¡La Presentación de la Virgen María!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Mateo 12, 46-50
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: de la profecía de Zacarías 2, 14-17
Grita de júbilo y alégrate, hija de Sión:
porque yo vengo a habitar en medio de ti -oráculo del Señor-.
Aquel día, muchas naciones se unirán al Señor: ellas serán un pueblo para él y habitarán en medio de ti.
¡Así sabrás que me ha enviado a ti el Señor de los ejércitos! El Señor tendrá a Judá como herencia, como su parte en la Tierra santa, y elegirá de nuevo a Jerusalén.
¡Que callen todos los hombres delante del Señor, porque él surge de su santa Morada!
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo Lc 1, 46-47.48-49.50-51.52-53.54-55 (R. 49)
El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador.
El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
Porque Él miró con bondad la pequeñez de su servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz,
porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡Su Nombre es santo!
El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo,
dispersó a los soberbios de corazón.
El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
Derribó a los poderosos de su trono
y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.
El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 12, 46-50
Jesús estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con Él. Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte».
Jesús le respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡La Presentación de la Virgen María!
Hoy en la memoria litúrgica de la Presentación de la Santísima Virgen María, recordamos una tradición muy antigua que cuenta que cuando la Virgen María era muy niña, sus padres la llevaron al Templo de Jerusalén y allá la dejaron por un tiempo, junto con otro grupo de niñas. Para ser instruida muy cuidadosamente respecto a la vida de religión y a todos los deberes para con Dios. Desde muy joven María se entregó por completo a Dios, movida por el Espíritu Santo.
Esta presentación de la Virgen María, que es fiesta, que nació en el año 543 en Oriente, con ocasión de la dedicación de la Basílica de Santa María La Nueva en Jerusalén se celebra también primero en Oriente desde el siglo V y luego en Occidente desde el siglo XI.
Los llamados evangelios apócrifos, que son textos estudiados por la Iglesia, pero no reconocidos necesariamente como canónicos o inspirados sin que por ello dejen de tener un valor literario sobre lo que se escribió en los tiempos intertestamentarios. Estos evangelios apócrifos nos hablan en principio de la esterilidad de Ana y de Joaquín, por lo que ellos oran fervorosamente a Dios y le hacen la promesa que si logran tener un hijo que parecía imposible, lo ofrendarían para el servicio del templo. La bendición de Dios llegará y esta hija que les nace según la tradición, a los tres años es ofrendada para el servicio del templo y consagrada a Dios, y la hemos conocido como la niña María.
A propósito de estas lecturas que son propias de esta memoria litúrgica, aprendamos una consagración total como María la tuvo al Padre Dios. Aprendamos a consagrar nuestros pensamientos.
Y hoy te pregunto ¿en qué es en lo que más piensas cada día? ¿En tu familia?, ¿en tu trabajo?, ¿en tu salud?, ¿en tu cuerpo?, ¿en hacer dinero?, ¿en el gobierno?, ¿en la política?, ¿en las guerras?, ¿en las noticias? Aprende a entregarle tus pensamientos a Dios, a decirle en ellos, te quiero, eres importante para mí, pero siento el deber y la necesidad de quererte, de amarte mucho más. Como María consagremos nuestros pensamientos a Dios, pero como María consagremos también nuestros deseos.
Y es que en nuestra vida personal no sólo pensamos, sino que deseamos, anhelamos, de alguna manera tenemos de forma oculta en nuestro corazón deseos interiores del amor de una persona, de reconocimientos humanos, de bienes materiales. Y el Señor nos pide purificar a ejemplo de María, no sólo lo que pensamos, sino lo que deseamos, lo que anhelamos y que sean deseos y también pensamientos más puros, más altos, menos mezquinos, más altruistas.
Pero además de consagrar, como María lo hizo con el buen Dios, los pensamientos, los deseos; consagremos los actos de nuestra voluntad. Es entrega diaria a Dios, renunciando a nuestra voluntad personal y haciendo la voluntad de Dios en nuestra vida. Qué difícil es desplazar nuestros caprichos, nuestra voluntariedad, nuestra manera de mirar la vida donde siempre quiero hacer mi proyecto, mi sueño y no el proyecto o el sueño de Dios sobre mi vida.
Esto implica morir a nosotros mismos, conlleva a un proceso de anonadamiento, de hacernos pequeños, de hacernos nada y decir para mi vida sólo quiero lo que Dios quiere para mí. Es un acto supremo de fe, de madurez espiritual y de humildad del corazón. Cuando lo que pensamos, lo que deseamos y lo que hacemos desde nuestra voluntad libre, queremos asemejarlo a los pensamientos, a los deseos y a la voluntad de Dios sobre nosotros. Es una manera religiosa de consagrarnos a Dios, como nos dirán estos textos apócrifos “que la Virgen fue consagrada a Dios totalmente”.
