¡La viuda!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-11-10T19:52:27Z
dc.date.available2024-11-10T19:52:27Z
dc.date.issued2024-11-10
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada del Libro de los Reyes, nos muestra un precioso pasaje en la vida del profeta Elías cuando con una mujer viuda de Sarepta en territorio pagano, se acerca a ella y le pide agua para beber, también le pide un trozo de pan para comer. La mujer pobre le responderá: “Viva el Señor tu Dios, no me queda pan cocido, sólo un puñado de harina y un poco de aceite”. Sin embargo, Elías le dirá: “Que le dé de comer al profeta de Dios y que le hace una promesa, nunca le faltará el pan y el aceite en su mesa”. La mujer cree en la palabra del profeta de Dios, Elías, le da de comer y a ella, según nos dice la lectura del libro de los Reyes, “Nunca le faltó la harina necesaria y el aceite para comer ella y su hijo”. Hoy aprendamos que hay que creer en las promesas de Dios cuando somos generosos con el Señor. Y este pasaje del primer libro de los Reyes, nos prepara para entender claramente el evangelio de Marcos cuando Jesús nos invita: “A cuidarnos de ciertas actitudes hipócritas como la de los fariseos y los escribas, que les encanta vanidosamente presumir con amplios ropajes y que les hagan reverencias en las plazas públicas cuando la gente los encuentra. Les encanta también los asientos de honor o primeros puestos en las sinagogas y en los banquetes, y además devoran, roban los bienes de las viudas bajo el pretexto de que están orando a Dios por ellas”. La advertencia y la sentencia de Jesús no puede ser más fuerte, hablando de escribas y fariseos dirá: “Estos recibirán una condena más rigurosa que la de otros hombres”. Y luego Jesús, sentado enfrente de la alcancía o del tesoro del templo, observaba la gente que echaba ofrenda para el culto y ve como una mujer viuda y pobre echa dos sencillas moneditas, unos pocos centavos, y Jesús, impactado por esta imagen, llama a sus discípulos y les dice: “Les aseguro que esta mujer viuda y pobre, ha echado en el arca o alcancía de las ofrendas o del tesoro del templo más que nadie, porque mientras los demás daban de lo que les sobra (y se refería a los fariseos, escribas y otros importantes), esta mujer ha dado de lo que necesita para vivir, sin esto va a pasar necesidad”. Este pasaje evangélico nos presenta dos actitudes del corazón frente al deber religioso de dar tributo en el arca del templo, la de hombres acaudalados y la de una mujer viuda y pobre. Saquemos cuatro enseñanzas para nuestra vida. La primera, la mirada profunda de Jesús tan distinta de la mirada superficial de los hombres. Es que mientras los hombres nos quedamos en la apariencia y en la cantidad de la donación, Jesús mira lo profundo del corazón y la calidad de la entrega. Mientras los hombres damos con ostentación, la mujer viuda da con sencillez y discreción. Mientras algunos dan abundantemente desde la escasez (es el caso de la mujer viuda), otros dan escasamente desde la abundancia de su patrimonio (habla de los escribas y los ricos e importantes de la época) que dan de lo que les sobra, no de lo que les hace falta para vivir. Aprendamos a tener esa mirada profunda de Jesús y detengámonos en esa frase: “La viuda pobre dio abundantemente desde su escasez, y a veces los hombres damos a Dios escasamente desde nuestra abundancia”. Pero hay una segunda enseñanza y es la oposición que pone Jesús entre los letrados y las viudas, y estas son condiciones humanas de todos los tiempos. Los letrados son vanidosos, ostentan ante los demás ropajes hermosos, reclaman asientos de honor en las sinagogas, primeros puestos en las comidas y banquetes y reverencias del prójimo en las plazas públicas. Por el contrario, la mujer viuda y pobre, sin ostentación, con discreción y como dirá Jesús: “Que tu mano derecha no se entere de la caridad que hace tu mano izquierda”, la mujer da abundantemente en su escasez, porque sabe que lo da a Dios que le retribuirá y nunca le faltará porque Dios no se deja ganar en generosidad cuando somos generosos con Él. Pero en esta oposición entre letrados y la viuda, encontramos también una segunda invectiva o reclamo por demás muy ácido de Jesús: “Mientras los letrados devoran, se toman, reclaman, piden los bienes de las viudas con el pretexto de que con ellos están pagando largos rezos y oraciones supuestamente ante Dios por esas viudas, la mujer sencilla y pobre da con limpieza de corazón, con generosidad de alma”. Es una total oposición entre la rectitud de corazón, la honestidad de la viuda pobre y la deshonestidad, la trampa y la simulación de los escribas que fungían como hombres puros y religiosos. La historia a partir del paso de los años, no ha cambiado demasiado. En una tercera enseñanza, descubrimos la libertad frente a las posesiones materiales y el dinero. Nunca olvidemos la gran regla evangélica: “No valemos por nuestro dinero, no valemos por la escritura pública de nuestra casa, la matrícula de nuestro carro, la cuenta de ahorros en dólares o en la moneda nacional del país donde vivimos; no valemos por lo que tenemos, sino que valemos por lo que somos y somos solamente ante Dios”. En una sociedad donde la vida se nos volvió tener dinero, buscar prestigio, hacer empresa, entender la vida como un disfrute pasajero y siempre egoísta, al final descubrimos que no tenemos cosas, sino que las cosas nos tienen a