¡El celo es bueno, los celos son malos!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Juan 2, 13-25
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Ex 20,1-17: La Ley se dio por medio de Moisés.
En aquellos días, el Señor pronunció las siguientes palabras:
«Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud.
No tendrás otros dioses frente a mí.
No te harás ídolos, figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y biznietos, cuando me aborrecen. Pero actúo con piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos.
No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso.
Fíjate en el sábado para santificarlo. Durante seis días trabaja y haz tus tareas, pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que viva en tus ciudades. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra y el mar y lo que hay en ellos. Y el séptimo día descansó: por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.
Honra a tu padre y a tu madre: así prolongarás tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar.
No matarás.
No cometerás adulterio.
No robarás.
No darás testimonio falso contra tu prójimo.
No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él.»
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 18, 8.9.10.11:
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
Segunda Lectura: 1Co 1,22-25:
Predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los hombres, pero, para los llamados, sabiduría de Dios.
Hermanos: Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados -judíos o griegos-, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Juan 2, 13-25
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
-«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
-«¿Qué signos nos muestras para obrar así?»
Jesús contestó:
-«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»
Los judíos replicaron:
-«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
En unos conocidos textos bíblicos, encontramos tanto en la primera lectura de hoy, como en el evangelio, una palabra que es poco común en la Biblia, nos habla en la primera lectura de Éxodo capítulo 20, como Dios pide al hombre fidelidad y adoración solo a Él, porque Él se define a sí mismo como un Dios ¡celoso! De otro lado, en el evangelio de san Juan, capítulo 2, cuando Jesús con azotes derriba las mesas de los cambistas de moneda extranjera por moneda local, diciéndoles: “Que el templo de Jerusalén, lugar religioso y sagrado por excelencia, no puede ser cueva de bandidos”, recuerdan los discípulos esta expresión: “El celo por tu casa me devora”.
Hoy nos preguntamos, ¿cuál es la diferencia entre tener celo por Dios y su ley?, o tener ¿celos de Dios? Es que son dos realidades completamente distintas: el celo por Dios, es la delicadeza en la fidelidad, la obediencia, el cumplir la ley de Dios como guía segura, sabia, perfecta y universal en nuestra vida, consagrada así, en el Decálogo, la gran Alianza del Sinaí, que nos presenta hoy la primera lectura. Hoy te pregunto: ¿sientes celo por la ley de Dios, esto es, por su cumplimiento?, ¿sientes como nos dice el salmo responsorial de hoy: “Sólo Dios tiene palabras de vida eterna?”, o por el contrario, ¿tu celo se ha empobrecido o ha menguado, se ha perdido, y dices en tu corazón, eso eran leyes de otras épocas, el mundo ha cambiado, las leyes humanas que están de moda son estas y son diferentes de las leyes del Decálogo? Pues te diré, que las leyes del hombre ciertamente pueden estar a la moda, pero son eso, modas que van y vienen, modas que pasan; por el contrario, la ley de Dios es perfecta y me parece impresionante el texto del salmo 18 que hoy nos propone la liturgia de la Iglesia cuando afirma: “La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel, e instruye al ignorante. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos, más preciosos que el oro, más que el oro fino, más dulces que la miel de un panal que destila”.
Así de esta manera poética y sapiencial, el salmo de la liturgia de este día, nos descubre cómo la ley de Dios es eterna y hay que tener celo por ella.
Pero luego pasamos en una segunda enseñanza al evangelio de hoy y se nos dice que Jesús siente celo por la casa de Dios, (el templo de Jerusalén), que era un lugar geográfico y centro religioso por excelencia, donde se tenía la clara idea de que allí moraba el Santo de los Santos. Descubriremos que con gran dolor, con algunas cuerdas, hace unos azotes para expulsar a los mercaderes del templo, y allí Él se presenta, (no como el viejo templo construido a lo largo de 46 años), sino Él, su persona, su cuerpo, primero que padece, segundo que es crucificado y muerto, y tercero, que resucita su cuerpo en la pasión, crucifixión, muerte y resurrección, es ahora el nuevo templo de Dios, y allí desde su cuerpo lo podrán adorar, en espíritu y en verdad las nuevas generaciones.
Hoy se nos invita a tener celo por ese nuevo templo de Dios, presente por excelencia en el pan de la Eucaristía, cuando Él nos dice: “Tomen y coman, esto es mi cuerpo, tomen y beban, esta es mi sangre”. Una parroquia, un monasterio, una capilla es grande, es importante, no por sus imágenes, no por sus muros, no por la altura de sus techos, por la decoración interna y externa; un templo es grande, porque allí mora Dios, en su presencia sacramental, la que Cristo nos dejó a todos.
Hoy, aprendamos a visitar ese nuevo templo de Dios, a descubrir que allí, en espíritu y en verdad lo podemos alabar, le podemos agradecer, lo podemos adorar y reconocer, como el primero en nuestra vida.
Terminemos con una enseñanza tercera y última, la segunda lectura hoy de la carta de Pablo a los Corintios, nos muestra que ese nuevo templo de Dios es Cristo crucificado, con todo lo escandaloso que pueda resultar para el mundo un Mesías crucificado. Los judíos contemporáneos de Jesús no lo comprendieron, y los griegos, que era la cultura sabia de la época, menos lo aceptaron; por eso Pablo dice: “Que es escándalo para el pueblo de Israel, y es necedad, insensatez y locura para el pueblo griego, tan valorado en tiempos de Jesús”. Pero luego concluirá Pablo: “Que esa aparente necedad, locura, contradicción, insensatez de Cristo, que se presenta como Dios crucificado, como Mesías doliente, es precisamente para los judíos no un escándalo, sino fuerza y camino de salvación, y para los griegos no será necedad, sino la verdadera sabiduría de Dios para el mundo, a propósito de que los griegos con sus filósofos, buscaban siempre la sabiduría más eminente de la vida”.
Hoy te digo, no te escandalices, no te desanimes, no te defraudes, si te digo que hay que seguir a un Mesías crucificado: en estos tiempos que ha dejado la pandemia de un poco de desempleo, de menos oportunidades económicas, de algunos conflictos familiares; que estos pequeños sufrimientos no te escandalicen, que cargues la cruz y que descubras que en estas circunstancias actuales, Dios nos habla, Él nos convoca, y nos pide aún más allá de la cruz y del escándalo que ella implica, aprender a adorar a Dios, en espíritu y en verdad.
Que el buen Dios en este día, bendiga de tu existencia, bendiga tu familia, bendiga la cruz que cargas en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.