¡María, Madre de la Iglesia!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2026-05-25T23:05:21Z | |
| dc.date.available | 2026-05-25T23:05:21Z | |
| dc.date.issued | 2026-05-25 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡María, Madre de la Iglesia! Justo al reiniciar el tiempo litúrgico ordinario y después de acabar el tiempo pascual con la celebración del envío del Espíritu Santo o el Gran Domingo de Pentecostés. El Papa Francisco, en su momento, ha instituido la memoria litúrgica de La Bienaventurada Virgen María como Madre de la Iglesia. Por eso las lecturas, al recomenzar este tiempo litúrgico ordinario, son muy singulares. Y la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles nos muestra cómo Jesús, una vez es ascendido o asciende a los cielos, los apóstoles vuelven a la ciudad de Jerusalén y enunciándolos a todos ellos por su nombre, con excepción de Judas, nos dice este texto de Hechos de los Apóstoles al comienzo del Libro “que ellos perseveraban unánimes en la oración junto a algunas mujeres, y detalla el nombre de María, La Madre de Jesús”. Esto me hace recordar la famosa expresión en su momento del Papa Benedicto XVI, cuando afirmaba: “No hay envío del Espíritu Santo, no hay nacimiento de la Iglesia, no hay Pentecostés, precisamente sin la Virgen Santísima”. La expresión del Papa es todavía más completa: “No hay Iglesia Católica sin Pentecostés, y no hay Pentecostés sin María, porque Ella es una figura centralísima en la vida naciente de la Iglesia y en aquel acontecimiento único que transformó las almas cobardes, tibias y apocadas de los discípulos, en audaces, fogosos, anunciadores del Evangelio. Y por más que en principio estaban desanimados, acobardados, abatidos por la aparente muerte de Jesús en la cruz. Fue la Virgen María, la Madre de Jesús, la que los invita a perseverar unánimes en la oración, meditando la Palabra, a conservarse como colegio o reunión apostólica. Y es la Madre de Jesús, la mujer, la que los sostiene, los consuela, los fortalece, les da la parresía para que no se desanime su corazón, no se rompan sus almas”. Por eso entendemos esta lectura y descubrimos que María es fundamental en ese momento de efusión del Espíritu Santo sobre la comunidad naciente de creyentes, que es como el acta fundacional de la Iglesia Católica, allá en ese gran día del Espíritu Santo, Gran Domingo de Pentecostés. Pero pasemos al Evangelio de san Juan en el capítulo 19, cuando nos presenta una lectura muy propia de esta memoria litúrgica. Como María estaba junto a la cruz de Jesús, junto con otras mujeres, y detalla también a Magdalena; y Jesús al ver a su Madre y junto a Ella al discípulo al que amaba a Juan, le dice: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”, y luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu Madre”. Esta expresión “Mujer ahí tienes a tu hijo”, nos evoca la expresión de Jesús en las bodas de Caná de Galilea, en el primer milagro que detalla san Juan, cuando también le dice a su Madre: “Mujer, ¿qué tengo que ver Yo contigo?” Esta palabra Mujer representa a la Iglesia. Ella es la Iglesia, Madre y maestra que acompaña a los hijos y los da a luz en la fe, y precisamente junto a la cruz. ¡Esto es muy impresionante!, este lenguaje metafórico, simbólico en el cual es experto y maestro el evangelista san Juan y nos hace entender la figura de María, no solamente como Madre de Jesús y Madre de los futuros creyentes, discípulos, creyentes en la persona de Juan; sino como la Iglesia que es Madre y maestra, que acompaña y nos ayuda a formar en el corazón y en el alma la fe en Jesucristo, que transforma nuestra existencia y nos comunica una nueva vida. Pero después dice el evangelista que de las palabras propias de Jesús en su agonía: “Tengo sed, todo está cumplido” y al final entrega su vida inclinando la cabeza. Nos dice que después de este momento y cuando Juan ubica la muerte de Jesús, no el día de la Pascua, sino el día de la preparación de los corderos de Pascua. Nos dice el evangelista que los soldados quebraron las piernas a los dos bandidos que estaban a diestra y siniestra de Jesús. Pero al llegar a Él y verlo y saber que estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que simplemente en un gesto que ellos, los soldados, ni alcanzaron a entender, traspasaron el costado, entiéndase su corazón, corroborando su muerte. Y este hombre anémico que había sido azotado desde el día anterior, que había sido paseado de manera humillante desde el pretorio romano hasta la colina del Gólgota, que había vivido la experiencia de la sed, de la anemia, la pérdida de sangre. Nos dice que de su costado brotó agua sangre. La expresión es más teológica brotó sangre y agua. La sangre de la Eucaristía, el agua del Bautismo. Y allí, de ese costado del corazón amoroso, del corazón que nunca se cansó de amar, del corazón que vivió y entregó su vida para rescatarnos, para redimirnos del pecado de toda nuestra historia, que pagó nuestra deuda al precio altísimo de