¡La gran bendición del Santo Rosario!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Juan 14, 1-6
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 13, 26-33
En aquellos días, cuando llegó Pablo a Antioquía de Pisidia, decía en la sinagoga: «Hermanos, hijos del linaje de Abrahán y todos ustedes los que temen a Dios: a nosotros se nos ha enviado esta Palabra de salvación. En efecto, los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús ni entendieron las palabras de los profetas que se leen los sábados, pero las cumplieron al condenarlo. Y, aunque no encontraron nada que mereciera la muerte, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar. Y, cuando cumplieron todo lo que estaba escrito de Él, lo bajaron del madero y lo enterraron. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Durante muchos días, se apareció a los que habían subido con Él de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo. También nosotros les anunciamos la Buena Noticia de que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo: “Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy”».
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 2, 6-7.8-9.10-11 (R. Mt 16,16b)
Tú eres mi hijo: yo te he engendrado hoy.
«Yo mismo he establecido a mi Rey en Sión, mi monte santo».
Voy a proclamar el decreto del Señor;
Él me ha dicho:
«Tú eres mi hijo: yo te he engendrado hoy.
Tú eres mi hijo: yo te he engendrado hoy.
Pídemelo: te daré en herencia las naciones; en posesión,
los confines de la tierra: los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza».
Tú eres mi hijo: yo te he engendrado hoy.
Y ahora, reyes, sean sensatos; escarmienten,
los que rigen la tierra: sirvan al Señor con temor,
ríndanle homenaje temblando.
Tú eres mi hijo: yo te he engendrado hoy.
Evangelio del día de Hoy
Lectura del Santo Evangelio según san Juan 14, 1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe su corazón, crean en Dios y crean también en mí.
En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, se lo habría dicho, porque me voy a prepararles un lugar.
Cuando vaya y les prepare un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo estén también ustedes. Y adonde yo voy, ya saben el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí».
Palabra del Señor». R/. «Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡La Gran Bendición del Santo Rosario!
El Evangelio de san Juan en este día 1 de mayo, memoria litúrgica de San José Obrero y comienzo del mes de mayo, mes de María, nos invita a vivir en paz, a no dejar turbar el corazón por los miedos, las aprensiones, las ansiedades, las incertidumbres frente al futuro.
Y la respuesta que da para no turbar el corazón es creer en Dios y creer en su Enviado Jesucristo.
De hecho, desarrollará Jesús esta idea en el Evangelio de san Juan y afirmará: “Que, en el Reino de los cielos, en la casa del Padre, hay muchas estancias, moradas o habitaciones”.
Una forma metafórica para afirmar “que tendremos la plena comunión con Dios y un lugar especial en el Reino de los cielos si por la fe y por el amor creemos, confiamos y esperamos todo de Dios”.
También afirmará Jesús: “Cuando vaya y les prepare lugar, volveré por ustedes; los llevaré conmigo para que donde esté Yo, estén también ustedes. Y saben que Yo soy el camino para llegar al Padre, para llegar a la verdadera vida”, según la respuesta que le da al apóstol Tomás.
Pero apartándonos un poco de esta lectura, les invito de todo corazón para que, al iniciar este mes de mayo, mes de María, mes de la Virgen, curiosamente con la memoria litúrgica de San José trabajador, San José carpintero, San José Obrero, aprendamos como una tarea de estos 31 días a participar de la Eucaristía diaria durante 31 días, sin ninguna falta, y hacer antes de la Eucaristía a rezar, a orar el Santo Rosario.
He visto tantos milagros de sanación de enfermos, de recuperación de matrimonios, de consecución de empleos laborales, de redención de personas que moralmente estaban esclavizadas por un vicio, a partir de esta sencilla práctica, las 31 Eucaristías y los 31 Rosarios sin falta por los 31 días del mes de María, el mes de mayo.
Pero ¿cuál es el poder del Santo Rosario?, ¿cuál es el poder de esta cadena de rosas dónde de manera cadenciosa y rítmica analizamos, meditamos, guardamos en el corazón la vida de Jesús en su infancia, misterios gozosos, en su vida pública, misterios luminosos, en su Pasión, misterios dolorosos y en la vida eterna, la vida gloriosa, misterios gloriosos? Meditamos, repito, la vida de Jesús con los ojos de María.
