¡No hay triunfo, sin fracasos previos!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 10, 32-45 Lectura del día de hoy Primera Lectura Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (1, 18-25) Hermanos: Bien saben ustedes que de su estéril manera de vivir, heredada de sus padres, los ha rescatado Dios, y no con bienes efímeros, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha, al cual Dios había elegido desde antes de la creación del mundo, y por amor a ustedes, lo ha manifestado en estos tiempos, que son los últimos. Por Cristo, ustedes creen en Dios, quien lo resucitó de entre los muertos y lo llenó de gloria, a fin de que la fe de ustedes sea también esperanza en Dios. Así pues, purificados ya internamente por la obediencia a la verdad, que conduce al amor sincero a los hermanos, ámense los unos a los otros de corazón e intensamente. Porque han vuelto ustedes a nacer, y no de una semilla mortal, sino inmortal, por medio de la palabra viva y permanente de Dios. En efecto, todo mortal es hierba y toda su belleza es flor de hierba: se seca la hierba y cae la flor; en cambio, la palabra del Señor permanece para siempre. Y ésa es la palabra que se les ha anunciado. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor. Salmo del día de hoy Salmo Responsorial Salmo 147 Demos gloria al Señor. Glorifica al Señor, Jerusalén, a Dios ríndele honores, Israel. El refuerza el cerrojo de tus puertas y bendice a tus hijos en tu casa. Demos gloria al Señor. El mantiene la paz en tus fronteras, con su trigo mejor sacia tu hambre. El envía a la tierra su mensaje y su palabra corre velozmente. Demos gloria al Señor. Le muestra a Jacob su pensamiento, sus normas y designios a Israel. No ha hecho nada igual con ningún pueblo, ni le ha confiado a otro sus proyectos. Demos gloria al Señor. Evangelio del día de hoy Lectura del santo Evangelio según san Marcos (10, 32-45) En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos iban camino de Jerusalén y Jesús se les iba adelantando. Los discípulos estaban sorprendidos y la gente que lo seguía tenía miedo. El se llevó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: “Ya ven que nos estamos dirigiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; van a condenarlo a muerte y a entregarlo a los paganos; se van a burlar de él, van a escupirlo, a azotarlo y a matarlo; pero al tercer día resucitará”. Entonces se acercaron a Jesús Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte”. El les dijo: “¿Qué es lo que desean?” Le respondieron: “Concede que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”. Jesús les replicó: “No saben lo que piden. ¿Podrán pasar la prueba que yo voy a pasar y recibir el bautismo con que seré bautizado?” Le respondieron: “Sí podemos”. Y Jesús les dijo: “Ciertamente pasarán la prueba que yo voy a pasar y recibirán el bautismo con que yo seré bautizado; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; eso es para quienes está reservado”. Cuando los otros diez apóstoles oyeron esto, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús reunió entonces a los Doce y les dijo: “Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos las oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes. Al contrario: el que quiera ser grande entre ustedes que sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos, así como el Hijo del hombre, que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada del apóstol Pedro, nos habla del altísimo precio que ha pagado Cristo para rescatarnos de la esclavitud del pecado, para liberarnos de nosotros mismos. Nos recuerda que hemos sido comprados para la vida eterna, no con el precio del oro o la plata, sino con la sangre preciosa derramada por el Cordero sin defecto y sin mancha, el nuevo Cordero de Dios que es Cristo Jesús. Y agrega el apóstol Pedro: “Que ya hemos purificado nuestras almas por la obediencia a la verdad, hasta amarnos unos a otros como hermanos, pues hemos sido regenerados, no a partir de una semilla que se corrompe, sino de una realidad más alta, incorruptible, la Palabra viva de Dios que permanece”. Pero hablemos del evangelio que hoy nos ocupa, encontramos el tercer anuncio que Jesús hace sobre su propia Pasión, Crucifixión, Muerte y posterior Resurrección. Tres veces señala Jesús en el evangelio, que Él, para que no se escandalicen sus discípulos, está llamado a cumplir