De hecho, encontraremos luego en los evangelios mariológicos “que María se presenta como la humilde sierva del Señor y sólo entiende su vida como hacer la voluntad de Dios, su Salvador”.
Pero encontramos en María a propósito de esta fiesta de su Presentación en el Templo, como fue una mujer amante del silencio que guardaba todo en su corazón, que, aunque no entendió porque el Niño cuando tenía unos 12 años y se había extraviado, quedándose en el templo de Jerusalén, le dice de manera casi destemplada y altisonante ante el reclamo de su Madre ¿no sabes que debo de ocuparme en las cosas de mi Padre Dios?
Pero también Ella había sentido una punzada en su corazón cuando el Niño era apenas un bebé, y con 40 días de nacido entrando al gran templo de Jerusalén, el santo y sabio Simeón le dice a María “que ese Niño será signo de contradicción, bandera discutida; unos se levantarán y otros caerán en Israel”. Y le profetiza de manera enigmática y misteriosa “que una espada le traspasará el alma, un dolor profundo llegará a su vida”, (y Ella lo entenderá 33 años más tarde, cuando contempla a su Hijo en la cruz, en la colina del Calvario). Pero nos dirá “que cuando Simeón le profetiza esa espada de dolor para su alma, Ella todo lo madura, lo guarda en su corazón”.
Hoy qué modelo de respuesta para nosotros y a ejemplo de María, cuando muchas circunstancias y situaciones en la vida nos resultan incomprensibles y difíciles de asimilar, aprendamos como Ella a guardarlo todo en el corazón. Qué ejemplo de fe, qué modelo de esperanza, qué peregrina en el caminar en Dios es María, y cómo nos ilumina nuestro camino cuando a veces pedimos o queremos pedir respuestas a Dios de todo y encontramos solamente el silencio del cielo.
Aprendamos como María, a guardar todos los proyectos, todos los acontecimientos, todas las situaciones y circunstancias, por más que nos parezcan desventuradas, paradójicas, contradictorias, irónicas. Entendamos que así es el plan misterioso y a la vez fascinante de Dios sobre nuestra vida.
Finalmente, a propósito de esta memoria litúrgica de la Presentación de la Santísima Virgen María en el Templo, aprendamos la libertad inmensa y bien empleada de María para entregarse totalmente a Dios.
Hay en el mundo la llamada libertad secular y hay para nosotros los creyentes, la libertad cristiana. La libertad secular lo detallo, es la libertad que creemos alcanzar frente a otros, porque pensamos que son los otros, el jefe, los padres de familia, los maestros, la autoridad quién me quita la libertad y entonces reclamo airadamente y con indignación mis supuestos derechos.
Pero la libertad en clave evangélica es la libertad frente a nosotros mismos, frente a las pasiones dominantes que nos esclavizan, frente al pecado que es un engaño a la propia vida. Y Jesús nos ha enseñado que ha venido a liberarnos y a derramar su sangre y entregar su vida en la cruz para hacernos libres, sobre todo frente a nuestro pecado personal, que es enfermedad, ceguera, engaño y esclavitud. Pero cómo nos cuesta reconocerlo. Lo entendió un gigante como san Pablo, cuando, lleno de Cristo, habla de sí mismo “como el hombre que tiene la libertad gloriosa de los hijos de Dios”.
Pero la libertad en clave de mundo, en clave pagana. A veces la entendemos como un voluntarismo de nuestras acciones y decimos, yo hago lo que me venga en gana, aunque a veces me destruya, aunque a veces me esclavice.
Cuánta gente ha destruido su cuerpo, se ha esclavizado de un vicio en nombre de la libertad. Pero la libertad de María, la libertad evangélica va unida a la verdad. La libertad sin la verdad es engaño. Y la libertad con verdad no me destruye, me construye, me edifica, me hace un mejor ser humano.
Finalmente, la libertad en el mundo es una libertad separada del amor y de la caridad, una libertad egoísta, una libertad que busca el bienestar propio, a veces con daño o perjuicio para los demás. En cambio, la libertad en clave evangélica, la libertad que vivió María para decirle sí al Señor, es una libertad frente a Ella misma, unida a la verdad y una libertad para amar, para romper las cadenas del egoísmo.
Hoy, en esta fiesta, con estas lecturas propias, en esta memoria litúrgica, pidámosle a la Santísima Virgen María: “Danos, como tu consagrar pensamientos, deseos y la propia voluntad al plan de Dios. Ser amantes del silencio y de la vida interior y reflexiva, y utilizar mi libertad unida a la verdad y al amor y la libertad, sobre todo frente a mi propio pecado”.
¡María, presentada en el templo, ruega, ruega por nosotros!
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.