¡Muchos llamados, pocos elegidos!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Mateo 22, 1-14
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: del Libro de los Jueces 11, 29-39a:
En aquellos días, el Espíritu del Señor vino sobre Jefté. Jefté atravesó Galaad y Manasés, pasó a Atalaya de Galaad, de allí marchó contra los amonitas, e hizo un voto al Señor:
-Si entregas a los amonitas en mi poder, el primero que salga a recibirme a la puerta de mi casa cuando vuelva victorioso de la campaña contra los amonitas, será para el Señor, y lo ofreceré en holocausto.
Luego marchó a la guerra contra los amonitas. El Señor se los entregó: los derrotó desde Arcer hasta la entrada de Minit, veinte pueblos y hasta Prado-viñas. Fue una gran derrota, y los amonitas quedaron sujetos a Israel.
Jefté volvió a su casa de Atalaya. Y fue precisamente su hija quien salió a recibirlo, con panderos y danzas; su hija única, pues Jefté no tenía más hijos o hijas.
En cuanto la vio se rasgó la túnica, gritando: – ¡Ay, hija mía, ¡qué desdichado soy! Tú eres mi desdicha, porque hice una promesa al Señor y no puedo volverme atrás.
Ella le dijo: -Padre, si hiciste una promesa al Señor, cumple lo que prometiste, ya que el Señor te ha permitido vengarte de tus enemigos.
Y le pidió a su padre: -Dame este permiso: déjame andar dos meses por los montes, llorando con mis amigas, porque quedaré virgen.
Su padre le dijo: -Vete.
Y la dejó marchar dos meses, y anduvo con sus amigas por los montes, llorando porque iba a quedar virgen.
Acabado el plazo de los dos meses, volvió a casa, y su padre cumplió con ella el voto que había hecho.
Palabra de Dios, Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 40, 5.7-8a.8b-9.10:
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y no acude a los idólatras
que se extravían con engaños.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y en cambio me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio
entonces yo digo: «Aquí estoy.»
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
-Como está escrito en mi libro-
«para hacer tu voluntad».
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 22, 1-14:
En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, diciendo:
“El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran: -tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda.
Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados:
-La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: -Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?
El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: -Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡Muchos llamados, pocos elegidos!
La primera lectura tomada del Libro de los Jueces en el capítulo 11, es un impresionante texto que nos muestra “el voto religioso que Jefté presentó a Dios si lograba derrotar a sus enemigos amonitas, ofrecerle en sacrificio ritual en holocausto al primero de sus familiares que saliera de casa cuando él regresara después de su campaña victoriosa”.
Nunca imaginó Jefté que después de derrotar a los amonitas, saldría al encuentro con danzas y alegría su hija, su única hija, (según nos señala el Libro de los Jueces). Y él, al ver que había hecho el voto religioso de ofrendar el ser querido que saliera al encuentro, después de vencer a los amonitas, se rasga las vestiduras (en un gesto típicamente judío y penitencial) y exclama ¡Ay, hija mía, me has destrozado por completo y has causado mi ruina! “He hecho una promesa al Señor Dios y no puedo volverme atrás”.
Encontramos la angustia desgarradora del padre Jefté, convencido de la obligación de cumplir el juramento y la aceptación sumisa del destino por parte de su hija, que simplemente pide una tregua de un par de meses para llorar su virginidad (no haber conocido varón alguno, el sueño de toda adolescente, tener su compañero) y, efectivamente, aprestarse para el cumplimiento del voto que su padre había ofrecido a Dios.
No avanza más el texto sobre esto. Pero en el fondo, este voto objetivamente malo, ofrendar en sacrificio ritual a un ser querido, tal vez se da por una conciencia errónea, equívoca de Jefté, y en el fondo, simplemente nos quiere mostrar más allá de esta ofrenda ritual, que cada ser humano cuando haga una promesa formal a Dios, debe de cumplirla, debe de obedecerla lógicamente, apoyado en la gracia de Dios. No resaltará el sacrificio ritual humano, ni mucho menos, sino que se busca destacar sobre todo la ofrenda a Dios, la promesa a Dios debe de cumplirse, debe de guardarse.
Pero pasemos al evangelio que nos habla en parábolas de “cómo el Reino de los cielos se parece a un rey, imagen de Dios que celebra una boda, la de su hijo, e invita a todos los criados para que llamen a los invitados. Pero uno y otro sucesivamente se fueron excusando, entretenidos y dispersos y distraídos en los asuntos del mundo. Pero el rey, repito imagen de Dios mismo, no se desanima y hace que se envíen nuevas invitaciones a los cruces de los caminos, a invitar a todas las personas para que se reúnan en la sala del banquete de bodas y se llene de comensales”.
