¡El Señor paga a cada uno, según sus obras!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-10-23T16:13:00Z | |
| dc.date.available | 2025-10-23T16:13:00Z | |
| dc.date.issued | 2025-10-15 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡El Señor paga a cada uno, según sus obras! La preciosa Carta de Pablo a los Romanos, sin lugar a dudas, uno de los textos de más profunda teología que el apóstol de los gentiles dejó a la humanidad. Nos habla: “De cómo la dureza del corazón acumula la ira de Dios y no escaparemos del juicio divino si en verdad, con una actitud farisaica nos erigimos en jueces de los demás, olvidando que sólo uno es el legislador, el que hace la ley, y uno sólo es el Juez, Cristo y no nosotros”. En efecto, en este capítulo 2 de la Carta a los Romanos, exhortará Pablo a la comunidad de aquella ciudad: “Tú que te eriges en juez, sea quien seas, no tienes excusa, pues al juzgar a otro, a ti mismo te juzgas y te condenas, porque en el fondo, aunque no lo reconozcas tú haces las mismas cosas que juzgas de los demás”. Y continuará Pablo su aguda reflexión diciendo, “¿piensas acaso, tú que juzgas a los que hacen estas cosas, pero actúan del mismo modo, que vas a escapar del juicio de Dios? O ¿es que desprecias el tesoro de su bondad, tolerancia y paciencia que ha tenido en tu vida y que te ha llevado a convertirte? Porque en el fondo es una verdad suprema”. Cuando reconocemos en nuestra vida cuánta bondad, cuánta paciencia, cuánta misericordia, cuánta tolerancia ha tenido Dios con nosotros, más allá de una historia de extravíos, de equivocaciones, de infidelidades, de pecado. ¿Cómo no convertirnos por la fuerza de la gratitud y de un amor que quiere vencernos a fuerza de bendiciones sobre nuestra vida? Y detalles delicados de ternura. Pero continuará Pablo en esta Carta dirigida a los habitantes de Roma: “Con tu corazón duro e impenitente, te estás acumulando cólera para el día de la ira, (hablando del día del juicio final en que se revelará el justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno según sus obras). Vida eterna a quienes, perseverando en el bien, en el amor, buscaron la gloria de Dios. Y cólera e ira divinas para los porfiados, los rebeldes de corazón contra la verdad que solo cometieron injusticias”. Terminada esta Carta, cae como pedrada en ojo la respuesta del salmo litúrgico de este día que nos invita a meditar: “El Señor paga a cada uno según sus obras”. Hoy, cuando dices que Dios ha sido injusto contigo, ¿no será más bien al contrario tú el que has sido desagradecido, ignorante, indiferente frente a Dios? Aprende del salmista y di en oración: ¡Solo en Dios descansa mi alma, porque de Él viene mi salvación! Sólo Dios es mi roca, mi alcázar. No vacilaré. Descansa en Dios, alma mía, porque Él es mi esperanza. Sólo Él es mi roca y mi salvación, mi alcázar. Pueblo, pueblo suyo confíen en Él, desahoguen ante Él su corazón. Dios es nuestro refugio. Hoy, no lo olvides, Dios no es injusto con nadie. En el fondo, hemos cosechado lo que hemos sembrado en el bien o también lo que hemos sembrado en el mal. Es fácil la actitud por demás engañosa de victimizarnos y decir, la vida ha sido injusta y se ha ensañado en contra nuestra. Pero revisa, ¿si has obrado con egoísmo, si has obrado con mezquindad? Y revisa la vida de aquellos bendecidos, ¿si han obrado con generosidad, con grandeza de espíritu, con altruismo humano, con amor sincero, con puro corazón? Tal vez es muy fácil achacarle y endilgarle a Dios, acusar a Dios de todos nuestros males y hasta con soberbia y gran ignorancia decir, no vuelvo a la Eucaristía, no vuelvo a la fe, me hago borrar de la partida de bautismo, reniego de mi cristianismo porque Dios no ha sido el títere que he pretendido o que se ha dejado manejar según mis caprichos y según mi voluntad rebelde y orgullosa. Pero pasemos al evangelio de hoy de Lucas, capítulo 11, que, en la línea de evangelios precedentes, Jesús lanza tres graves invectivas, críticas ácidas, lamentaciones entendidas como exclamaciones de dolor, de espanto, de pesar sobre los fariseos que pasan por alto el derecho y el amor, que es lo importante en la vida. “Aunque digan pagar el diezmo de la ruda, de la hierbabuena, de las hortalizas. En el fondo dejan pasar el camello colando el mosquito, dejan pasar lo importante filtrando lo accesorio, lo que no es importante”. Jesús dirá: “Esto hay que practicar, la justicia y el derecho