el plan de Dios en la entrega sacrificial y por demás dolorosa de su propia vida. Sin embargo, las respuestas en un primer anuncio de Jesús, es la incomprensión del apóstol Pedro que dice: “Tú no puedes sufrir, eso no te puede ocurrir”. La segunda ocasión, la respuesta es general del grupo de los apóstoles, cuando ellos hablan de quién es el más grande, el más importante, mientras Jesús hablaba en un lenguaje de humillación, de entrega de la propia vida, y sus discípulos completamente despistados, hablaban de los primeros puestos, los reconocimientos humanos. Finalmente, en este tercer anuncio de la pasión que aparece en el evangelio de hoy, encontramos una tercera respuesta ya no de Pedro, uno, no del grupo de los 12, dos, sino concretamente de Santiago y Juan, hijos del trueno, hijos del Zebedeo, que pedían para ellos los primeros lugares, a derecha e izquierda, diestra y siniestra, los lugares de honor y reconocimiento público y social, cuando Jesús fuera Mesías. Ellos no entendían, y para los hombres qué difícil es comprender la idea de un Mesías, un Salvador, un redentor que nos invita a pasar por la cruz y la muerte, como lo hizo Jesús desde su propia vida. Para el mundo no de hace dos mil años, sino el de todas las generaciones, resulta incomprensivo, desafiante, escandalizador, que sigamos a un salvador que nos propone como seguimiento de Él, el acompañarlo hasta la cruz y hasta la muerte misma. De hecho, en este diálogo encontramos que Jesús los confronta y les dice: ¿Serán capaces de beber el cáliz que yo he de beber?, el cáliz en sentido bíblico más allá de un vaso donde se coloca líquido, normalmente vino, tiene tres significados. El primero, expresar la participación en una misma situación. El segundo, expresar el sufrimiento que podamos vivir en el mediato futuro o la suerte que le toca a cada uno. Y el tercer significado es el tono apocalíptico en referencia al sufrimiento que vendrá a la humanidad en los últimos días. En cualquiera de estos tres significados, Jesús confronta a Santiago y a Juan y les interroga diciendo: “¿Si serán capaces de beber el cáliz de sufrimiento que Él ha de beber?”, ellos responden afirmativamente, pero Jesús, con ironía les dice: “Hasta mi cáliz lo beberán, pero el estar a mi derecha o a mi izquierda en sitiales de honor, sólo corresponde por decisión, por voluntad libre, a mi Padre de los Cielos”. Mientras Jesús habla del camino de la humillación como camino para encontrar la verdad y la vida, Santiago y Juan discípulos, hablan del camino de la exaltación humana. Hoy, dos mil años después, somos un poco Juan, somos un poco Santiago; queremos los triunfos, los éxitos, pero no queremos saber de sacrificios, exigencias, cruz, compromisos. Quisiéramos el disfrute de la vida matrimonial, la vida en pareja, la vida acompañados, la vida apoyados, pero no queremos saber de la cruz propia de la convivencia que nos lleva a morir a nosotros mismos, a ser pacientes, a ponernos empática y comprensivamente en el lugar de la pareja, de la otra persona. Queremos ser ricos, pero no queremos trabajar, ni sacrificarnos, ni esforzarnos demasiado por conseguir una holgura, una seguridad material y económica. Queremos ser conocidos y reconocidos, pero a veces desde la frivolidad del mundo, haciendo un poco de show, buscando la fama, pero no ser conocidos y reconocidos por el servicio, el amor y la entrega a los demás. Hoy, recordemos a Jesús como el Siervo sufriente que nos presenta el profeta Isaías, como aquel que desde el misterio de la cruz y de la muerte nos da nueva vida. Hoy no olvidemos que no hay verdadero cielo sin cruz y que Cristo es ese hermano de la humanidad dolorida y enferma, igual en todo a nosotros menos en el pecado, que se abajó a lo más profundo de la abyección y la humillación humana, y nos asumió a todos en el madero de la cruz para elevarnos a Dios. Podríamos decir que, con su sangre humana, débil, mortal, Él nos ha redimido. Siempre habrá la tentación humanamente hablando, de querer con orgullo y prepotencia, destacar y resaltar ante los demás, dominar ante los otros, pero ese no es el camino del evangelio, es el camino de la cruz y de la entrega diaria del servicio humilde, el único camino de redención, el único camino de seguimiento evangélico de Jesús. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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