De esta parábola evangélica, ¿qué enseñanzas podemos sacar? Entendemos una afirmación central: “Muchos son los llamados por Dios, pero pocos los escogidos que realmente responden”.
Hoy aprendamos grandes sabidurías para nuestra vida.
La primera, el Reino de Dios, es un don gratuito del Padre de los cielos y no es por mérito de nuestra parte. Siempre la iniciativa es de Dios, Él no se cansa de buscar al hombre y se nos da como alimento de vida en la imagen del banquete eterno, en la parábola banquete de bodas de su Hijo. En un banquete normalmente hay música, sobreabundancia de alimentos, diversión, alegría, compartir fraterno. Esta es la expresión bella de cómo es el reinar de Dios y cómo la vida es una fiesta cuando la vivimos con Él.
Pero encontramos también esta primera enseñanza, de que el Reino de Dios es un don gratuito. Encontramos que este banquete está prefigurado en nuestra Eucaristía de cada día, donde en alegría, en fraternidad con el Pan sobreabundante de la vida, el Pan Eucarístico, estamos de alguna manera anticipando el banquete del Reino de los cielos.
Pero hay una segunda enseñanza para nuestra vida, y es que este Reino, este banquete, es para todos. Dios en su bondad, nos invita a todos con las mejores comidas, terneros, reses gordas, con vinos enjundiosos, manjares de solera, vinos de solera, nos invita a la mejor de las comidas y es para todos. Y Dios tiene perseverancia en el envío de criados y una y otra vez, aunque los invitados, nosotros ocupados en los asuntos del mundo, que pensamos que son más importantes que los asuntos de Dios, despreciemos, ignoremos, nos neguemos a la invitación, al banquete de la vida.
El Señor nos convoca en episodios continuos, a través de personas, a través de circunstancias, unas alegres, otras dolorosas, permanentemente el Señor nos está convocando a este banquete de la vida. Dios no se cansa de invitar al hombre a la conversión, a la renovación de su corazón, a volver su alma a Cristo. De hecho, dirá a sus criados: “Vayan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que puedan buenos y malos, hasta que se llene el salón del banquete de bodas”.
Pero además de la primera enseñanza de que el Reino de Dios es un regalo gratuito del Padre para todos, sin mérito de nuestra parte. Y una segunda enseñanza de que el Reino es un banquete donde somos invitados todos a la conversión y Dios no se cansa de hacerlo. Hay una tercera enseñanza y es el rechazo y el desprecio de los hombres frente a Dios.
Es que estamos tan ocupados en nuestros negocios, en la administración de nuestros bienes, posesiones y tierras. Somos tan prepotentes pensando que con algunos tesoros materiales hemos alcanzado la plenitud de la vida, que inclusive maltratamos, ignoramos y despreciamos a los enviados del Rey, a los enviados de Dios, sacerdotes, laicos, evangelizadores, personas que nos exhortan a renovar la vida y les decimos con desprecio: eres fanática, eres una persona muy mística, eres una persona muy fundamentalista, deja tu intensidad, respeta mi independencia, no te metas en mi vida. No quiero seguir oyendo tus discursos religiosos. ¡Que misterio!, pero es así, ocupados en el mundo, maltratadores de los que el Dios Rey, el Rey Dios envía.
Finalmente hay una situación curiosa. Hay unos colados en el banquete del Reino, en la sala de comidas que no tienen el traje adecuado. En el fondo, no tienen la fe, la gracia, la justicia de Dios. Por eso no son dignos del banquete de bodas y son sacados del salón de fiestas.
Concluyamos a partir de esta parábola inmensa que nos presenta la lectura del evangelio de Mateo 22 en el día de hoy. Concluyamos uno, Dios no excluye a nadie del Reino, es el mismo ser humano, el hombre y la mujer quien se autoexcluye en su libertad, bien o mal usada, que genera consecuencias definitivas para su vida.
En una segunda conclusión digamos, que la paciencia de Dios con el hombre es infinita, no para de buscarlo, no deja de tener buena voluntad, no quiere que cierre su corazón.
En una tercera conclusiones y final, reconoce y reconozcamos que nuestras decisiones acertadas o equivocadas del pasado han marcado para bien o para mal mi vida en el presente. Y reconozcamos que mis decisiones de hoy en el presente, acertadas o equivocadas, marcarán mi futuro para bien o para mal.
Seguramente que no estamos en el final de los tiempos, más allá de los signos de terremotos, más allá de inundaciones, guerras, confrontaciones sociales y políticas. Pero sí, estamos en un tiempo donde el Señor nos invita a vigilar más sobre nuestra vida, a atender más sus llamados y a despreciar menos sus invitaciones amorosas a la conversión, al banquete de bodas, a la fiesta de la vida plena con Él, con Dios.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.