¡Padre Querido!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 11, 1-4 Lectura del día de hoy Del libro del profeta Jonás 4, 1-11: Jonás sintió un disgusto enorme y estaba irritado. Oró al Señor en estos términos: – «Señor, ¿no es esto lo que me temía yo en mi tierra? Por eso me adelanté a huir a Tarsis, porque sé que eres compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, que te arrepientes de las amenazas. Ahora, Señor, quítame la vida; más vale morir que vivir.» Respondióle el Señor: -«¿Y tienes tú derecho a irritarte?» Jonás había salido de la ciudad, y estaba sentado al oriente. Allí se habla hecho una choza y se sentaba a la sombra, esperando el destino de la ciudad. Entonces hizo crecer el Señor un ricino, alzándose por encima de Jonás para darle sombra y resguardarle del ardor del sol. Jonás se alegró mucho de aquel ricino. Pero el Señor envió un gusano, cuando el sol salía al día siguiente, el cual dañó al ricino, que se secó. Y, cuando el sol apretaba, envió el Señor un viento solano bochornoso; el sol hería la cabeza de Jonás, haciéndole desfallecer. Deseó Jonás morir, y dijo: – «Más me vale morir que vivir.» Respondió el Señor a Jonás: – «¿Crees que tienes derecho a irritarte por el ricino?» Contestó él: – «Con razón siento un disgusto mortal.» Respondióle el Señor: – «Tú te lamentas por el ricino, que no cultivaste con tu trabajo, y que brota una noche y perece la otra. Y yo, ¿no voy a sentir la suerte de Nínive, la gran ciudad, que habitan más de ciento veinte mil hombres, que no distinguen la derecha de la izquierda, y gran cantidad de ganado?» Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo (86) 85, 3-4.5-6.9-10: Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad. Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día; alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti. Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad. Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica. Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad. Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre: «Grande eres tú, y haces maravillas; tú eres el único Dios.» Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad. Evangelio del día de hoy Del santo Evangelio según san Lucas 11, 1-4: Señor, enséñanos a orar. Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: -Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. Él les dijo: Cuando oréis, decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación». Palabra del Señor, gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Hoy la Iglesia celebra uno de los grandes gigantes en la santidad moderna, hablamos del queridísimo Papa Juan XXIII, ahora santo. En su vida simple, austera, humilde y sabia, descubrimos cómo Dios hace grandes obras, el papado de Juan XXIII, su convocatoria al Concilio Ecuménico Vaticano segundo, a partir de instrumentos humanos, pobres y sencillos. Pero hablemos del evangelio que nos ocupa. Se nos presenta en Lucas capítulo 11, cómo Jesús enseña a sus discípulos a orar con la llamada plegaria del Señor, el Padre Nuestro; todos los días de la vida probablemente rezamos el Padre Nuestro, ¿pero en verdad lo oramos? La gran palabra que aparece en esta plegaria es la primera, llamamos a Dios Padre, es más, en su traducción aramea ¡Abbá! lo llamamos ¡papito, papacito, papito querido, papito cercano!, es el vocablo con el que un niño judío de un año y medio, dos años de edad, se confiaba totalmente a su padre. Así Jesús nos enseña a orar a nosotros, con la total confianza que un niño de año y medio, dos años de edad, se coloca en las manos, en los brazos, en el ser de su amado padre. De ahí en adelante todas las expresiones que aparecen en la llamada oración del Señor, las tres primeras están aplicadas a Dios, que su nombre sea santificado, que venga su reino de justicia, de amor y de paz, y que se haga su voluntad en el mundo como ya se hace la voluntad sabia y perfecta de Dios en el cielo; y luego la segunda parte del Padrenuestro, están aplicadas las súplicas al hombre, donde pedimos el pan de cada día, atender las necesidades materiales, el pedir perdón por nuestras ofensas como nosotros perdonamos a quienes nos lastiman, el pedir no caer en la tentación, las insidias del maligno y finalmente, el ser liberados del mal. Estas súplicas tres dirigidas al Padre Dios y cuatro aplicadas por los hombres, todas en el fondo tienen un sentido, una razón de ser, y es clamar para que el Reino de los cielos, el Reino de Dios, el Reino de la vida, la verdad, la justicia, el amor, la gracia y la paz, se instaure entre los hombres, que no reine más en el mundo la injusticia, el egoísmo, la ambición, la hipocresía, la cobardía; por el contrario, que reine en el mundo el amor, la paz, la bondad, eso es lo que piden estas súplicas al Padre Dios, y es lo que tú oras cada día conmigo. Te invito muy de corazón a que nunca hagas esta plegaria por hacerla, a que no la reces simplemente de labios hacia fuera, reconoce que la oración que es “la elevación del alma a Dios” como decía san Juan Damasceno, es sobre todo un grito de un corazón confiado, de un corazón humilde, que sabe elevar su vida a las alturas de Dios. Recuerda que la oración también como decía san Agustín: “Es el encuentro de la sed de Dios con la sed del hombre”, es que Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él. Finalmente pudiéramos decir con santa Teresita del Niño Jesús, cuya memoria litúrgica celebramos el pasado 1 de octubre, “que la oración que hacemos cada día, es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada al cielo, un grito de reconocimiento y de amor, tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría”. Señor, enséñame a orar bien, Señor, enséñame a orar con confianza, Señor, enséñame a orar con humildad, Señor, enséñame a orar en toda ocasión con perseverancia. Que el buen Dios te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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