¡Sagrado Corazón de Jesús!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-04-19T17:01:49Z
dc.date.available2024-04-19T17:01:49Z
dc.date.issued2023-06-16
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Siempre el viernes siguiente a la gran solemnidad del Corpus Christi, Sanguinis Christi, es llamado por la liturgia de la Iglesia, el Gran Viernes o el Viernes Mundial del Sagrado Corazón de Jesús. De alguna manera, siguiendo las enseñanzas de la mística y religiosa francesa Margarita María de Alacoque, la Iglesia ha insertado en la liturgia universal, un día especial para reconocer las bondades inmensas del amor de Dios, significadas en el corazón de carne de Jesucristo, corazón que fue abierto desde el mismo momento de la cruz, cuando el soldado atravesó con una lanza el pecho del Hijo de Dios y de allí brotó la sangre y el agua, signo precisamente de ese amor incondicional de Dios. Pero la mística, apartándonos un poco del texto evangélico de hoy, ha señalado 12 promesas, aquellos que se han especialmente devotos del amor de Dios a través del corazón de carne de su Hijo Jesús. La primera de ellas, daré las gracias necesarias a tu estado de vida, seas casada o casado, seas sacerdote o consagrada, no te faltará las gracias propias de la fidelidad, la obediencia, la alegría, la generosidad propia de tu estado de vida. En una segunda promesa señala, daré paz a las familias que sean de mi corazón, aprende a ubicar en un lugar importante de tu casa la imagen del Corazón de Jesús y pide paz, serenidad, diálogo en tu hogar; que no sea un campo de batalla donde se discuta permanentemente y por motivos pequeños, es una promesa que nos hace el Corazón de Jesús. En un tercer momento señala, daré consuelo en todas sus aflicciones a aquellos que se apoyen en mí, encontramos este consuelo, este alivio, este descanso; si nos apoyamos en el corazón de Cristo. En una cuarta promesa señala, seré refugio seguro en la vida, pero especialmente en la muerte, en ese tránsito definitivo donde nos encontramos con Dios, pedimos la especial asistencia del amor divino. En una quinta promesa, bendeciré abundantemente sus obras si son para mayor gloria de Dios: tu empleo, tu trabajo, tus carismas, tus proyectos de vida, tus proyectos personales serán bendecidos si te encomiendas al Corazón de Jesús y ellos buscan la mayor gloria de Dios y el bien de las almas. En una sexta promesa señalará la mística que recibe el mensaje de Jesús, los pecadores hallarán en mi Corazón un océano infinito de misericordia, no te preocupes de tus pecados y de cuán graves hayan sido; la misericordia infinita de Dios es más grande que el más grande de tus pecados. En una séptima promesa, señalará Jesús a santa Margarita, las almas tibias se harán fervorosas; y en una octava promesa, las almas fervorosas alcanzarán rápidamente un estado alto de perfección. Qué bonitas esta séptima y octava promesas, la tibieza será rota con el fuego del amor de Dios, y el fervor será todavía más elevado si nos encomendamos al Corazón de Cristo. En una novena promesa dirigida especialmente a nosotros los sacerdotes señalará, que nos dará la gracia de mover a los pecadores más endurecidos, por nuestra predicación, por nuestro testimonio de vida. En una décima promesa, se señala que serán bendecidas las casas cuya imagen esté expuesta y sea honrada la imagen del Corazón de Cristo. Qué bueno que no descuelgues el cuadro que siempre ha estado colocado en la sala principal de tu casa. En una décima primera promesa, señalará Jesús que quienes propaguen la devoción a su corazón tendrán su nombre escrito para siempre en la eternidad, en su propio Corazón. Y en una décima segunda y última promesa, señala que en la excesiva misericordia de su Corazón, todos los que comulguen los nueve primeros viernes de cada mes, la gracia de la penitencia final no les faltará, y será precisamente el Corazón de Cristo seguro asilo en la hora postrera de la muerte. Hoy Señor te damos gracias por esta solemnidad inmensa, por los proyectos de tu corazón que realizas de edad en edad, porque tu amor es incondicional, es infinito, es inquebrantable. Hoy, confiadamente renovamos nuestra devoción a Ti y te decimos: ¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío por siempre, Amén! Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Así sea.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 11, 25-30 Lectura del día de hoy Deuteronomio 7,6-11: En aquellos días, Moisés habló al pueblo, diciendo: -«Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser voso­tros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor vuestro, por mantener el juramento que ha­bía hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones. Pero paga en su persona a quien lo aborrece, acabando con él. No se hace esperar, paga a quien lo aborrece, en su persona. Pon por obra estos preceptos y los mandatos y decretos que te man­do hoy.» Salmo del día de hoy Salmo 103/ 102, 1-2.3-4.6-7.8.10: La misericordia del Señor dura siempre, para los que cumplen sus mandatos. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos; enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. No nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. Evangelio del día de hoy Lectura del Evangelio según San Mateo 11, 25-30: En aquel tiempo, exclamó Jesús: -«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.» Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectAflicciones
dc.subjectConsuelo
dc.subjectEstado de vida
dc.subjectGracias necesarias
dc.subjectMargarita María Alacoque
dc.subjectPaz a las familias
dc.subjectPromesas
dc.subjectSagrado Corazón
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Sagrado Corazón de Jesús!
dc.title.alternativeVengan a mi todos los que están fatigados y agobiados

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