, y no fue a su casa. A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la mandó por medio de Urías. El texto de la carta era: «Pon a Urías en primera línea, donde sea más recia la lucha, y retiraos dejándolo solo, para que lo hieran y muera.» Joab, que tenia cercada la ciudad, puso a Urías donde sabia que estaban los defensores más aguerridos. Los de la ciudad hicieron una salida, trabaron combate con Joab, y hubo bajas en el ejército entre los oficiales de David; murió también Urías, el hitita.
Salmo de Hoy:
Salmo 51(50), 3-4.5-6a.6bc-7.10-11(R. cf. 3a)
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa.
Lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
-«El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.»
Dijo también:
-« ¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.»
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
Description
TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡Capaces de lo mejor y lo peor!
¡Qué impresionantes las lecturas que hoy la liturgia de la Iglesia nos presenta para este día! La primera lectura que recomiendo amplia y meditativamente está tomada del segundo Libro de Samuel en el capítulo 11 y nos muestra el doble pecado de David como rey, después de haber sido un joven valiente, fiel en la amistad con Jonatán, fiel defensor del rey Saúl, fiel guerrero con el gigante Goliat, y ahora nos muestra el lado más oscuro de su condición humana personal, el pecado doble repito de adulterio y de homicidio.
La historia comienza con la lujuria que entró en el corazón del rey David cuando, paseando por la azotea de palacio, vio a una bella mujer bañándose, (sabremos luego que se trata de la joven Betsabé, casada con el valiente general Urías, que defendía al rey David en su ejército). El rey, lleno de lujuria y de deseo en su corazón, manda llamar a la chica y estando con ella en palacio tiene la relación de intimidad, con la mala suerte diría que la embarazó y queda constancia de su pecado.
Él, tratando de cubrir esta falta, hace traer del campo de batalla a su general Urías, esposo de Betsabé, y lo manda a descansar a su casa para que esté en intimidad con su esposa. Pero ¡qué paradoja! Urías, fiel guerrero, servidor incondicional del rey David, lejos de ir a dormir y a disfrutar de los placeres conyugales con su esposa Betsabé, no abandona la custodia de palacio ni del rey, y como un perro fiel se acuesta a las puertas de palacio.
El rey que ha querido tapar su pecado y quisiera eventualmente ante el embarazo de Betsabé, decir que ha sido porque Urías ha tenido intimidad con ella, emborracha al general y lo manda astutamente a su casa. Pero él nuevamente y por segunda vez, se queda de forma leal, y si se quiere servil a los pies del rey, porque dice: “Lejos de mí en tiempos de guerra, no estar custodiando, defendiendo y salvaguardando la vida de mi señor, de mi rey”.
Finalmente, David maquinando, maquinando con astucia qué hacer para no ser descubierto en su pecado y en el embarazo incipiente de la joven Betsabé, manda a Urías al frente de batalla con precisas instrucciones que da a un amigo muy cercano, uno de sus más fieles asesores, Joab, y le dirá en la carta que coloque al valiente general Urías en el frente de batalla, donde hallan guerreros más feroces, y luego se retiren los soldados para que lo dejen solo y muera a manos de los enemigos, como efectivamente aconteció.
Qué dolor que un hombre tan grande, habiendo batallado con Goliat, habiendo defendido al rey Saúl, habiendo tenido una amistad incondicional con Jonatán, ahora sea un miserable lujurioso, traidor y asesino intelectual.
Con razón el Salmo Miserere se nos presenta hoy en la liturgia cuando diremos en actitud orante todos los que hemos cometido pecado en la vida, que somos todos: “Misericordia, Dios mío, misericordia; por tu bondad, por tu inmensa compasión, borra mi culpa, lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado; contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad en tu presencia”.
Impresionante el Salmo Miserere que todos conocemos.
Pero ¿qué lecciones nos quedan para la vida? A propósito de esta primera lectura, reconozcamos una primera lección, el ser humano es capaz de lo mejor, cuidar al rey Saúl, batallar con Goliat para defender a su pueblo de los filisteos. Pero también el ser humano es capaz de lo peor, un adulterio, un homicidio doloso.
Digámoslo con sinceridad, dentro de cada uno de nosotros hay potencialmente un ángel, pero también un demonio. Así somos los seres humanos, qué le vamos a hacer. La parábola del trigo y la cizaña que se aplica usualmente a la Iglesia se puede aplicar también de manera personal a la condición humana, porque todos podemos ser eventualmente capaces de lo mejor y de lo peor.