Hay un poder extraordinario y, de hecho, Papas como el gran Juan Pablo II ahora santo, afirmaba: “Que el Rosario es la síntesis de todo el Evangelio y que allí contemplamos la vida completa de Jesús con la mirada y, sobre todo, con el Corazón de María”.
Pero sucesivas apariciones marianas con mucha fuerza la de Fátima en 1917, cuando aconseja a los pastorcitos de aquel pueblito de Fátima en Portugal, “rezar el Santo Rosario, pidiendo por la conversión de los pecadores y haciendo pequeñas penitencias que sean verdaderas ofrendas espirituales a Dios por la renovación de los corazones, especialmente aquellos más empedernidos, más endurecidos en su pecado”.
Pero aprendamos las promesas que la Virgen María le hace al francés Alain de la Roche, beato, (Alano de la Roca le decimos en castellano) a propósito de hacer el Santo Rosario cada día.
Una primera promesa que queremos cumplir en este mes de mayo “es que quien reza el Rosario devotamente recibirá cualquier gracia que pida al Señor por intercesión de María y siempre que sea para el bien de su alma, el bien de la Iglesia”.
Hoy pide con fe y recibirás absolutamente según el nivel de tu confianza en el Señor.
Pero una segunda promesa que hace la Virgen a este beato Alano de la Roca o Alain de la Roche, afirmará: “Que hay una especialísima protección y grandes beneficios en la vida espiritual de aquellos que oren con el Santo Rosario”.
¿Quién en nuestro mundo de confrontación política y social, de conatos de guerra aquí y allá, no pide la protección divina para él, para ella, para su familia y hacerlo de manera privilegiada orando el Santo Rosario?
En una tercera promesa nos dirá la Virgen “que el Rosario es fuerte escudo y defensa contra el mal, concretamente contra los pecados y vicios que azotan el alma humana”.
¿Acaso no has sentido que por años y años has querido convertirte, renovar tu vida de un pecado de ira, de rencor, de envidia, del que has querido ser convertida, convertido y sin embargo vuelves a caer en él?
Pide con toda la fe de que seas capaz que el Rosario a María sea fuerte escudo y defensa eficaz contra los vicios, contra los pecados que hay en tu alma.
En una cuarta promesa nos dirá la Virgen “hará germinar virtudes, hará obtener misericordia divina, se sustituirá en el corazón humano el amor del mundo por el amor a Dios”.
¡Qué impresionante cuando muchos de nosotros sentimos esa batalla interior, quiero amar a Dios, pero siento más el amor por mí mismo y por las cosas, placeres y vanidades del mundo!
Cómo la Virgen es gran intercesora para hacer germinar, brotar y madurar virtudes en nuestra vida y alcanzar la misericordia divina.
En una quinta promesa nos dirá la Virgen a través de este vidente, el beato Alano de la Roca: “El alma que se encomiende por el Rosario a María no perecerá”.
Cuando todos tenemos por cierto el momento puntual de nuestra muerte, cuando muchos hay arrepentidos de última hora, cuando piden y claman fervorosamente la Misericordia Divina, quizás porque han tenido una vida disoluta, desordenada y ante una enfermedad terminal y cierta experimentan: he odiado en vano, he guardado rencores por años, he vivido con pereza para la oración, he vivido de espaldas a Dios.
Entendemos que quien se encomiende al Señor, por intercesión de María en el Santo Rosario, su alma no perecerá.
Recuerda que no nos quedamos aquí en esta tierra de semilla y que todos vamos pasando.
En una sexta promesa nos dirá la Virgen “que no morirá de muerte desgraciada, que se convertirá el hombre pecador y que perseverará en la gracia el hombre que ha sido justo, si es un devoto, un amante de la Santísima Virgen María, de Nuestra Madre del cielo, en el orden de la gracia.
Y nos permitirá perseverar en el recto obrar, una virtud, un don, una gracia que tenemos que pedir todos, porque el ser humano siempre es susceptible de convertirse o desconvertirse, de volver su vida a Dios o volver su vida al mundo”.
