¿Me amas más que estos?
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-06-19T22:54:20Z | |
| dc.date.available | 2025-06-19T22:54:20Z | |
| dc.date.issued | 2025-06-06 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura de Hechos de los Apóstoles nos presenta cómo va evolucionando el juicio del apóstol Pablo, quien es presentado por Festo ante el rey y expone su caso cuando dice: “Que algunos judíos buscan acusar a este hombre, pero a la hora de presentar argumentos en atención a un debido proceso y a una correcta defensa, realmente no tienen motivos para acusarlo”. Y simplemente, de manera genérica, Festo comentará: “Que los acusadores hablan de Pablo, pero él es simplemente un hombre que tiene problemas con su propia religión y que habla de un tal Jesús ya muerto, que Pablo sostiene que está vivo”. He aquí el quid, he aquí la esencia de todo el mensaje evangélico, para el mundo pagano, para los no creyentes, para los hombres secularizados del siglo XXI, Jesús es simplemente una idea, un concepto, un muerto que existió hace dos mil años y que dejó un mensaje bello, pero que aparentemente ya pasó. Para un cristiano, por el contrario, para un verdadero creyente, Jesús, si bien murió en la cruz, resucitó y sigue vivo de otra manera en el corazón y en la vida espiritual de miles de millones de hombres que sienten la paz de Jesús, el amor de Jesús, la sabiduría de Jesús, la fuerza de Jesús, la esperanza de Jesús, la vida nueva que sólo da Jesús. Por eso lo que comenta Festo no es solo una experiencia del apóstol Pablo, sino que es la eterna experiencia a lo largo de más de 20 siglos de millones de hombres y mujeres que sentimos en el corazón que nuestra vida ha cambiado, que nuestros valores han sido modificados, que nuestras decisiones han sido transformadas porque hemos conocido el amor más alto, el de Jesús, que lejos de ser un muerto del siglo primero, sigue vivo, sigue muy vivo en nuestra vida, en nuestros corazones. Pero avancemos en nuestra reflexión y miremos el precioso texto de san Juan en el capítulo 21, cuando Jesús, habiéndose aparecido a sus discípulos después de comer con ellos (estamos hablando de Jesús glorificado, de Jesús Resucitado), se presenta y se dirige, le habla de manera personal al apóstol Pedro, le pide un amor cualificado antes de constituirlo la roca, el basamento, el primer Papa de la Iglesia, más allá de su triple negación cobardemente durante su captura y Pasión. Ahora Jesús glorificado le pide la triple afirmación de su amor y le dirá de manera tajante: “Pedro, ¿me amas más que estos?” Repetimos, no le pide un amor más, le pide un amor superior, le pide un amor más alto, le pide un amor más grande, le pide un amor cualificado. Estamos llamados como Pedro, a amar a Jesús más que al resto de los hombres, si en verdad nos sentimos elegidos amorosamente por Él. Esta afirmación es impresionante y nos pone a cada uno a pensar. Pero luego, en una segunda imagen que encontramos en este evangelio, Jesús entiende que el verdadero amor no se da con palabras, cuando el apóstol Pedro le dice: “Tú sabes que te quiero, tú sabes que te amo”. No, Jesús entiende que el verdadero amor se da con obras y le pide pastorear los corderos más tiernos, las ovejas más adultas, en definitiva a los más débiles y a los más fuertes, pastorear a todo el rebaño, pastorear en la iglesia, podríamos decir pastorear las almas. En otras palabras, Jesús no entiende nuestro amor simplemente porque lo digamos de palabra; lo entiende si con comportamientos, con conductas concretas servimos a las almas, apoyamos a los demás, gastamos la vida por ellos. Por eso Pedro se ve confrontado y sabe que no se puede quedar solamente en el discurso de las palabras, sino que hablando de corazón a corazón, le dice a Jesús: “Tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”. Pero eso no le impedirá a Jesús que por tercera vez, por tercera vez, le diga al apóstol Pedro: “Pastorea, apacienta mi rebaño, mis almas”, como fue su primer llamado, cuando le dice: “De ahora en adelante no serás pescador de peces, sino pescador de hombres, pescador de almas”. Terminará el evangelio de hoy, mostrando cómo toda alma amante de Jesús tiene que pasar por el proceso del desasimiento, el