¡No los dejaré huérfanos!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2026-05-25T17:00:03Z | |
| dc.date.available | 2026-05-25T17:00:03Z | |
| dc.date.issued | 2026-05-10 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡No los dejaré huérfanos! La primera lectura tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles en el capítulo 8, nos habla como Felipe baja a la ciudad de Samaría y predica el Evangelio de Cristo. Samaría era una ciudad despreciada por los judíos, marginada y de alguna manera, mirados con sospecha. Recordamos el famoso pasaje donde Jesús al mediodía, en el pozo de Jacob, conversa con una mujer samaritana, una actitud que un judío piadoso siempre hubiera mirado como reprochable y sospechosa. Sin embargo, nos muestra como en esta ciudad despreciada, marginal porque consideraban los judíos que era pagana, de allí salían muchos poseídos por el mal, por espíritus inmundos. Como muchos eran sanados, como muchos paralíticos y lisiados eran curados. Y nos dice una expresión bellísima que nos pone a pensar: “La ciudad se llenó de alegría”. En una sociedad, la del siglo XXI, de tantas personas, millones que han padecido eventos severos de tristeza, de vacío interior, de sin sentido de la vida, de angustias ansiosas sobre el futuro, de incertidumbre sobre su vida. Cuando tú ves a veces en películas, en las series de televisión, de plataformas de pago, miras unas vidas superficiales y vacías donde todos los personajes fuman como chimeneas y en vez de comer están todo el tiempo dramatizando el personaje, y según los libretistas, bebiendo licor y ves unas vidas vacías donde todo es simplemente una rumba fatua de unas horas nocturnas, un sexo apremiante de unos pocos minutos desde lo hormonal, el licor, el cigarrillo y de pronto algún lujo sibarita y nos dicen que esa es la gran vida. Cuando estos personajes de las series de televisión paga nos muestran estas series, estas temporadas, yo pienso en mi interior qué vida vacía, qué vida miserable, qué vida sin sentido, qué vida tan fatua. Y en el fondo, estas series de televisión hasta reflejan lo que es la vida real, la vida de hombres de carne y hueso, y digo en qué momento la sociedad y el hombre de la posmodernidad del siglo XXI se volvió un hombre triste, semivacío, llenando sus crisis existenciales de licor o de droga, o de rumba, o de lujos pasajeros o de gusto sensual de los sentidos. Y al final volver a la misma rutina y tedio de la vida. Yo no quiero que mi vida sea como esos personajes que veo en numerosas series y películas de televisión paga. La vida es algo más. La vida está llena de sentido. La vida es para un gozo profundo. Y por eso cuando nos habla de Samaría, una ciudad pagana que vino la alegría del Evangelio, la alegría de Jesús, la salud y la sanación que Jesús trae a los hombres. Pienso aquí hay un camino por explorar y te invito a que no busques las alegrías solamente en lo que el mundo te dice que te genera alegría. Comprar, vender, ir a un motel, tener sexo con una y otra persona, comer desbordadamente, beber hasta caer perdido en una rasca de alcohol. Yo creo que la vida es mucho más. Continuará esta primera lectura diciendo “Samaría, esta ciudad pagana, había recibido la Palabra de Dios. Habían enviado a Pedro y a Juan, y ellos bajaron hasta allí y oraron para que todos recibieran el Espíritu Santo”. No te quedes con la idea de que el Espíritu Santo es “medio therians” (una palomita), no. Es un puro semitismo, una forma metafórica para hablar de que el Espíritu de Dios aletea con la libertad y la suavidad con la que una paloma aletea y desciende al suelo. No te quedes con esa idea, repito, muy de moda, muy therians, de creernos animales. El Espíritu de Dios es tan grande, tan inefable, tan inexpresable, que simplemente a la manera sutil, libérrima, suavísima del vuelo de una paloma, desciende, penetra nuestras vidas y nos llena de un fuego y un gozo que nunca habíamos conocido. Con razón decimos en el salmo litúrgico de hoy: ¡Aclama al Señor tierra entera, toquen en honor de su nombre; canten himnos a su gloria, digan a Dios qué grandes son tus obras! ¡Vengan a ver las obras de Dios, las maravillas que hace en favor de los hombres! Pero pasemos al Evangelio, o mejor, a la segunda lectura de hoy del apóstol san Pedro en el capítulo 3, cuando nos dice, a propósito de la tarea del evangelizador “que es mejor en la vida sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal a otros”. En tu libertad y en la mía siempre habrá la posibilidad de escoger luz u oscuridad, día o noche, verdad o mentira, lo que me construye o lo que me destruye, hacer el bien o el mal. Cualquiera de estas categorías existenciales es aplicable y en ambas habrá sufrimiento. Cuando veo la venganza de un ser humano contra otro, sufres vengándote, haciendo mal a otra persona. Y aunque digas que la venganza es dulce, al final estás