¡Amen a sus enemigos!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-09-26T16:45:44Z | |
| dc.date.available | 2025-09-26T16:45:44Z | |
| dc.date.issued | 2025-09-11 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Amen a sus enemigos! La primera Carta del apóstol san Pablo a los Colosenses nos invita “a reconocernos hombres y mujeres nuevos; y como elegidos y amados por Dios, debemos de revestirnos en las relaciones humanas, de compasión entrañable, de bondad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia con los defectos de los demás”. Pero nos invita el apóstol Pablo “a sobrellevarnos mutuamente en nuestras dificultades y a perdonarnos de corazón cuando tengamos alguna queja de otro semejante. Así como el Señor nos ha perdonado, nosotros nos debemos de perdonar”. Y nos recuerda “que por encima de todo debe de primar el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta”. Concluirá diciendo el apóstol Pablo “que la paz de Cristo, que es una paz distinta de la del mundo, reine en nuestro corazón. Que vivamos como un solo cuerpo, que seamos agradecidos con tantas bendiciones recibidas”. Y al final nos dice “todo lo que de palabra o de obra realicemos sea en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él”. Pero no todo es tan claro y tan bello como esta carta de Pablo, porque el evangelio de Lucas capítulo 6, versículo 27 y siguientes, nos presenta quizás el evangelio más desafiante de toda la Sagrada Escritura, cuando en un momento de profunda inspiración y de actitud profética, Jesús nos invita: “A amar a los enemigos, a hacer el bien a los que nos odian, a bendecir a los que nos maldicen, a orar por los que nos calumnian”. ¡Qué impresionante este texto!, ¿cómo entenderlo?, ¿cómo asumirlo? Quizás es la mayor exigencia de Jesús “el amor al enemigo” y desde nuestra naturaleza humana, que a veces es vindicativa o por lo menos retributiva, nos parece que es un imposible poder amar, hacer el bien, bendecir y orar por aquel que nos ha hecho daño. Pero aprendamos algunas sabidurías para nuestra vida, tres concretamente, a propósito de este evangelio. La primera sabiduría, evitemos tener enemigos, huyamos de los conflictos. Ningún esfuerzo es suficiente, es bastante cuando se trata de evitar problemas humanos. Cuántas veces manejando carro, haciendo fila en un banco. Cuántas veces llegando a la casa de mal humor entramos en conflictos innecesarios que amargan la vida y nos roban la paz del corazón. Por eso, hagamos todo lo posible por conservar la fraternidad, la vida de comunidad: en el trabajo, con la familia, con los amigos, con los cercanos. Y para ello nos tocará muchas veces “tragar sapos” y aprender también esa maravillosa regla de oro de convivencia humana que trae el evangelio cuando nos dice: “Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes”. Respeten si esperan respetar o esperan que los respeten. Sean cordiales, si quieren que sean cordiales con ustedes. Tengan paciencia si esperan que los demás sean pacientes con ustedes. Obren con justicia y prudencia si esperan eso de los demás. Pero hay una segunda sabiduría que me parece que en lo personal a mí me ha servido muchísimo. El pensador oriental Confucio afirmó hace miles de años: “Quien se domina a sí mismo, domina a su peor enemigo”. Tu mayor enemigo no está en los otros, sino dentro de nosotros. Por eso debemos de sanar de nuestro orgullo que me impide perdonar o nos impide perdonar. Nos impide reconocer nuestros errores. Debemos sanar de nuestras hipersensibilidades donde todo nos afecta más de la cuenta. Debemos sanar de nuestros rencores que nos amargan la vida. Debemos sanar de nuestros egoísmos que nos impiden una convivencia tranquila y madura con los demás. Estamos llamados a sanar de prevenciones y prejuicios cuando creemos que todo lo que hacen los demás lo hacen por fastidiarnos y en contra de nosotros. Tanto que hay que sanar sobre envidias, sobre codicias materiales, sobre celos innecesarios. Créeme, “el que se domina a sí mismo domina a su peor enemigo”. Concluiría con una tercera sabiduría, amar a los enemigos es un don de Dios, humanamente es imposible. Actuemos con los demás como Dios actúa con nosotros. Perdonemos a los demás como Dios nos perdona a nosotros. El amor al enemigo no es de una vez, esto se tiene que hacer por niveles. Primero, orar por ellos, luego bendecirlos, luego hacerles el bien, finalmente amarlos. Pero esto es solo obra y gracia de Dios. Concluyo mi reflexión presentándote unas frases que ojalá te puedan servir a propósito de esta exigencia tan alta del evangelio de hoy “del amor al enemigo”. Primera frase. Un proverbio árabe afirma: “Un enemigo a 300 metros es un blanco, es un blanco, un objetivo militar, a tres metros es un ser humano”. Segunda frase. No somos mejores que nuestros enemigos si obramos igual que ellos murmurando, criticando, atacando, odiando a quien decimos es nuestro enemigo. Tercera frase. Los enemigos son subjetivos, contigo tal vez son los peores seres humanos, pero quizás con otras personas son los mejores amigos y personas. Cuarta frase. Un enemigo no es tal por sus acciones, sino porque en tu corazón le cierras la mente, le cierras el alma al amor, a la comprensión y al perdón. Quinta frase. La única manera de destruir a un enemigo no es matándolo psicológicamente, sino amándolo emocionalmente, dejándolo de odiar. Sexta frase. El construir en mi vida enemigos no necesariamente destruye a los otros, me destruye a mí, me hace una persona triste, opaca, sin salud y sin paz en el corazón. Séptima frase. El amor al enemigo es la prueba suprema del amor cristiano, que es el amor más grande. Octava frase. Mi enemigo no es tal por sus acciones, es tal porque desnuda en mí la incapacidad que tengo para aceptarlo, para acogerlo como es, para amarlo en su realidad personal. Novena frase. Si Jesús nos llama amigos, es compasivo con nosotros, ¿por qué nosotros no podemos ser compasivos y misericordiosos con aquellos que nos han hecho daño? Decima y última frase. Sólo la no violencia activa hace que reconozca que todo hombre es mi hermano y así puedo detener la violencia verbal, psicológica o material sobre él. Termino diciéndote que el orgullo, a veces disfrazado de dignidad y de falso respeto, nos lleva a ganarnos enemigos sin necesidad. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 6, 27-38 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Col 3, 12-17: Hermanos: Como pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado, sea vuestro uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y celebrad la Acción de Gracias: la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la acción de gracias a Dios Padre por medio de Él. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 150, 1-2.3-4.5-6 Todo ser que alienta alabe al Señor. Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su fuerte firmamento. Alabadlo por sus obras magníficas, alabadlo por su inmensa grandeza. Todo ser que alienta alabe al Señor. Alabadlo tocando trompetas, alabadlo con arpas y cítaras, alabadlo con tambores y danzas, alabadlo con trompas y flautas. Todo ser que alienta alabe al Señor. Alabadlo con platillos sonoros, alabadlo con platillos vibrantes. Todo ser que alienta alabe al Señor. Todo ser que alienta alabe al Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del santo Evangelio según San Lucas 6, 27-38: Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis la usarán con vosotros. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Amar en todo momento | |
| dc.subject | Amor | |
| dc.subject | Conflictos | |
| dc.subject | Dominarse a sí mismo | |
| dc.subject | Don de Dios | |
| dc.subject | Enemigos | |
| dc.subject | San Lucas | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Amen a sus enemigos! | |
| dc.title.alternative | Amor por los enemigos |
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