¡Perdona, no hay otra opción!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2023-07-17T17:05:22Z
dc.date.available2023-07-17T17:05:22Z
dc.date.issued2023-03-14
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Quizás la más impresionante parábola evangélica sobre el tema del perdón cristiano que encontramos a todo lo largo de la Biblia, es el pasaje que nos presenta hoy san Mateo en el capítulo 18, a propósito del diálogo de Pedro y Jesús sobre cuántas veces hay que perdonar, Jesús señala 70 veces 7, (cifra simbólica que indica, hay que perdonar siempre y hay que perdonar plenamente, no a medias o mitad del camino). Pero la parábola que se refiere el evangelio de San Mateo, nos habla de un rey que perdonó una suma impagable a uno de sus súbditos 10.000 talentos, en el fondo quiere acentuar el evangelista, la deuda tan grande que tenía y que humanamente no era fácil de redimir, cancelar o pagar; lo paradójico, lo irónico de la parábola, es que este hombre que debía de rebosar de alegría y gratitud al salir de la presencia del rey, qué es la imagen de Dios, se encuentra con un compañero que le debe miserables 100 denarios, una cifra ínfima, absolutamente pequeña frente a la gran cantidad de dinero que a él le habían perdonado; su amigo le exhorta a perdonarle, pero él endureciendo su corazón le exige que le pague la deuda de los 100 denarios y como no lo hace lo lleva a la cárcel. Esta situación la conoce el rey y consternado manda a llamar a su criado y le dice: “Siervo malvado, una deuda tan grande como la que tenías, yo te la perdone ¿no debías tú también hacer lo mismo?”. Nos queda una enseñanza de esta parábola evangélica, ¿qué ofensa tan grande hay en nuestra vida que nos hayan causado, que nosotros no podamos perdonar? Cualquier herida que hayan causado a nuestro corazón, son en el fondo ínfimos 100 denarios, una deuda pequeña frente a toda la deuda que Cristo en la cruz pagó por nosotros; 10,000 talentos, el pecado de toda mi vida, el pecado de todos los hombres, el pecado de toda la historia humana. Sí Cristo en la cruz pagó lo impagable por mí ¿quién soy yo para no perdonar lo pagable, o lo redimible cuando otro me ofende, o cuando otro me debe?, no puede ser que en el tema del perdón apliquemos la ley conveniente del embudo, la boca grande para recibir la misericordia de Dios y la gota pequeña o mejor la boca pequeña para prodigar el perdón y la misericordia a cuenta gotas a los demás. Señor, dame la sabiduría de descubrir y cuando rezo el Padre Nuestro me comprometo a perdonar aquellos que me ofenden, así como Dios me perdona cuando yo le he ofendido. Señor, dame la gracia de ser libre por el camino del perdón; Señor que no amargue, que no entristezca, que no endurezca mi vida por los resentimientos, perdono más que porque otros lo merezcan, perdono porque Cristo en la cruz perdonó mi pecado de toda la vida y perdono por salud emocional, afectiva y espiritual para mi propia vida. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BIBLICA DEL EVANGELIO Mateo 18, 21-35 Lectura del día de hoy Lectura de la profecía de Daniel (3,25.34-43): En aquellos días, Azarías, puesto en pie, oró de esta forma; alzó la voz en medio del fuego y dijo: «Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia. Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas. Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados. En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia. Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados. Que este sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedarán defraudados. Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos, y buscamos tu rostro; no nos defraudes, Señor; trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia. Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor». Palabra de Dios Salmo del día de hoy Salmo (25) 24,4-5ab.6.7bc.8-9 R/.Recuerda, Señor, tu ternura V/. Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.Recuerda, Señor, tu ternura V/. Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. R/.Recuerda, Señor, tu ternura V/. El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. R/.Recuerda, Señor, tu ternura Evangelio del día de hoy Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21-35): En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
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dc.subjectEvangelio
dc.subjectBiblia
dc.subjectPerdón
dc.subjectRencor
dc.subjectMisericordia
dc.subjectBondad
dc.subjectSan Mateo
dc.title¡Perdona, no hay otra opción!

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