nosotros, que no tenemos dinero, sino que el dinero nos tiene atrapados a nosotros, porque a lo largo de las horas de tu vida piensas en hacer dinero, cuidar el dinero, invertir el dinero, atesorar el dinero y al final te haces esclavo del dinero, olvidando que fácilmente se puede perder y que en todas las situaciones no es capaz de comprar lo más importante en tu vida, la salvación eterna del alma. Hoy reconozcamos, que en una sociedad como la nuestra que es marcadamente superficial, viviendo de la farándula, la apariencia, de ser fafarachosos, de impresionar en redes sociales y buscar suscriptores, like o me gusta, Jesús nos invita a cultivar no el tener exterior o la imagen externa, sino a cultivar y a cuidar el ser interior que es lo que en definitiva miró Jesús en la mujer viuda y mira el Padre de los cielos en cada uno de nosotros. Concluyamos con una cuarta enseñanza reconociendo, que la verdadera generosidad, la auténtica solidaridad implica no dar de lo que me sobra, sino de lo que aún creo necesitar. Es que a veces nos tranquiliza la conciencia dando algunas limosnas, pero se nos olvida que más importante que la limosna para tranquilizar mi conciencia y hacerme sentir un poco una persona buena, necesito dar de mi tiempo antes que, de mi dinero, dar de mí mismo, de mis talentos antes que dar cosas, compartir la vida, compartir la sabiduría que Dios ha colocado en mi existencia. Antes que compartir los bienes exteriores, es más importante pagar un sueldo justo a un trabajador que dar una limosna en el templo para tranquilizar mi conciencia y sentirme bueno. Señor, gracias por esta imagen de la viuda pobre, ¡cuántas enseñanzas para nuestra vida! Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 12, 38-44 Lecturas del día de Hoy: Primera lectura: 1Ry 17, 10-16 En aquel tiempo, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta. Al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí a una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: “Tráeme, por favor, un poco de agua para beber”. Cuando ella se alejaba, el profeta le gritó: “Por favor, tráeme también un poco de pan”. Ella le respondió: “Te juro por el Señor, tu Dios, que no me queda ni un pedazo de pan; tan sólo me queda un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la vasija. Ya ves que estaba recogiendo unos cuantos leños. Voy a preparar un pan para mí y para mi hijo. Nos lo comeremos y luego moriremos”. Elías le dijo: “No temas. Anda y prepáralo como has dicho; pero primero haz un panecillo para mí y tráemelo. Después lo harás para ti y para tu hijo, porque así dice el Señor de Israel: ‘La tinaja de harina no se vaciará, la vasija de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra’ ”. Entonces ella se fue, hizo lo que el profeta le había dicho y comieron él, ella y el niño. Y tal como había dicho el Señor por medio de Elías, a partir de ese momento, ni la tinaja de harina se vació, ni la vasija de aceite se agotó. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo del día de hoy: Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10 El Señor siempre es fiel a su palabra. El Señor siempre es fiel a su palabra, y es quien hace justicia al oprimido; él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo. R. El Señor siempre es fiel a su palabra. Abre el Señor los ojos de los ciegos y alivia al agobiado. Ama el Señor al hombre justo y toma al forastero a su cuidado. R. El Señor siempre es fiel a su palabra. A la viuda y al huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo. Reina el Señor eternamente, reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos. R. El Señor siempre es fiel a su palabra. Segunda lectura del día de hoy: Hb 9, 24-28 Hermanos: Cristo no entró en el santuario de la antigua alianza, construido por mano de hombres y que sólo era figura del verdadero, sino en el cielo mismo, para estar ahora en la presencia de Dios, intercediendo por nosotros. En la antigua alianza, el sumo sacerdote entraba cada año en el santuario para ofrecer una sangre que no era la suya; pero Cristo no tuvo que ofrecerse una y otra vez a sí mismo en sacrificio, porque en tal caso habría tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo. De hecho, él se manifestó una sola vez, en el momento culminante de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Y así como está determinado que los hombres mueran una sola vez y que después de la muerte venga el juicio, así también Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos. Al final se manifestará por segunda vez, pero ya no para quitar el pecado, sino para salvación de aquellos que lo aguardan y en él tienen puesta su esperanza. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio lectura del día de hoy Mc 12, 38-44 En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: “¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso”. En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza ha echado todo lo que tenía para vivir”. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectApariencias
dc.subjectEntrega a los demás
dc.subjectMirada de Dios
dc.subjectMirar el corazón humano
dc.subjectNo vales por lo que tienes
dc.subjectObras agradables a Dios
dc.subjectServicio
dc.subjectSan Marcos
dc.subjectValer delante de Dios
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡La viuda!
dc.title.alternative¿Cómo nos mira Dios?

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