sin descuidar el pago del diezmo”. Pero habrá una segunda invectiva cuando hablará de los fariseos: “Como aquellos vanidosos de honores en las sinagogas judías, en las plazas públicas; pero por dentro son tumbas o sepulcros podridos. Como la muerte es podrida y los muertos huelen mal, huelen maluco”. Finalmente nos dirá en una tercera invectiva o crítica: “Ay, de ustedes los fariseos que imponen pesadas cargas al pueblo sencillo. Pero ustedes mismos no están dispuestos a cargar con estos pesos, ni moviendo un solo dedo de sus manos”. En el fondo, lo que Jesús ataca con estas tres invectivas es la búsqueda del interés personal y mezquino por parte del fariseo, que se ocupa en tener una buena apariencia externa y que en el fondo descuida la justicia a los hombres, la piedad y el amor a Dios. Y, en consecuencia, es un abandono al prójimo y a Dios mismo. “Ten mucho cuidado (decía el Papa Francisco) con aquellos psicorrígidos, que pegados con escrúpulo a las leyes, a las normas, a pequeñas reglas morales. En el fondo dejan entrar en el alma a los elefantes, la falta de compasión, la falta de justicia, la falta de amor, la falta de entrega de la vida, que está en el corazón mismo del Evangelio que nos dejó como herencia universal Jesús”. Hoy reconozcamos que el Señor paga a cada uno según sus obras. No te quejes, no es el camino, obra rectamente, revisa las intenciones de tu corazón, mira si hay hipocresía en tu vida, obra de cara a Dios y veraz, empezarás a ver en tu vida bendiciones continuas, auténticos milagros. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 11, 42-46 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Romanos 2, 1-11 No tienes disculpa tú, quienquiera que seas, que te constituyes en juez de los demás, pues al condenarlos, te condenas a ti mismo, ya que tú haces las mismas cosas que condenas; y ya sabemos que Dios condena justamente a los que hacen tales cosas. Tú, que condenas a los que hacen las mismas cosas que haces tú, ¿piensas que vas a escapar del juicio de Dios? ¿Por qué desprecias la bondad inagotable de Dios, su paciencia y su comprensión, y no te das cuenta de que esa misma bondad es la que te impulsa al arrepentimiento? Pues por la dureza de tu corazón empedernido, vas acumulando castigos para el día del castigo, en el que Dios se manifestará como justo juez y pagará a cada uno según sus obras. A los que buscaron la gloria y el honor que no se acaban, y perseveraron en hacer el bien, les dará la vida eterna; en cambio, a los que por egoísmo se rebelaron contra la verdad y cometieron injusticias, les dará un castigo terrible. Todo aquel que haga el mal, el judío primeramente, pero también el no judío, tendrá tribulación y angustia; en cambio, todo aquel que haga el bien, el judío primeramente, pero también el no judío, tendrá gloria, honor y paz, porque en Dios no hay favoritismos. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 62(61), 2-3.6-7.9 (R. 13b) Sólo en Dios he puesto mi confianza. Sólo en Dios he puesto mi confianza, porque de él vendrá el bien que espero. El es mi refugio y mi defensa, ya nada me inquietará. Sólo en Dios he puesto mi confianza. Sólo Dios es mi esperanza, mi confianza es el Señor; es mi baluarte y firmeza, es mi Dios y salvador. Sólo en Dios he puesto mi confianza. De Dios viene mi salvación y mi gloria; él es mi roca firme y mi refugio. Confía siempre en él, pueblo mío, y desahoga tu corazón en su presencia, porque sólo en Dios está nuestro refugio. Sólo en Dios he puesto mi confianza. Evangelio del día de hoy Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 11, 42-46 En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan diezmos hasta de la hierbabuena, de la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del amor de Dios! Esto debían practicar sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar los lugares de honor en las sinagogas y que les hagan reverencias en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven, sobre los cuales pasa la gente sin darse cuenta!” Entonces tomó la palabra un doctor de la ley y le dijo: “Maestro, al hablar así, nos insultas también a nosotros”. Entonces Jesús le respondió: “¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, porque abruman a la gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la punta del dedo!” Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Amor | |
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