construyendo tu propia destrucción. Cuando hoy la guerra y la ley de la selva, la ley del poderoso se quiere imponer sobre el débil, al final son victorias pírricas, triunfos ilusorios, porque en una guerra todos perdemos y porque en el fondo, aunque de entrada un enemigo sea derrotado a largo plazo, nos estamos ganando maldiciones, enemistades más profundas, enemigos más poderosos hacia los años futuros. Tú eliges si vivir haciendo el bien y aunque ello te implique sufrir, o sufrir dañando, destruyendo tu vida o destruyendo la vida de otros. Pero pasemos al Evangelio de este domingo y cuando estamos a dos semanas del Gran Domingo de Pentecostés, ya Jesús nos anuncia el envío de otro Paráclito, del Espíritu de Dios. Pero nos llama la atención, ¿por qué otro Paráclito? Es que el primer Paráclito y entiéndemelo, la primera fuerza del Espíritu Santo lo dijo en su momento el Papa Benedicto XVI (el gran teólogo que ha tenido la Iglesia en los últimos 50 años), ha afirmado: “El gran Paráclito fue el Espíritu de Cristo Resucitado”. Y cuando habla de otro Paráclito, está hablando del Espíritu vivificador, el Espíritu intercesor, el Espíritu de la verdad, el maestro interior, como lo queramos llamar, que sólo vendrá, hará presencia con la ausencia de Jesús. Una dinámica preciosa: presencia, ausencia. Presencia del otro Paráclito, el Espíritu Santo; ausencia de Jesús y su Espíritu Resucitador que ya el mundo no necesitará. Y es muy hermoso descubrir cómo Jesús advierte: “El mundo y los hombres del mundo no pueden recibirlo porque no son capaces de verlo ni de reconocerlo; en cambio, si tú y yo somos creyentes y conocemos y reconocemos el Paráclito, Él estará con nosotros”. Y nos hace una promesa inmensa Jesús que nos llena de alegría y de esperanza: “No los dejaré huérfanos, no estarán solos, volveré a ustedes, sabrán que Yo estoy con mi Padre. Pero ustedes si han aceptado mis mandamientos y los obedecen, los guardan, me amarán, y si me aman, mi Padre y Yo los amaremos y viviremos en ustedes y ustedes vivirán en nosotros”. Es la famosa Inhabitación en la Trinidad de la que habla una mística carmelita, Sor Isabel de la Trinidad, que nos habla “que sí Jesús, que tiene el amor del Padre y del Espíritu y nosotros nos abrimos al amor de Jesús, nos abrimos también por mera lógica, nos abrimos al amor del Padre y del Espíritu Santo”. Qué hermosa vida que millones de personas desconocen, y que tú y yo estamos llamados a decirles tu vida puede ser distinta, tus relaciones humanas pueden ser diferentes. Atrévete con humildad a reconocer tu pobreza afectiva, tu pobreza emocional, tu pobreza de sentido de vida y atrévete a recibir el amor incondicional, el amor eterno, el amor que nunca has conocido del Padre Dios que quiere acompañar tu vida. Que el buen Dios te bendiga en este día. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Juan 14, 15-21 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 8, 5-8.14-17: Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo. En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacia, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos, paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaria habla recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no habla bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 66(65), 1-3a.4-5.6-7a.16+20 (R. 1) Aclamad al Señor, tierra entera. Aclamad al Señor, tierra entera, tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria; decid a Dios: «Qué temibles son tus obras.» Aclamad al Señor, tierra entera. Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres. Aclamad al Señor, tierra entera. Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos con Dios, que con su poder gobierna eternamente. Aclamad al Señor, tierra entera. Fieles de Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica, ni me retiró su favor. Aclamad al Señor, tierra entera. Primera Lectura: 1P 3, 15-18: Como era hombre, lo mataron, pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Queridos hermanos: Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. Porque también Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Juan 14, 15-21 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.» Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús. | |
| dc.identifier.uri | https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1317 | |
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| dc.subject | Amor eterno | |
| dc.subject | Amor incondicional | |
| dc.subject | Consolador | |
| dc.subject | Espíritu Santo | |
| dc.subject | Nunca estaremos solos | |
| dc.subject | Paráclito | |
| dc.subject | Presencia de Dios | |
| dc.subject | Regalo | |
| dc.subject | San Juan | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡No los dejaré huérfanos! | |
| dc.title.alternative | Espíritu Santo |
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