anonadamiento, el abajamiento, el despojarse de las seguridades que tiene de sí mismo. Y por eso Jesús le advierte a Pedro: “Ahora que eres joven, estás lleno de ti mismo, pero cuando seas viejo (y podríamos agregar cuando madures en la fe), entenderás que otro te vestirá, otro te ceñirá y te llevarán a donde no quieras ir”. Y señalará el evangelista san Juan: “Que Jesús hablaba aludiendo a la muerte con que Pedro que moriría crucificado iba a dar gloria a Dios”. Termina el evangelio con una sencilla pero contundente expresión: “Sígueme, sígueme”. Hoy no nos habla Jesús o no le habla Jesús a Pedro como hace dos mil años, sino que nos habla a ti y a mí. Nos invita a amarlo más que otras personas si en verdad somos cristianos, a amarlo con obras sirviendo a las almas, cuidando el rebaño de la Iglesia y entendiendo que tenemos que desnudarnos de nuestras seguridades personales, de nuestros orgullos, del creernos todopoderosos y saber que la vida y las circunstancias de la vida en un auténtico seguimiento de Jesús, nos lleva a que otros nos vestirán, otros nos llevarán probablemente a donde no queramos ir. No temamos, no nos acobardemos, el abajamiento, el anonadamiento personal es camino seguro de encuentro con Cristo, es camino seguro de santificación personal, es camino seguro de cielo. Que el Señor, que es rico en misericordia bendiga tu vida en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Juan 21, 1a. 15-19 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de los Hechos de los Apóstoles 25, 13b-21 En aquellos días, el rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea para cumplimentar a Festo. Como se quedaron allí bastantes días, Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: «Tengo aquí un hombre a quien Félix ha dejado preso y contra el cual, cuando fui a Jerusalén, presentaron acusación los sumos sacerdotes y los ancianos judíos, pidiendo su condena. Les respondí que no es costumbre romana entregar a un hombre arbitrariamente; primero, el acusado tiene que carearse con sus acusadores, para que tenga ocasión de defenderse de la acusación. Vinieron conmigo, y yo, sin dar largas al asunto, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer a este hombre. Pero, cuando los acusadores comparecieron, no presentaron ninguna acusación de las maldades que yo suponía; se trataba sólo de ciertas discusiones acerca de su propia religión y de un tal Jesús, ya muerto, que Pablo sostiene que está vivo. Yo, perdido en semejante discusión, le pregunté si quería ir a Jerusalén a que lo juzgase allí de esto. Pero, como Pablo ha apelado, pidiendo que lo deje en la cárcel para que decida el Augusto, he dado orden de que se le custodie hasta que pueda remitirlo al César». Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 103(102), 1bc-2. 11-12. 19-20ab El Señor puso en el cielo su trono. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser su santo Nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. El Señor puso en el cielo su trono. Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre los que le temen; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. El Señor puso en el cielo su trono. El Señor puso en el cielo su trono, su soberanía gobierna el universo. Bendigan al Señor, ángeles suyos, poderosos ejecutores de sus órdenes. El Señor puso en el cielo su trono. Evangelio de Hoy Lectura del Santo Evangelio según San Juan 21, 1a. 15-19 Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer, le dice a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis corderos». Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Él le dice: «Pastorea mis ovejas». Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras». Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme». Palabra del Seño». Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Amor a Dios | |
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| dc.subject | Amor a los demás | |
| dc.subject | Amor verdadero | |
| dc.subject | Encuentro con Cristo | |
| dc.subject | Humildad | |
| dc.subject | Obras | |
| dc.subject | San Juan | |
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| dc.title.alternative | Amor a Jesús |
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