¿Eres un buen Samaritano?
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 10, 25-37
Lectura del día de hoy
Del libro de Jonás 1, 1-2,1.11:
Jonás Ben-Amitai recibió la palabra del Señor:
-Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama en ella: Su maldad ha llegado hasta mí.
Se levantó Jonás para huir a Tarsis, lejos del Señor; bajó a Jafa, y encontró un barco que zarpaba para Tarsis; pagó el precio y embarcó para navegar con ellos a Tarsis, lejos del Señor.
Pero el Señor envió un viento impetuoso sobre el mar, y se alzó una gran tormenta en el mar, y la nave estaba a punto de naufragar.
Temieron los marineros, e invocaba cada cual a su dios. Arrojaron los pertrechos al mar, para aligerar la nave, mientras Jonás, que había bajado a lo hondo de la nave, dormía profundamente.
El capitán se le acercó y le dijo:
– ¿Por qué duermes? Levántate e invoca a tu Dios; quizá se compadezca ese Dios de nosotros, para que no perezcamos.
Y decían unos a otros:
-Echemos suertes para ver por culpa de quién nos viene esta calamidad.
Echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás.
Le interrogaron:
-Dinos, ¿por qué nos sobreviene esta calamidad? ¿Cuál es tu oficio? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿De qué pueblo eres?
Él les contestó:
-Soy un hebreo; adoro al Señor Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra firme.
Temieron grandemente aquellos hombres y le dijeron:
– ¿Qué has hecho? (pues comprendieron que huía del Señor, por lo que él había declarado).
Entonces le preguntaron:
– ¿Qué haremos contigo para que se nos aplaque el mar? Porque el mar seguía embraveciéndose.
Él contestó:
-Levantadme y arrojadme al mar, y el mar se os aplacará; pues sé que por mi culpa os sobrevino esta terrible tormenta.
Pero ellos remaban para alcanzar tierra firme, y no podían, porque el mar seguía embraveciéndose.
Entonces invocaron al Señor, diciendo:
– ¡Ah, Señor, que no perezcamos por culpa de este hombre; no nos hagas responsables de una sangre inocente! Tú eres el Señor que obras como quieres.
Levantaron, pues, a Jonás y lo arrojaron al mar, y el mar calmó su cólera.
Y temieron mucho al Señor aquellos hombres. Ofrecieron un sacrificio al Señor y le hicieron votos.
El Señor envió un gran pez a que se comiera a Jonás, y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches seguidas.
El Señor dio orden al pez y vomitó a Jonás en tierra firme.
Palabra de Dios, te alabamos Señor.
Salmo del día de hoy
Salmo: Jon 2, 3.4.5.8:
Sacaste mi vida de la fosa, Señor.
En mi aflicción clamé al Señor y me atendió, desde lo hondo del abismo pedí auxilio, y escuchó mi clamor.
Sacaste mi vida de la fosa, Señor.
Me arrojaste a lo profundo en alta mar, me rodeaban las olas, tus corrientes y tu oleaje pasaban sobre mí.
Sacaste mi vida de la fosa, Señor.
Yo dije: Me has arrojado de tu presencia, quién pudiera ver de nuevo tu santo templo.
Sacaste mi vida de la fosa, Señor.
Cuando se me acababan las fuerzas me acordé del Señor; llegó hasta ti mi oración,
hasta tu santo Templo.
Sacaste mi vida de la fosa, Señor.
Evangelio del día de hoy
Del santo Evangelio según san Lucas 10, 25-37:
En aquel tiempo, se presentó un letrado y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
-Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
Él le dijo:
– ¿Qué está escrito en la Ley?, ¿qué lees en ella?
El letrado contestó:
– «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»
Él le dijo:
-Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.
Pero el letrado, queriendo aparecer como justo, preguntó a Jesús:
– ¿Y quién es mi prójimo?
Jesús dijo:
Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.
Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo:
-Cuida de él y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.
¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?
El letrado contestó:
-El que practicó la misericordia con él.
Díjole Jesús:
-Anda, haz tú lo mismo.
Palabra del Señor, gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
El evangelio de hoy nos presenta el precioso relato del buen samaritano, una imagen universal de lo que es la auténtica caridad, donde se busca hacer el bien sin mirar a quien. De la explicación que Jesús da al jurista doctor de la ley, saquemos conclusiones o enseñanzas para nuestra vida.
La primera, el amor a Dios y el amor al prójimo, es el único camino para alcanzar la vida eterna, es la gran sabiduría para conquistar la salvación.
Segunda enseñanza, el amor vivifica, el amor nos hace sentir vivos, has eso y vivirás, dice precisamente Jesús a quienes lo escuchan. Es que amar a Dios con todo el corazón, con todo el alma, y amar al prójimo como a sí mismo, nos hace sentir que la vida vale la pena.
Tercera enseñanza, el amor a Dios está vacío sino pasa primero por el amor concreto al prójimo. No tiene sentido que el sacerdote en la parábola evangélica y el levita, el uno representante de los dirigentes religiosos, el levita asistente del templo, dieran un rodeo o le sacaran el cuerpo a quien estaba herido, bajo el pretexto de caer en impureza ritual o de ir a servir a Dios en el culto del templo. El apóstol san Juan, con gran sabiduría nos dice: “Miente quien dice que ama a Dios, a quien no ve, sino ama a su hermano a quien si ve”, es que el amor a Dios y el amor al prójimo no pueden separarse.
En una cuarta enseñanza, nos podemos preguntar ¿quién es mi prójimo?, y podríamos responder bajo la imagen parabólica: el sufriente, el herido, el asaltado, el medio muerto, es el sufriente bajo cualquier aspecto. También podríamos decir ¿quién es mi prójimo?, el que me desacomoda, el que me saca del camino que tenía hacia el templo, el que me saca de mi zona de confort, de mi egoísmo y reclama de mí, fuerzas y tiempo.
En una quinta enseñanza también me podría preguntar ¿cuando yo soy prójimo del otro?, y la respuesta es clara, cuando soy capaz de conmoverme como lo hizo el buen samaritano, cuando me acerco, cuando sirvo a los otros soy prójimo de los otros: ¿limpio sus heridas?, ¿le llevo al herido en cabalgadura o lo acojo en una posada?, gasto tiempo y dinero para que él esté bien.
En una sexta y penúltima sabiduría reconocemos, que no le hago un favor a otro cuando practico la caridad, el favor me lo hago a mí mismo. Nunca olvides, que el último día de nuestra existencia sólo nos presentaremos ante Dios, con aquello que entregamos, donamos con generosidad y no seremos dueños ante Dios, de aquello que guardamos o retuvimos con egoísmo.
Terminamos esta preciosa enseñanza parabólica cuando Jesús les dice precisamente a quienes le escuchan: “Vete y haz tú lo mismo”. El jurista que le escuchaba tiene que pasar de la sabiduría de los libros a la sabiduría de la vida. El tiempo de la misericordia es hoy recuérdalo, hoy tienes el tiempo, la oportunidad y la gracia para servir a otros, para hacer el bien a otros que en el fondo es hacerte el bien a ti mismo, mañana no sabemos, por eso en el tema de la caridad se aplica perfectamente la famosa expresión: “No dejes para mañana lo que puedas hacer en amor y caridad hoy”.
Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.