¿De que le sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde a si mismo?
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 9, 22-25
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día». Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?»
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Meditando el impresionante texto del capítulo 30 del libro del Deuteronomio, Moisés habla a su pueblo y coloca una clara disyuntiva: “Tienen delante la vida, el bien, el recto obrar; pero su pueblo también tiene delante la muerte, el mal, el equivocado actuar”. Dios les manda que elijan la vida, que guarden y obedezcan sus preceptos, mandatos y decretos, y les hace una promesa: “Solo así vivirán y crecerán como pueblo y serán bendecidos en la tierra”; pero también lanza una advertencia, que es no solamente al pueblo de Israel, sino a nosotros muchísimos siglos después: “Si apartamos nuestro corazón de Dios, si no escuchamos sus mandatos que no pasan de moda, si creemos que obedeciendo los preceptos y las leyes de los hombres, allí encontraremos la felicidad; si nos dejamos arrastrar y nos postramos ante dioses falsos, moriremos sin remedio, nuestra vida no durará en esta tierra”.
Concluirá esta lectura de Deuteronomio, capítulo 30, de manera lapidaria: “Pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición; elige la vida para que vivan tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a Él, pues Él es tu vida y tus muchos años en la tierra, que juró dar a tus padres”. Que sabiduría profunda la que encontramos en este texto y como más allá del paso del tiempo, es aplicable al hoy de nuestra vida.
Pero pasemos al evangelio y en el puro principio de esta Cuaresma, leamos a Lucas, capítulo 9, cuando Jesús señala: “Que ha venido al mundo para hacer ofrenda de amor, vida entregada, y esto le implicará, ser desechado por las autoridades religiosas de Jerusalén, su amada ciudad, ser ejecutado, pero al tercer día resucitar”. Y lanza una de las grandes expresiones evangélicas de todos los tiempos, cuando afirma: “Que no hay verdadero discipulado, si no nos negamos a nosotros mismos y tomamos la cruz de cada día”.
Negarnos a nosotros es morir a nuestro orgullo, morir y negarnos a nuestro egoísmo, morir y negarnos a nuestros rencores, morir y negarnos a nuestra sed de ambición, de posesiones materiales. Cargar la cruz, no es solamente la realidad de dos travesaños de madera cruzados, sino que la cruz en un sentido más existencial y si se quiere espiritual, es toda realidad que me lleva a morir a mí mismo: si la convivencia con tu esposo, esposa te es difícil y te lleva a morir a tu orgullo siendo más humilde, a morir a tu intolerancia siendo una persona más comprensiva, tu pareja es tu cruz. Si una enfermedad incapacitante, te lleva a descubrir que no eres dios, sino una simple criatura, tu enfermedad es cruz. Si la realidad de la vejez, la pobreza, la soledad, te muestran que no eres todopoderoso, esa realidad te lleva a morir a tu amor propio herido, y está realidad es cruz. Nunca olvides que Jesús subió a la cruz para morir en ella, y que la cruz que hoy te presenta la vida, te lleva a morir a ti mismo, entiende a tu pecado, entiende, a aquello que te impide recibir a Jesús y su vida nueva en lo profundo de tu ser.
Pero quizás la expresión más impresionante, la trae el evangelio de hoy en su parte final, cuando Jesús de manera lapidaria, afirmará: “Que quien quiera salvaguardar, proteger su vida, asegurarla, la va a perder”; y como en tantos otros textos evangélicos ratifica: “Que sólo aquel que entregue, que gaste su vida por Él, por el evangelio, va a salvar su existencia”. Y concluirá diciendo, la frase lapidaria que más conversiones ha generado en la historia de la Iglesia en dos mil años de cristianismo: “¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma, si se pierde a sí mismo?”. Esta es la más grande, cierta y paradójica sabiduría de Dios en Jesucristo, revelada para la humanidad entera; si escucháramos y atendiéramos esta expresión, si entendiéramos que en el mundo estamos de paso, si no construyéramos nuestro falso paraíso aquí en el mundo, tal vez viviríamos con menos miedos, con menos ambiciones y seríamos menos lobos para nuestro prójimo, recordando la famosa expresión del pensador Thomas Hobbes cuando afirmaba: “Homo homini lupus est”, (el hombre es lobo para el hombre).
Jesús, que fue cordero manso, que se entregó, se sacrificó, se dejó crucificar, nos enseña la más alta y paradójica, contradictoria sabiduría de Dios, opuesta totalmente a la falsa sabiduría de los hombres: ¡Sólo en la entrega de la vida, se encuentra la verdadera vida!
Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.