En una séptima promesa nos afirmará “que los devotos del Rosario no morirán sin los auxilios de la Iglesia”.
Entiéndase el acompañamiento de un confesor en el Sacramento de la Reconciliación, de un sacerdote con la unción de los enfermos, con la Eucaristía en la hora final, el viático para el tránsito, el viaje definitivo de nuestra vida, como se habla de la muerte del rey David en los libros del Antiguo Testamento y se puede aplicar a nosotros el viaje que todos en algún momento de la vida vamos a realizar.
En una octava promesa se nos dice “como los devotos del Santo Rosario en la vida y en la muerte tendrán la plenitud de la gracia y los méritos de todos los bienaventurados aplicados a sus vidas”.
Hoy creamos en la llamada Comunión de los Santos, Comunicación de la Iglesia triunfante en el Cielo, que se aplica por nosotros la Iglesia purgante, que purgaremos, nos purificaremos en ese estado del alma y pedimos que esos méritos de los bienaventurados alcancen nuestra vida.
En una novena promesa nos dirá la Santísima Virgen María, a través del vidente “librare pronto del purgatorio a las almas devotas amantes en vida del Santo Rosario”.
Cómo esa pena temporal, ese período de purificación del alma será muy rápido y alcanzaremos la gloria final en el cielo.
En una décima promesa se nos habla “de cómo los devotos y amantes del Santo Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular, de alguna manera un reconocimiento único por parte del Padre de los cielos, a quienes en esta vida terrenal aprendimos a amar y a orar con fe y humildad El Rosario a María”.
En una décima primera promesa, nos dirá “que todo lo pedido por nosotros en el Rosario a la Santísima Virgen María, que es la gran intercesora, se alcanzará prontamente”.
Y nos recuerda la expresión de un gran mariólogo san Luis María Grignion de Montfort, cuando afirmaba: “Que Jesús vino al mundo por María y quiere que vayamos a Él a través de esa mujer María, y que María es el camino más seguro, más corto, más rápido que tenemos para llegar a Jesús”.
En una décima segunda promesa afirmará “que los devotos del Santo Rosario serán socorridos en todas sus necesidades sí en vida propagaron, difundieron la devoción en la familia, en los amigos de orar con el Santo Rosario”.
En una decimotercera promesa nos afirmará la Virgen o nos promete “que tendremos por hermanos a los bienaventurados, los santos del cielo si hemos amado a María y hemos orado cada día el Santo Rosario”.
En una decimocuarta y penúltima promesa nos dirá “que los devotos del Santo Rosario seremos hijos muy amados por el Padre de los cielos y esto será una gran alegría, un inmenso gozo para nuestra alma en la vida eterna”.
Y en una decimoquinta y última promesa de María a través del vidente, nos dirá “que la devoción, el amor, la oración diaria del Santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación divina, de predestinación a la gloria del cielo”.
Cómo no orar el Rosario, cómo no encontrar tantas bendiciones en él que se nos perdona los pecados veniales, se sacian las almas sedientas de Dios, somos liberados de las cadenas del pecado.
Hay alegría en el alma más allá de los sufrimientos humanos. Hay tranquilidad y fortaleza más allá de las tentaciones. Los pobres son socorridos. Los religiosos que han extraviado su camino son reformados. Los ignorantes son instruidos. La vanidad cede al verdadero ser de Dios, vivir para lo esencial. Y los muertos alcanzarán la misericordia divina.
Hoy te invito para que, en este mes de mayo, mes de María, tu Eucaristía cada día, sino puedes enteramente ir a la parroquia, celébrala en redes sociales, pero trata de comulgar y no dejes de hacer tu santo Rosario cada día en casa y sobre todo con tu familia.
¡Anímate!, en 31 días hablamos y créeme que, si hay 31 Eucaristías y 31 Rosarios por los 31 días del mes de María, al final de mes encontrarás y recibirás abundantes, abundantes bendiciones para tu vida y para los seres que amas.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
¡San José y Santa María nos acompañen a todos!