¡Eres semilla buena, llamado a dar fruto!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2024-04-23T18:56:09Z | |
| dc.date.available | 2024-04-23T18:56:09Z | |
| dc.date.issued | 2023-07-16 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Con inmenso cariño celebramos hoy, en la piedad popular, a Nuestra Señora, la Virgen del Carmen, Nuestra Señora la Virgen de Monte Carmelo. Nos acogemos a su protección maternal y le pedimos a Ella nuestra Madre, que interceda, para que nos ayude a conducir bien nuestra vida y a sacar adelante el proyecto que Dios desde siempre ha colocado en nuestro corazón. Pero hablemos de la parábola que hoy nos presenta el evangelio, una de las más impresionantes que encontramos a lo largo de toda la Sagrada Escritura, nos deja tres enseñanzas monumentales para la vida. La primera, todos estamos llamados a ser sembradores. Tu vida y la mía es sembrar, semillas de paz, de amor, de justicia, de perdón, de servicio, entre todas las personas con las que nos topamos. La parábola nos muestra el sembrador que, al voleo, hecha semilla a diestra y siniestra, una alcanza adherencia en el suelo y germina, otra se pierde por múltiples motivos; pero tu tarea fundamental en la vida y la mía, es sembrar el amor, sembrar a Cristo en los corazones de todas las personas, a tiempo y a destiempo, oportuna e inoportunamente. Hay una segunda enseñanza, que nos presenta hoy la parábola evangélica del sembrador, y es que es el corazón humano a manera de terreno o de sementera, quien tiene que disponerse para acoger fecundamente esa semilla de la Palabra de Dios. Tres obstáculos a partir de tres imágenes nos presentan, como la semilla se puede malograr cuando cae al borde del camino y es un poco la imagen de la superficialidad de la vida. Cuando la palabra de Dios no la acogemos profundamente, y con sentido trascendente, escuchamos, pero no interiorizamos en el corazón; y nuestro mundo del ruido, de los afanes, de la prisa, de los televisores, los celulares, los iPod, de ruido; para nada favorece la profundidad en el corazón humano. Pero hay un segundo desafío para que la semilla de la Palabra de Dios entre en el corazón, y es que no podemos ser inconstantes. La imagen se presenta a partir del terreno pedregoso, cuando la semilla quiere entrar en la profundidad del hombre, pero a veces las primeras dificultades de la vida, los primeros problemas, nos hacen inconstantes, nos desaniman, y el Señor nos invita hoy, a que esas piedras que de alguna manera se han formado en la cementera o en el terreno del corazón humano, no nos hagan inconstantes para acoger y sobre todo, perseverar en la vivencia de la Palabra del Señor. Habrá un tercer momento o inconveniente, donde la Palabra de Dios tiene dificultad para germinar, y es precisamente las seducciones del mundo, el afán de la riqueza, los placeres terrenales, vivir de la vanidad de la que el mundo sabe hablar muy bien. Es el terreno entre zarzas, entre malezas, cuando la semilla quiere crecer, la semilla de la verdad; pero la apariencia, el engaño, la fascinación por los bienes terrenales, ahogan esa semilla y no la dejan germinar. Tres dificultades para que Dios, y la semilla de su Palabra germine en nuestro corazón: una vida superficial, una vida en inconstancia ante las primeras dificultades y una vida seducida por la mundanidad, sus riquezas, sus placeres. Pero a renglón seguido encontramos una tercera enseñanza, quizás la más monumental de todas, y es, que, a pesar de la pequeñez de la semilla de Dios en su Palabra, esta semilla es poderosa, tremendamente poderosa, inmensamente fuerte. Los mejores terrenos en Israel podían producir entre siete y diez veces la semilla sembrada, pero hoy la parábola nos presenta de una manera desproporcionada el fruto que puede generar, que puede producir en nuestro corazón, la Palabra de Dios cuando somos terreno abonado, tierra fértil y fecunda, oxigenada, desmalezada, que no se deje endurecer, de alguna manera por fascinaciones o inconvenientes en la vida. Y nos habla de que esta semilla puede producir, 30 veces más lo sembrado, 60 veces más lo sembrado, o una suma fabulosa e inimaginable, 100 veces más lo sembrado (el céntuplo). Así es Dios, así es el misterio de la vida, así descubrimos nosotros que es el poder de la Palabra de Dios, y estás llamado acogerla y vivirla en tu corazón. Siempre cuando medito esta parábola, pienso en dos mujeres que, por años, hermanas de sangre entre ellas participaban de la Eucaristía, y como una avanzó vertiginosamente en santidad, creció humana y espiritualmente, una mujer realizada, volcada su vida como servicio a los demás; y la otra que por años la acompañó a la Eucaristía y escuchó la misma palabra evangélica y la misma predicación, es un poco más huraña, más amargada, más volcada sobre sí misma. Me pregunto yo, por qué si ambas hermanas de sangre escucharon la misma palabra y la misma Eucaristía muchos años, ¿por qué una creció tanto y la otra no, si la semilla es la misma?; y la respuesta que me doy es una, la semilla fue la misma, la semilla de Dios, pero su corazón tenía distinta disposición, la primera era un corazón fecundo, abierto, para que la vida nueva de Dios germinara en ella; la segunda fue un terreno estéril, su corazón estaba seco y no permitió, que la semilla de la vida de Dios naciera en su ser. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 13, 1-23 Primera lectura del día de hoy Lectura del libro de Isaías 55, 10-11: Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mí voluntad y cumplirá mi encargo.» Salmo 64, 10.11.12-13.14: La semilla cayó en tierra buena, y dio fruto. Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida; la acequia de Dios va llena de agua, preparas los trigales. Riegas los surcos, igualas los terrones, tu llovizna los deja mullidos, bendices sus brotes. Coronas el año con tus bienes, tus carriles rezuman abundancia; rezuman los pastos del páramo, y las colinas se orlan de alegría. Las praderas se cubren de rebaños, y los valles se visten de mieses, que aclaman y cantan. Segunda lectura del día de hoy Lectura de la carta a los Romanos 8,18-23: Hermanos: Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo. Evangelio del día de hoy Lectura del Evangelio de san Mateo 13, 1-23: Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta ente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: -«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.» Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: -«¿Por qué les hablas en parábolas?» El les contestó: -«A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: «Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure.» ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.» Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Dificultades | |
| dc.subject | Frutos | |
| dc.subject | Germinar | |
| dc.subject | Inconstancia | |
| dc.subject | Mundanidad | |
| dc.subject | Placeres | |
| dc.subject | Riquezas | |
| dc.subject | Semilla | |
| dc.subject | Vida superficial | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Eres semilla buena, llamado a dar fruto! | |
| dc.title.alternative | Parábola del Sembrador |
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