Pero en una segunda enseñanza aprendamos que un instante de pasión, de locura, de irreflexión puede cambiarnos la vida para siempre. Aconteció con el rey David un momento de locura pasional por una joven mujer donde, lleno de lujuria, le lleva a un primer pecado el adulterio y a un segundo pecado el homicidio. Y así puede acontecer en el siglo XXI con nosotros, que en un momento de irreflexión, de ceguera, de pasión, se puede acabar con un matrimonio, puedes endeudar tu empresa, puedes adquirir una enfermedad incurable, un sida, puedes llegar a una cárcel, puedes generar una ruptura familiar, puedes vivir una extorsión eterna porque tal vez llevado de licor, de droga, de ira, hiciste lo que no debías de hacer. Y es ahí donde los seres humanos tenemos que aprender a reflexionar.
Cuánto se arrepintió el rey David de un momento, sólo un momento, de un instante, sólo un instante. Y cuando vayas a cometer una locura, reflexiona y piensa que este acto pasional por la ira, por la ambición, por la lujuria, por la locura, te puede llevar a un error de incalculables consecuencias para el resto de tu vida.
En una tercera lección aprendamos que un error no se puede ocultar con otro error, que un pecado no se puede tapar con otro pecado, porque solo hará crecer la confusión, la oscuridad y el mal en nuestra vida. Cuántas veces una mentira quieres ocultarla con una mentira más grande y ésta a su vez taparla con otra mentira todavía más grande y al final descubres que tu vida es una farsa, que tu matrimonio es una mentira, que la imagen que tienen los demás sobre ti es pura apariencia. Aprende a parar, aprende a detenerte cuando sientes que no puedes seguir equivocándote y que con honestidad y sinceridad tienes que decir basta ya.
Concluyo sobre esta primera lectura con una cuarta enseñanza. No esperemos misericordia de los hombres, pero esperemos toda la misericordia de Dios. Recordaremos en otro contexto, como el profeta Gad, también le dirá al rey David por una equivocación suya “que le esperan tres años de hambre, tres meses de persecución o tres días de peste”. Y David, con sabiduría afirmará: “Prefiero caer y estar en las manos de Dios antes que en las manos de los hombres”.
Y yo te diré lo mismo, espera toda la misericordia de Dios, pero no de los hombres, porque el ser humano en general no es misericordioso. Mira cómo crucifican a una persona públicamente, digitalmente, a veces sin pruebas, muchas veces sin contexto y cómo sin misericordia, acaban con la reputación de un ser humano. Porque en el hombre, en la sociedad, no hay misericordia, y curiosamente y paradójicamente, aquellos que más atacan tal vez serán los que tienen más miserias morales, menos autoridad para juzgar, señalar y dar dedo contra otros.
Pero pasemos brevemente a detallar el evangelio de hoy, donde Jesús nos presenta como es el Reino de Dios y se sirve de dos imágenes preciosas: la primera, la semilla discreta que crece bajo tierra, que no crece a la vista humana, que germina y madura ocultamente, discretamente, sin que el mismo sembrador sepa cómo sucede esto.
Hoy te invito a que entiendas que nos toca sembrar el Evangelio de Dios, pero Él y solamente Él, el Señor, lo hace crecer. Aprendamos a tener paciencia y a entender que los resultados finales no se dan en los tiempos de los hombres, sino en el tiempo de Dios. Y también aprendamos que las obras del mundo crecen con gran ruido, pero las obras de Dios crecen en silencio, sin alarde, sin ruido, con toda discreción.
Créeme, las obras cuando son de Dios crecen con profunda discreción.
Pero concluiremos esta reflexión, hablando de que Jesús presenta el Reino de Dios como una semilla en el mundo de las hortalizas curiosamente, la más pequeña de todas, la semilla de mostaza, que tiene, sin embargo, una fuerza intrínseca de vida, una fuerza poderosa en su interior que hace que pase de ser la semilla más pequeña en el mundo de las hortalizas y se vuelva el más grande arbusto donde los pájaros del cielo se alimentan y encuentran abrigo y vida.
Así es el misterio de Dios, insignificante en su apariencia, en su tamaño pequeño, pero potente y poderoso en la fuerza interior para germinar y para ser fuente y fuerza de vida. No te desanimes que el reinar de Dios se abre paso en este mundo en medio del ruido de la guerra, las revoluciones, las luchas políticas, sociales e ideológicas. Pero allí siempre estarán hombres y mujeres de Dios, viviendo en la justicia, en la fraternidad, en la paz y en el servicio a los demás. Así es el reinar de Dios, discreto y silencioso bajo la tierra, aparentemente insignificante y pequeño como el grano de mostaza, pero poderoso en su fuerza germinativa y para dar, para dar vida.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.