su vida entregada y su sangre derramada, de ese costado nace la Iglesia. Y allí está María Santísima intercediendo, acompañando desde entonces este Cuerpo vivo de Cristo, este Cuerpo Místico de Cristo que llamamos la Iglesia Católica, y que, aunque algunos de manera equivocada, lo llaman simplemente una institución social, una estructura prestadora de servicios asistenciales, sociales, educativos, de caridad. Se equivocan. La Iglesia es la única realidad del mundo que, perviviendo más de 2000 años con grandes enemigos, con poder político, con poder económico, con poder militar, la Iglesia de Cristo sigue cumpliendo su misión de ser sal para esta tierra, luz para el mundo, levadura que transforme la masa de la sociedad. Y por más que algunos la ignoren o la desprecien, la Iglesia siempre será Madre y maestra para los creyentes. Madre nutricia que nos alimenta a partir de la Eucaristía que se celebra en la Iglesia, que sana el alma por el perdón de los pecados en la reconciliación, el sacramento de la reconciliación, que se nos da la vida nueva, la vida divina por el Bautismo. Esta Iglesia bendita, donde ha habido pecado, pero ha habido mucha santidad, muchos hombres y mujeres grandes y gigantes que, desde el cielo en la llamada comunión de los santos, oran por nosotros la Iglesia que peregrina en esta tierra, que camina en este mundo, y oran por la Iglesia de los que se purifican, la Iglesia Purgante o las llamadas almas del Purgatorio. Hoy siéntete sanamente feliz y orgulloso, orgullosa de saber que, haces parte de este cuerpo vivo de Cristo, donde unos y otros nos apoyamos, donde unos y otros oramos por los demás, donde unos y otros de alguna manera compartimos la fe en el mismo Señor, en el mismo Dios y Padre. Una fe que nos hace sentirnos hermanos más allá de las diferentes razas, distintas naciones, variados apellidos, distintas maneras de pensar y de sentir, la fe es un vínculo tan fuerte que nos hace sentir la gran familia de Dios en la Iglesia. Y hoy a María, nuestra Madre, en esta memoria litúrgica, le pedimos que siga acompañando y guiando esta Iglesia que Cristo dejó hace 2000 años la Iglesia Católica, para que sea guía, luz y camino de salvación para toda la humanidad. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Juan 19, 25-34 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 1, 12-14 Después de subir Jesús al Cielo, los apóstoles se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Llegados a casa, subieron a la sala, donde se alojaban: Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago el de Alfeo, Simón el Celotes y Judas el de Santiago. Todos ellos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la Madre de Jesús, y con sus hermanos. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 86(87), 1-2,3 y 5.6-7 R/ (3) Alaben al Señor todas las naciones. Él la ha cimentado sobre el monte santo; y el Señor prefiere las puertas de Sión a todas las moradas de Jacob. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios! Alaben al Señor todas las naciones. Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles; filisteos, tirios y etíopes han nacido allí. Se dirá de Sión: Uno por uno, todos han nacido en ella; el Altísimo en persona la ha fundado. Alaben al Señor todas las naciones. El Señor escribirá en el registro de los pueblos: Este ha nacido allí. Y cantarán mientras danzan: Todas mis fuentes están en ti. Alaben al Señor todas las naciones. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Juan 19, 25-34 En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su Madre, la hermana de su Madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su Madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su Madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego, dijo al discípulo: Ahí tienes a tu Madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la escritura, dijo: Tengo sed. Había allí un jarro lleno de vinagre y sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: está cumplido. E inclinando la cabeza entregó el Espíritu. Los Judíos, entonces como era el día de la preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado porque aquel sábado era un día grande pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quietaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado y al punto salió sangre y agua. Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús. | |
| dc.identifier.uri | https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1332 | |
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| dc.subject | Discípulo amado | |
| dc.subject | Jesús en la cruz | |
| dc.subject | María | |
| dc.subject | Madre Santa | |
| dc.subject | Meditar la Palabra | |
| dc.subject | Parresia | |
| dc.subject | Perseverar en la oración | |
| dc.subject | San Juan | |
| dc.subject | Tener fortaleza | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡María, Madre de la Iglesia! | |
| dc.title.alternative | María |
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