¿Cómo te presentarás ante Dios?
Loading...
Date
Authors
Journal Title
Journal ISSN
Volume Title
Publisher
Abstract
REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Mateo 25, 31-46
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Lv 19,1-2.11-18:
El Señor habló a Moisés:
-«Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: «Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.
No robaréis ni defraudaréis ni engañaréis a ninguno de vuestro pueblo.
No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de Dios.
Yo soy el Señor.
No explotarás a tu prójimo ni lo expropiarás.
No dormirá contigo hasta el día siguiente el jornal del obrero.
No maldecirás al sordo ni pondrás tropiezos al ciego.
Teme a tu Dios.
Yo soy el Señor.
No daréis sentencias injustas.
No serás parcial ni por favorecer al pobre ni por honrar al rico.
Juzga con justicia a tu conciudadano.
No andarás con cuentos de aquí para allá, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo.
Yo soy el Señor.
No odiarás de corazón a tu hermano.
Reprenderás a tu pariente, para que no cargues tú con su pecado.
No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Yo soy el Señor.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor
Salmo de Hoy:
Salmo (19)18, 8.9.10.15:
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandatos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia
el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 25, 31-46:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. El separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha:
«Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.»
Entonces los justos le contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»
Y el rey les dirá: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.»
Y entonces dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.»
Entonces también éstos contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?»
Y él replicará: «Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.»
Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús
Description
TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
La primera lectura tomada del libro del Levítico nos habla: “De la invitación que Dios hace a cada ser humano a ser santo, como el Señor, el Dios de la vida es Santo”. Esta invitación la formula al pueblo de Israel a través de Moisés, y permítanme la expresión, “este código de santidad” lo enuncia a través de conductas concretas.
La primera: “No robaremos, ni defraudaremos, ni engañaremos unos a otros”.
La segunda conducta: “No juraremos en falso por el nombre de Dios y profanando precisamente su nombre”.
En la tercera acción se nos invita: “A no explotar al prójimo, no dormiremos hasta la mañana siguiente con el jornal, (el salario del obrero o del trabajador)”. Esta actitud hace más de 3.000 años, hoy cuánto debe de ser recordada.
En una cuarta acción en este código de santidad, se nos invita: “A no maldecir al sordo, ni poner trampas al ciego, por el contrario, respetar y temer a Dios”.
En una quinta acción dentro de lo que nos propone el libro del Levítico, está: “El no dar sentencias injustas, no ser parcial por favorecer al pobre o por honrar al rico, esto es juzgar con justicia al prójimo”.
En una sexta propuesta, nos invita Dios a través de Moisés al pueblo de Israel y a nosotros que somos el nuevo pueblo de Dios: “A no andar difamando, calumniando a la gente, ni declarando en falso contra la vida del prójimo”. Hoy en el mundo de los escándalos, de las acusaciones públicas, de las difamaciones por odio o por afán de dinero, cuánto conviene escuchar esta sentencia que trae el Levítico desde el antiguo testamento.
Finalmente, en una séptima propuesta, se nos invita: “A no odiar de corazón al hermano, a reprenderlo cuando se equivoque para no cargar con su pecado, pero nunca asumir venganza contra nadie”.
Esta primera lectura del Levítico nos prepara para el evangelio de hoy tomado del capítulo 25 de san Mateo, que nos habla precisamente del juicio universal y final, que vendrá cuando la historia termine, y donde Cristo con poder y gloria sobre los ángeles del cielo, vendrá a juzgar el corazón, las actitudes de vida de cada uno de nosotros. “Separará a unos de otros como el pastor separa a las ovejas a la derecha, y las cabras a la izquierda; y nos juzgará por nuestras actitudes de amor: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, visitar o mejor acoger al forastero, visitar al enfermo, al encarcelado, y vestir al desnudo”.
De este evangelio concluyamos o mejor saquemos tres enseñanzas para nuestra vida.
La primera, nunca lo olvides, tu existencia y la mía tiene final, no asistes solamente a las exequias de tus amigos y familiares, sino que algún día serán tus propias exequias. Nuestra vida como las conservas de alimentos tienen fecha de caducidad y debemos de vivir con tal sabiduría, que en el momento en que morimos, sabemos que nos presentamos ante Dios y ojalá tengamos las manos llenas de buenas obras.
Y es aquí donde viene una segunda enseñanza más allá del término o el final de la vida, y es que, en una segunda sabiduría, descubrimos que hay un juicio de Dios sobre las obras y acciones que a lo largo de la vida desarrollamos. No lo dudes, seremos juzgados ante Dios.
Me impresionaba como el Papa Benedicto XVI justo antes de morir, unas semanas antes afirmaba: “Sé que estoy ante la puerta misteriosa de la muerte, pero me acompaña más allá de mis miedos frente a la presencia de Dios, que el justo juez me mirará con misericordia, más allá de mis debilidades y limitaciones personales”. Si esto lo decía un Papa como Benedicto XVI, con esa estatura humana, espiritual y diría casi mística, qué no diremos nosotros hombres y mujeres de a pie.
Finalmente, en una tercera sabiduría y definitiva, más allá de reconocer uno, que la vida termina, dos, que hay un juicio ante Dios, tres, reconocemos que ese juicio ante Dios será de salvación o de condenación. Una salvación que no será por poco tiempo sino de manera definitiva y eterna, o por el contrario una condenación que también será definitiva y eterna.
Jesús nos propone un camino para salvarnos y son las acciones, las obras de amor que realizamos con los demás, especialmente con aquellos necesitados: el hambriento, el sediento, el forastero, el desnudo, el enfermo, el encarcelado. En estas seis formas de dolor, de sufrimiento humano, vive Cristo de manera especial, allí sacramentalmente está presente Cristo y cuando atendemos con amor a estas personas, tengamos la seguridad de que no le hacemos el bien a ellas, nos hacemos el bien a nosotros mismos, porque en el fondo solo nos presentaremos ante Dios el día de nuestra muerte, con las obras de amor y de justicia que practicamos o por el contrario nos presentaremos ante Dios con las obras de injusticia, codicia, avaricia, egoísmo con que actuamos en nuestra vida.
Hoy nunca lo olvides, solo serás dueño ante Dios, del amor que diste con generosidad en tu vida y no serás dueño ante Dios de la falta de amor por egoísmo, comodidad o conveniencia que no diste a tus semejantes.
Señor, algún día será el término de nuestra vida, ¿en 30 años?, ¿en 3 semanas?, ¿en pocas horas?; solo Tú lo sabes. Dame la gracia, dame la sabiduría, dame la iluminación interior de saber que mientras que esté en esta vida puedo prepararme, disponerme para el momento definitivo del juicio ante Ti, con las obras de amor, de fe y de esperanza que supe practicar con los más necesitados de esta tierra.
Que el buen Dios que es solo misericordia, pero también justicia, te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.