¡Todo es posible, para el que cree!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Marcos 9, 14-29
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Si 1,1-10: Antes que todo fue creada la sabiduría.
Toda sabiduría viene del Señor y está con él eternamente. La arena de las playas, las gotas de la lluvia, los días de los siglos, ¿quién los contará? La altura del cielo, la anchura de la tierra, la hondura del abismo, ¿quién los rastreará? Antes que todo fue creada la sabiduría; la inteligencia y la prudencia, antes de los siglos. La raíz de la sabiduría, ¿a quién se reveló?; la destreza de sus obras, ¿quién la conoció? Uno solo es sabio, temible en extremo; está sentado en su trono. El Señor en persona la creó, la conoció y la midió, la derramó sobre todas sus obras; la repartió entre los vivientes, según su generosidad se la regaló a los que lo temen.
Palabra del Señor. Te alabamos Señor
Salmo del día de Hoy:
Salmo 93(92), 1ab.1c-2.5:
El Señor reina, vestido de majestad.
El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder.
El Señor reina, vestido de majestad.
Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
El Señor reina, vestido de majestad.
Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término.
El Señor reina, vestido de majestad.
Evangelio del día de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 9, 14-29: Tengo fe, pero dudo, ayúdame.
En aquel tiempo, cuando Jesús y los tres discípulos bajaron de la montaña, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos escribas discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo. Él les preguntó: «¿De qué discutís?»
Uno le contestó: -«Maestro, te he traído a mí hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar y, cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces.»
Él les contestó: -«¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.» Se lo llevaron.
El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba, echando espumarajos.
Jesús preguntó al padre: -«¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?»
Contestó él: «Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua, para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos.»
Jesús replicó: -«¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe.»
Entonces el padre del muchacho gritó: «Tengo fe, pero dudo; ayúdame.»
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: vete y no vuelvas a entrar en él.»
Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó, cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: -«¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?»
Él les respondió: «Esta especie sólo puede salir con oración.»
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Para nadie es un secreto el avance inmenso, desafiante, maravilloso de la ciencia y de la tecnología en los últimos 100 años. Cada vez el conocimiento es más especializado, más profundo, cada día hay descubrimientos más rápidos y sin embargo ¡oh paradoja!, el ser humano se experimenta menos sabio para gobernar la empresa más importante que tiene entre manos que es su propia vida. Donde hay más malestar interior, más depresión y tristeza, más rupturas y divorcios matrimoniales, menos capacidad de la convivencia humana, más confrontaciones y polarizaciones ideológicas y políticas. Por eso nos preguntamos los hombres y mujeres del siglo XXI ¿somos sabios, para qué?, y ¿sobre qué? Sabemos de moda, sabemos de deportes, sabemos de ciencia, sabemos de tecnología, sabemos de política, sabemos del cambio climático, sabemos aún de farándula. Pero la pregunta es ¿sabemos sobre el sentido y la misión profunda y última para nuestra vida?, ¿sabemos ser felices con lo que tenemos?, ¿sabemos ser personas equilibradas, armónicas, con plenitud de vida? La respuesta no es fácil de encontrar, porque hoy reconocemos una amarga ironía o paradoja en la vida, a veces, mientras más tenemos en el orden material, tecnológico y científico, menos bienestar poseemos en el orden espiritual, humano y personal. Es que hemos conquistado el espacio exterior, la luna, Marte, cada vez sabemos más sobre el cosmos, la vía láctea, pero cada vez conocemos menos nuestro yo profundo. ¿Por qué nuestra incapacidad para amarnos?, ¿nuestra incapacidad para aceptarnos, para convivir en armonía, equilibrio y paz? Esa falta de sabiduría es de la que habla el comienzo del libro del Eclesiástico que se nos presenta hoy en la primera lectura litúrgica, y nos hace una afirmación central: “Toda sabiduría verdadera viene sólo de Dios y está con Él por siempre”. Esa sabiduría permitió contar las arenas de los mares, las gotas de la lluvia, los días del mundo, la altura de los cielos, la anchura de la tierra, la profundidad del abismo y sólo la sabiduría de Dios es capaz de hacer una enunciación de misterios simples que corroboramos, con los que nos confrontamos en nuestro diario vivir.
Luego nos dirá el libro del Eclesiástico que la fuente de toda sabiduría es la Palabra de Dios, pero no es solamente la escrita en la Sagrada Escritura, sino la Palabra de Dios que viene de lo alto, podemos pensar en la persona de Jesús Dios hecho carne, Palabra hecha carne, que se encarna, que se hace hombre y sus mandamientos son eternos.
Al final concluirá el libro del Eclesiástico en esta primera lectura: “Dios mismo ha creado la sabiduría y la ha derramado sobre toda la creación, el cosmos, la naturaleza y la maravilla por excelencia, el ser humano. Y esa sabiduría la ha concedido a todos los vivientes y la regala a aquellos que la desean, la piden y la aman de corazón”.
Hoy, a partir de esta primera lectura, pidámosle al Señor no solamente saber de medicina, de ingeniería, de contabilidad, de administración, de finanzas; sino gerenciar, administrar lo más grande que tenemos entre manos, la empresa más importante nuestra propia vida.
Pero pasemos al evangelio de Marcos, capítulo 9, donde Jesús pregunta sobre la discusión que tienen algunos escribas con sus discípulos y uno de ellos le dice: “Que ha traído a su hijo que tiene un espíritu malo que le impide hablar y al parecer tenía epilepsia” (una enfermedad desconocida en la época), pero tiene todos los signos: tirarlo al suelo, echar espumarajos, rechinar los dientes, quedar rígido. Este espontáneo dice a Jesús, relata a Jesús: “Que ha pedido a sus discípulos que sanen, que liberen a su hijo, pero no han sido capaces”. Jesús cuestiona la incredulidad de sus mismos discípulos y de la gente que pide la sanación de sus seres queridos y simplemente nos muestra que la gran sabiduría de la vida es la fe en Dios que todo lo puede. De hecho, el hombre en su espontaneidad y si queremos, en su ingenuidad, le pregunta a Jesús: “Si es capaz, si tiene el poder para sanar a su hijo, que por favor lo mire con compasión y les ayude”. Jesús le contesta: “Si puedo ayudarte, todo es posible para aquel que cree, todo es posible para aquel que tiene fe”.
Esta frase lapidaria es tema de reflexión en este día, porque hoy faltan más milagros en tu vida y en la mía, porque nos falta fe en el poder de Dios que es capaz de renovar tu vida y la mía. La fe es sobre todo un don del cielo, un regalo de lo alto, y a veces tenemos impedimentos por nuestra mirada tan racionalista, tan escéptica, tan crítica, que nos impide a la manera del alma de los niños, tener la capacidad de asombrarnos, la pequeñez y simplicidad de corazón para saber recibir las bendiciones de Dios en nuestra vida.
Hoy te invito a que pienses si no has sanado en tu enfermedad, si no te has recuperado de tu situación económica, si no se ha sanado esa relación matrimonial herida por continuas discusiones y palabras ofensivas. Si sientes que has fracasado educando y formando a tu hijo adolescente, pídele al Señor la fe, la sabiduría de Dios para saber conducir tu vida, para saber tomar buenas decisiones, para saber acompañar a los tuyos. El evangelio de Marcos continuará diciéndole al espontaneo ante la interpelación de Jesús: “Si cree”, le dice: “Si creo, pero tengo dudas en mi corazón, fortalece mi fe”. No te imaginas, aun siendo sacerdote, cuántas veces en mi vida le he dicho al Señor en momentos de intimidad y oración con Él, Señor, yo creo, pero fortalece mi fe. Señor, perdona mis dudas, Señor, ¿a quién acudiré?, solo en ti encontramos palabras de vida eterna. Esta tentación humana por demás, universal a la condición de todos los hombres, nos lleva a nosotros a experimentar miedos, interrogantes, dudas, búsquedas, incertidumbres. Pero eso es lo que hace precisamente que la fe sea una dimensión fascinante, retadora, desafiante en la vida de cada uno de nosotros, cuando buscamos permanentemente seguridades y certezas, y Dios nos invita a vivir más de la confianza y de la providencia de las promesas divinas contenidas por centenares a lo largo y ancho de toda la Sagrada Biblia. Nos dirá que Jesús, ante la gente que acudía a ver el caso del hombre con su hijo, increpa al espíritu malo y le dice: “Sal de este chico y no vuelvas a entrar a él”. Y dice el evangelista Marcos: “Que gritando y sacudiéndolo violentamente salió del niño, que en principio quedó como un cadáver, pero luego Jesús lo levanta tomándolo de la mano y poniéndolo en pie”. Al final, sus discípulos desconcertados ante su incapacidad para haber sanado la enfermedad del niño le preguntan a Jesús ¿por qué nosotros no pudimos liberar al niño del demonio de la enfermedad en su cuerpo? Y Jesús responde: “Esta especie de males sólo pueden salir con oración”, podríamos agregar, “sólo somos liberados por la oración de fe”.
Hoy, con humildad, de manera confiada, con simplicidad de alma, di como el personaje del evangelio: “Perdona, Señor, mis dudas; yo creo, yo creo en Ti, yo confío en Ti, yo espero en Ti, pero fortalece, fortalece mi fe”.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.